qué es un sacrilegio

No suelo escribir artículos de este tipo. No me gustan. Pienso que si escribo sobre temas escandalosos o que promueven conductas en contra de la iglesia, en lugar de hacerle un bien a mi fe, termino haciendo publicidad a estas conductas nocivas que tanto daño hacen al ser humano. Lo cierto es que no he podido dejar pasar este tema por alto. Los invito a ver el video adjunto, que hace referencia a un doloroso sacrilegio, para que sepan a lo que me refiero. 

Un poco de contexto

Admiro mucho la labor actoral de estas cuatro mujeres, he disfrutado muchísimo de cada puesta en escena que han hecho y seguramente seguiré asistiendo a esos shows que entre risas hacen a uno reflexionar sobre el sentido de la vida. Ojalá sigan orientando su arte hacia ese lado y se alejen un poco del rating y sus espejismos.

Porque las admiro tanto, me impresiona el que ninguna haya podido reaccionar, ni siquiera un poquito, en el momento en que esta señora suelta semejante invitación a herir lo más profundo de uno mismo, cometiendo un sacrilegio en contra del mayor bien espiritual de la Iglesia, Cristo mismo, nuestra Pascua. (CIC 1324). 

¿Por qué hablamos de un grave sacrilegio?

La hostia es el cuerpo del mismo Dios, no es un pedacito de pan que «simboliza» algo, no es un símbolo. La hostia consagrada es el mismísimo cuerpo de Cristo. «Con él se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y forman un solo cuerpo en Él (cf 1 Co 10,16-17)»(CIC 1329). Es decir, la hostia no es algo que puedas tratar de una manera tan banal, ni un «ingrediente» más para un ritual profano.

Quiero creer que todas las involucradas en este diálogo han pecado de ingenuas y de ignorantes de la propia fe. Quiero creer que, tal como lo había dicho Mons. Munilla «se ha perdido tanto la conciencia de la trascendencia y de la grandeza de Dios, que el hombre se relaciona con Dios con una falta grande de respeto». Enorme… y ni siquiera nos damos cuenta.

¿En qué ponemos nuestra fe?

Este es un programa que ha llegado a muchas personas, principalmente mujeres, jóvenes, adolescentes, que disfrutan este tipo de shows y que confían en aquello que sus «influencers» les proponen sin medir consecuencias. 

Me he preguntado un sinnúmero de veces por qué es más fácil creer en brujería y unicornios que en un Dios que se hizo hombre, habitó entre nosotros y se quedó a nuestro lado todos los días hasta el fin.

Hoy cada uno cree en lo que le dicta el gusto y la conveniencia. Cada opinión vale exactamente igual (sea verdadera o no) y parece que pudiéramos hablar de lo sagrado de cualquier manera y sin que se nos mueva un solo pelo de la cabeza. Cuando hablo de sagrado, no solo me refiero a lo sagrado dentro de la Iglesia Católica, sino a lo sagrado en general.

Todo aquello digno de veneración, empezando por el mismo Dios, pero también llegando a ámbitos que tienen que ver con el sentido de la vida misma. Desde el hombre primitivo lo sagrado viene a ser aquella roca firme desde donde el ser humano puede orientarse al mundo. Aquello que nos muestra el mundo real.

Hoy parece que el mundo real no existe. Empieza a surgir un mundo creado a mi manera de acuerdo a mis gustos y a mis sentimientos. Es por esto que hoy se puede ofender de una manera tan enorme y profunda y al día siguiente hacer como que nada hubiera pasado. Y, por otro lado, hiperofendernos cuando se tocan temas que deberían ocupar un recto lugar y que de pronto se «divinizan» como la raza, la orientación sexual, la apariencia física, etc.

Todo esto me lleva a pensar que efectivamente nos hemos creído el cuento de que «seremos como dioses» e ingenuamente vamos alejándonos del propósito primero de nuestra creación y construimos (incluso con gusto) nuestra propia ruina.

Ante un sacrilegio: ¿qué hacemos nosotros ante el mal?

Y es aquí donde quiero llamar la atención de nuestro artículo: No está bien quedarse impávido cuando alguien habla cualquier tontería, no está bien quedarse callado por temor a herir si se corrige. Simplemente no está bien. 

No está bien voltear la cara (como yo misma lo quise hacer) para no mirar aquello que nos incomoda tanto. No está bien no querer corregir, más aún si la persona dice compartir nuestra fe. Y, aun así, no la compartiera, hablar con verdad es amar. Si amamos, hay que luchar por aquello que amamos. 

No solo se ha cometido un sacrilegio, frente a lo más santo que tenemos, por lo cual esta señora en «automático» (comunión late sentencia) está excomulgada. No solo el pueblo católico se ofende, sino que sufre. 

Pero, más allá de esto, es importante entender que Dios se hizo Hombre sabiendo de nuestra fragilidad, Mons. Munilla nos decía: 

«(Cristo) se ligó tanto a nosotros, que asumió el riesgo de ser maltratado, el riesgo de ser profanado sacrílegamente. El Señor sabía que eso iba a suceder muchas veces y lo asumió. Si asumió todo esto es porque se iban a derivar más bienes que males. Incluso en los casos en lo que se ha cometido sacrilegio, también la providencia hace que de esto también se deriven bienes; tantas personas que han reaccionado al ver sacrilegio. Esos actos de “reparación” que a veces se organizan, para “reparar un determinado sacrilegio”, han suscitado amor de «almas tibias», y que han tomado conciencia de que Jesús está en la eucaristía».

Que así sea y tomemos conciencia de lo sucedido. No nos quedemos en el escándalo. Que nuestros corazones reaccionen frente a estos actos y volvamos la mirada a lo sagrado. A Cristo, al Dios vivo que vino por todos nosotros, sin excepción alguna, incluso por aquellos que más lo ofenden. Y que nuestra misión sea formarnos en la fe y en la vida de oración, para poder salir a anunciar con verdad y coherencia y dedicarle a Dios nuestra oración y sacrificio para de alguna manera «reparar» el mal hecho.

Que el Espíritu Santo nos ilumine para corregir con misericordia, para hablar y denunciar cuando sea necesario. Y nos inspire para llevar la verdad del Evangelio a quienes más lo necesiten.