Qué nos hace humanos

Hace unos días me encontré con un comercial de una marca de cerveza en el que distintos robots se jactan ante los humanos de que ellos son mejores en actividades relacionadas con el esfuerzo físico, pero uno de ellos se da cuenta de que no es capaz de disfrutar de algo tan cotidiano como compartir una cerveza con amigos.

Este anuncio cierra con una frase potente: solo vale la pena si puedes disfrutarlo. Justamente, en esta época en que la discusión gira en torno a cuánto vamos a ser reemplazados por la Inteligencia Artificial (IA) y el avance tecnológico, me gustaría compartir contigo algunas reflexiones sobre esta materia, porque considero que estamos dejando de lado algo importante. ¿Quieres saber qué es?

Se trata de que hoy, como nunca antes, tenemos la oportunidad de reafirmar nuestra humanidad, aquello que nos caracteriza y que nos viene dado de forma natural. Gastamos mucho tiempo pensando en los puestos de trabajo que se perderán, en lo peligrosa que puede ser la IA, y olvidamos que esta es una invención que copia nuestras habilidades para ayudarnos con ciertas tareas, para procesar grandes cantidades de datos. Puede intentar parecerse a nosotros, pero está lejos de ser nosotros. Somos los mismos seres humanos quienes la entrenamos, quienes debemos darle un uso responsable y ético.

Entonces, la invitación, como lo recuerda este comercial, es a disfrutar de aquello que nos hace precisamente humanos, a tomar conciencia y a trabajar por ser cada día una versión más plena de lo que Dios quiso para nosotros. A continuación, algunas ideas:

1. Conecta con tus emociones

Aunque los robots pueden generar cierta empatía, somos nosotros quienes, de forma natural, podemos expresar lo que algo o alguien nos produce. Lloramos, reímos, gritamos, nos aburrimos, nos entristecemos, nos enojamos. La invitación es permitirse sentir, abrazar cada emoción, transitarla y aprender, a través de ella, más sobre nosotros mismos.

2. Sorpréndete

La capacidad de asombro es algo que no tiene una máquina. A veces andamos tan ensimismados en los problemas y en lo negativo, que no nos deleitamos con tantas cosas que nos ofrece la vida. Maravillémonos de lo sencillo y apreciemos su belleza.

3. Ama, sé compasivo

Nuestra sociedad nos ha vuelto seres desconfiados y nos ha hecho perder la sensibilidad ante el dolor del otro. Vivimos anestesiados y parece que ya nada nos conmueve. Reconozcamos la presencia del otro, seamos empáticos. Regalemos sonrisas, tengamos gestos solidarios y destaquemos las virtudes por encima de los defectos.

4. Disfruta de la compañía

En este mundo frenético, lleno de tantas ocupaciones y deberes, dejamos de lado a nuestros amigos o nos cerramos a conocer gente nueva. Busquemos un espacio para la fraternidad, porque en la relación con los demás es donde podemos crecer como personas y tejer lazos que nos sostengan en los momentos difíciles.

5. Goza de tus sentidos

Muchas veces damos por sentado lo que tenemos y solo lo valoramos cuando lo hemos perdido. Somos privilegiados por ver, oír, degustar, tocar y oler. Tomemos conciencia de cada uno de estos sentidos y aprovechemos cada oportunidad para grabar en nuestra retina amaneceres y atardeceres, sentir los rayos del sol o la brisa, escuchar el canto de los pájaros o la caída de la lluvia, y gozar del aroma del café recién hecho.

6. Comunícate con Dios

El sentido de trascendencia es propio de los seres humanos. Reconocer que somos más que lo que vemos y percibimos, que somos seres creados por un Dios de amor, nos hace capaces de soñar, proyectar un futuro y responder a nuestra vocación.

Saber que el Espíritu Santo reside en nosotros y que, mediante su gracia, podemos ensanchar nuestra alma y corazón, expandir nuestra mente y voluntad, nos hace apreciar la vida y desear estar en presencia de Dios.

Disfrutar de nuestra humanidad vale la pena, ¿no te parece? Razonar, sentir, decidir, aprender, soñar, querer y ser libres son experiencias gratuitas que nos han sido otorgadas y en las que, seguramente, podemos encontrar felicidad. No perdamos más tiempo; hagamos que cada día sea una celebración por nuestra vida y nuestra humanidad.

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