qué es la vocación

Hace poco participé de un retiro de ejercicios ignacianos para jóvenes. Ahí me recordaron las reglas del discernimiento propuestas por San Ignacio. Si bien pueden ser aplicadas a la hora de discernir nuestra vocación y estado de vida, son útiles en cualquier momento de nuestra vida cotidiana, ya que a través del discernimiento el Señor «guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres» (Salmo 25,9), en todos los pequeños pasos que vamos dando.

En ese retiro me di cuenta de todas las veces que me había enrollado en mis propios pensamientos, buscando conocer qué es eso que Dios quiere para mi vida…. ahora con el video de Abel de Jesús sobre la vocación lo ratifico.

Dios es infinitamente simple, ¡los complicados somos nosotros! Por eso, de la mano de Abel de Jesús, te dejo estas 4 claves para tu discernimiento espiritual.

1. No esperes «inflamaciones extraordinarias»

No sé tú, pero yo me he pasado horas y horas esperando a que el Señor me dé una señal, un signo, una iluminación, un rayo, ¡lo que sea! a la hora de tomar una decisión importante en mi vida.

En mi último retiro ignaciano – y ahora gracias al video – lo confirmo. Descubrí que las inflamaciones extraordinarias son justamente eso… ¡extraordinarias!

Dios se nos manifiesta en lo ordinario. Jesús vivió 30 años ordinariamente para santificar nuestras vidas anónimas y escondidas. ¿Por qué esperaríamos nosotros un supermilagro para guiar nuestro camino?

Los milagros y las manifestaciones existen, pero no podemos pretender que nuestra vida dependa de ellos, ya que son gracias especiales que el Señor regala a unos pocos. Tenemos que aprender a verlo y reconocerlo en nuestras vidas ocultas y desconocidas, tal como hizo Jesús esos 30 años en Nazaret.

De la mano de María y José, gracias a su educación y su enorme fe, Jesús fue haciendo su camino para llegar a cumplir con eso por lo que el Padre lo envió a este mundo. En esos 30 años ¡hizo de todo! Ayudó a su madre con los quehaceres de la casa, trabajó como carpintero junto a José, conoció gente, participó de las celebraciones del templo, rio, jugó, oró.

En el silencio de Nazaret, el Padre se le manifestó. ¡A veces habla bajo! Hay que estar dispuesto a escucharlo…

2. La vocación te sorprende en acción

Otra cosa que descubrí a lo largo de los años y que Abel de Jesús expresa con su «a Dios rogando y con el mazo dando» es que, además de no poder esperar una inflamación extraordinaria, no puedes quedarte de brazos cruzados hasta tener una buena idea sobre qué hacer con tu vida.

Dios y la vida misma me han demostrado que tú puedes descubrir aquello que te hace sentir pleno y feliz, probando por distintos caminos. Probar cosas nuevas no siempre enciende reflectores y pone carteles sobre el camino diciendo: «¡Es por aquí!» Pero muchas veces puede servirte para conocerte a ti mismo, sacarte las dudas sobre algunas opciones en tu vida, y por qué no, descartar los caminos por los que no ir.

Tienes que estar dispuesto a poner manos a la obra y cultivar los dones y regalos que Dios te hizo. Como bien nos recuerda el vídeo: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» (San Ignacio de Loyola)

Para esto es muy importante que tengas mucha paciencia y te animes a trabajar en tus intereses e inclinaciones. Te recomiendo hacer este camino de la mano de un director espiritual, que te ayude a discernir a qué «grado de la vocación» corresponde cada una de tus tendencias y a mantenerlas ordenadas.

3. No menosprecies tu contingencia

Esto viene muy de la mano con nuestra contingencia. ¡No la menosprecies!

Sabemos que el único necesario es Dios, todo el resto (y gracias a Él) está sujeto a tu libertad. Puede ser de una forma, pero podría ser de otra totalmente sin modificar en mayor medida tu vida.

«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt. 24, 35) Puede sonar contradictorio, «¿qué no menosprecie mi contingencia y que mi contingencia no puede modificar en mayor medida mi vida?».

Sí, no te impacientes, querido lector. Con esto quiero decirte que aun en tu contingencia, y sirviéndose de tus decisiones e incluso de tus pruebas y errores, nuestro buen Dios se manifiesta y nos hace conocer su voluntad.

Entonces, no le tengas miedo a tu contingencia. Sabemos que no todo lo que se pone frente a nuestras narices es «lo bueno», «lo necesario» o «nuestra vocación». Pero a pesar de nuestras contingencias, Dios cumple en nosotros nuestra vocación primaria a la felicidad.

Pero ¡confía en tu Padre que es providente! Y si vas por el camino contrario, como dice Abel de Jesús, «¡pues allá Él! Que nos lo haga saber».

4. Que tus decisiones no dependan de tus sentimientos

Por último, pero no por eso menos importante, quiero advertirte con respecto a los sentimientos. Tanto tú como yo sabemos lo cambiantes que son. Van y vienen, hoy están y mañana desaparecen.

Es cierto que somos hombres y muchas veces necesitamos confirmaciones en lo afectivo sobre los pasos que vamos dando. Pero ¡mucho cuidado! Si tu vida dependiera de tus sentimientos, estoy segura de que al día de hoy no habrías logrado nada.

A veces con la intención de transmitir la parte linda de nuestra fe, los católicos caemos en el error de decir que con Jesús todo es fácil, que todo es lindo y que Él siempre se nos manifiesta. ¡Pero a veces se hace cuesta arriba!

Así como con nuestros amigos, familia, esposos y esposas, debemos serle fiel al Señor independientemente del consuelo afectivo que pueda transmitirnos. La mayor parte de nuestra peregrinación en esta tierra será sin grandes sentimientos ni manifestaciones extraordinarias.

Debemos amarlo a Él por lo que es y no por lo que nos da, y esforzarnos por hacer su voluntad, buscando en nuestro interior donde Él inscribió nuestro deseo de felicidad y santidad.

Puedes sentir que Dios te llama, pero asegúrate de que sea Él y no tú mismo llamándote a eso que te place hacer. También el maligno se disfraza de cordero para alejarnos de nuestra verdadera felicidad. Una vez más, ten cuidado y pide acompañamiento a un director espiritual que te ayude a discernir de dónde provienen estos sentimientos.

«Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.

Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.

Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido.

Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.

Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.

Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él» (Eclesiástico 2, 1-6)