”teologia_del_cuerpo”
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Navegando por Internet me he encontrado con una publicación de Miguel Herrán, más conocido como «Río», actor de la famosa serie española «La casa de papel». Pero no cualquier publicación, esta es una en la que se le ve llorando. En su comentario afirma no saber qué le ocurre, menciona:

«Podría subir mil fotos chulísimas que he ido recopilando para alimentar esta máquina de mentir que es Instagram. Podría inflar mi ego y llenar mi vacío con likes… pero hoy no. Hoy decido regalaron una parte sincera de mi… no voy a entrar en detalle de qué es lo que me pasa, porque ni yo mismo lo sé. Pero esto de aquí soy yo. Sin filtros, sin edulcorante y sin mentiras».

Después de ver esto, me he puesto a reflexionar y hay algunas cosas que me llaman la atención de manera apremiante:

¿Eres el mismo en redes sociales y fuera de ellas?

Creería necesario hacernos esta pregunta, porque cada día tenemos menos espacios sin el influjo de las redes sociales. Hoy no se hace necesario tener el celular en la mano para estar al tanto de ese mundo virtual compuesto de múltiples binarios que nos alejan de un mundo real y palpable, con solo ver tu smartwash ya te enteras de lo último, de lo «importante». Pero ¿qué tan cierto se hace lo que ocurre en ese mundo?

Hablamos automáticamente de dos realidades, la virtual y la real, nuestro inconsistente ya nos está diciendo que no es lo mismo… algo así como los dos mundos de Platón, pero siendo así se nos genera otra duda: ¿cuál es el mundo de las ideas y cuál el de las copias?

Por tanto, surge la necesidad de responder conscientemente, ¿yo soy el mismo en redes y fuera de ellas?, ¿vivo una vida virtual y otra real? Me atrevo a decir que algunas veces hasta disfrutamos más esa vida virtual que hemos ido creando con un cúmulo de avatares y caracteres, que la vida que hemos construido con experiencias y aprendizajes.

Las redes pueden atrapar tu ego

Una de las principales causas de que hoy se viva una creciente virtualización de la vida es la necesidad de sentirte aceptado. Queremos sentirnos apreciados y valorados, en otras palabras, ser «populares», lo que se manifiesta en ese constante deseo de obtener likes y  comentarios con ahalagos. Todo con el ánimo de enaltecer el ego e intentar llenar de alguna manera el propio vació y sin sentido de la vida.

No podemos negarlo, a todos los que frecuentamos las redes sociales, un like o una alta tendencia en alguna de nuestras publicaciones, nos han hecho sentir importantes y hasta famosos. Y es que la virtualidad es tan maleable que un día puedes ser un poeta y al otro ser un crítico de cine, un fotógrafo o un modelo, un viajero o un absoluto sedentario…  pareciera que todos los imposibles se hicieran posibles con solo manipular unos cuantos bits de información, con encontrar un buen ángulo y un buen filtro.

¿Quién eres tú sin filtros?

Hay una enorme tendencia al uso de filtros. Aquellos que mejoran una foto cualquiera haciéndola ver como de un experto profesional, que hacen que quien fue fotografiado aparente una belleza simétrica. Pero ¿qué queda cuando no hay un solo filtro?, ¿te has puesto a pensar en quién eres tú en realidad?

¿Quién soy a media noche solo en mi habitación?, ¿quién soy cuando nadie me ve, cuando lloro amargamente?, ¿quién soy cuando me miro al espejo sin filtros?Alguna vez me encontré con un comentario que decía que debíamos amarnos a nosotros mismos, ya que si a las tres de la mañana estábamos destruidos en nuestras camas, llorando y sin dormir, solamente ese amor propio era capaz de sacarnos de allí.

Ahora me pregunto, ¿será que sabemos en realidad quiénes somos? No quiero que pienses que estoy tildando de negativo y dañino todo aquello que pertenece a las redes sociales o a Internet, sino que veo necesario que podamos decir quién somos y que esa respuesta sea igual en redes o en el mundo palpable.

La invitación es a aprender a manejar nuestra realidad con las redes sociales. Que bueno sería recuperar esa bella costumbre de enviar una carta escrita a pulso, regalar chocolates y flores, verse y tomar un café… cosas que hemos perdido por la simpleza de enviar un chat, una historia, un emoticón o un gif…

Las cosas lindas y sencillas de la vida, las más sinceras, esas son las que demuestran en realidad quién eres tú. Finalmente, quiero animarte a dar ese paso a ser auténtico y real en todos los sentidos, es tú decisión, únete a quienes queremos recuperar y hacer perdurar lo bello de la vida humana. Que esta publicación de Miguel Herrán nos sirva a todos de lección, para recordar que no todo lo que vemos en redes es cierto, que la vida perfecta que algunos comparten no tiene nada de perfecta y que todos estamos necesitados de consuelo y de amor.