¿Alguna vez te has hecho una idea de alguien antes de conocerle para luego descubrir que esa persona era totalmente diferente a la que tenías en tu mente? El proyecto «Aprendamos juntos» de BBVA y el diario El País de España, presentan este video en el cual el reconocido escritor catalán Álex Rovira, hace una reflexión sobre la manera en la que vemos a los demás, especialmente a los más cercanos.



¿Es posible ver al otro desde la realidad y no desde mis prejuicios?

Es difícil no hacerse una idea de otras personas desde lo externo, desde lo que podemos apreciar con nuestros sentidos. Vivimos en una cultura de etiquetas, donde la mayoría de las cosas se tratan de agrupar en categorías de manera que sea más «fácil» organizarlas. Es algo que aprendemos desde pequeños, tanto en casa como en la escuela.

Sin embargo, en muchas ocasiones esas etiquetas también se usan para definir a los seres humanos. Es entonces cuando dejamos que los prejuicios opaquen la realidad de quién es el otro como persona: si alguien vive en determinado barrio o sector peligroso de la ciudad, debo ser cuidadoso porque seguramente es un delincuente. Si alguien tiene dinero o una posición de influencia, me conviene tenerle cerca porque puedo necesitar de su ayuda más adelante. Si alguien se viste de cierta manera quizás no es de confiar, si alguien pertenece a cierto grupo es mejor no perder el tiempo hablando con esa persona, etc.



¿Con cuanta frecuencia esos prejuicios llegan a ser más importantes en tu relación con los demás que el esfuerzo por reconocer lo bueno que hay en el otro, sus virtudes y valores?

La imagen de Jesús que los evangelios relatan es una imagen de compasión en su máxima expresión, de alguien capaz de comprender el valor de  la persona humana por encima de su condición temporal. Quien no solo se acerca a los excluidos y toca a los marginados (Mateo 8, 1-2), sino que se sienta a comer con ellos (Marcos 2, 16). Es la imagen de un padre que ve a su hijo como realmente es, con ojos de amor, sin importar como lo vea el mundo.

¿Qué hacer cuando descubro que la realidad no es lo que yo esperaba?

En el video, Rovira menciona una frase de Marcel Proust que particularmente me impactó mucho: «aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia». Y personalmente creo que es un reto al que me veo expuesto cada día: ¿cómo enfrento la realidad en la que vivo? Definitivamente hay cosas que no me gustan y otras que no puedo cambiar, pero lo que sí puedo modificar es la manera en la que afronto la realidad y mi postura frente a la vida.

Le doy gracias a Dios porque me ha dado la oportunidad de conocer a muchas personas cuya realidad, está lejos de ser la más fácil o la más feliz según los estándares de la cultura moderna. Personas con enfermedades o condiciones que les causan mucho sufrimiento, pero quienes deciden ver las cosas de una manera diferente y se enfocan en disfrutar cada día las pequeñas cosas de la vida que pueden disfrutar, sin darse por vencidos, con su confianza puesta en Dios.

Cuando el mundo nos dice que no hay esperanza, recordemos que el amor lo transforma todo

En muchas sociedades sigue siendo común hacer a un lado a quien no «aporta» según los estándares de la cultura en la que vivimos. Seguimos viendo cómo muchas personas son ignoradas y aisladas a razón de su enfermedad, de sus limitaciones físicas o mentales. Es así como la visión superficial y utilitarista del ser humano se convierten en lo más importante, ignorando la dignidad de cada persona. Quizás la mejor definición es la que dio el papa Francisco al llamarla la «cultura del descarte».

La historia del compositor japonés Hikari Ōe que se menciona en el video, es un ejemplo de la fe y la visión de unos padres que tenían claro que el amor es capaz de hacer florecer a un ser humano incluso en medio de condiciones difíciles y cuando aparentemente no hay esperanza. Esta historia nos recuerda que la vida y la dignidad del ser humano están por encima de la idea de perfección y éxito que constantemente se presentan en el mundo como los valores supremos.

Aprender a ver el mundo con otra perspectiva también requiere trabajo constante y paciencia

Los padres de Hikari Ōe tuvieron que aprender a observar y conocer durante muchos años a su hijo para descubrir aquello que llamaba su atención. Luego trabajaron con paciencia y constancia para ayudarlo a desarrollar su talento.

La manera como ellos pudieron ver a su hijo desde antes de nacer, nos recuerda que el amor se manifiesta en el servicio al otro, en verle desde el corazón y no por encima de una etiqueta, de un diagnóstico o una característica física. Esta historia nos recuerda que cada vida humana es valiosa y tiene un propósito, y nos invita a ver a los demás con amor.

Y tú, ¿Cómo ves a quienes tienes a tu lado?, ¿dejas que tus prejuicios sean más fuertes que tu deseo por ayudarlos a crecer?, ¿qué crees que puedes hacer hoy para transformar tu realidad?

Agradecimientos: a mi amiga Sara Hernández por compartir este video.