
Estoy harta del dolor. De mi dolor. Te confieso que atravesé una crisis existencial en relación con esto. No es relevante conocer los detalles de mi sufrimiento. En realidad, creo que tu historia podría ser muy similar a la mía. Incluso escuchar acerca de tu dolor podría hacer que reconsiderara el mío y avergonzarme.
Pero el dolor se siente y punto, no se compara. Sé que el dolor te curte y que del dolor se aprende. Pero, ¿hasta cuándo? He aprendido muchas cosas a base de golpes. Y bien, ¿no hay otra forma de aprender? Me revelé, definitivamente, me revelé. Me enfadé con Él.
En mis diálogos internos le explicaba a Dios cómo me sentía. Soy una persona dócil, puedo aprender constantemente y vivir consciente de este aprendizaje que nunca cesa. Ya aprendí suficiente con el dolor, no quiero seguir haciéndolo. Permíteme continuar mi vida humildemente: sin ausencias, sin abandonos, sin pérdidas, sin decepciones, sin traiciones, sin agonía. Eso le pedía.
En aquel momento de sufrimiento, me hubiera sido útil un mensaje como el del siguiente vídeo, realizado por el equipo de ABOVE INSPIRATION.
Del dolor se aprende porque rompe algo en nosotros: la paz, la alegría, la motivación, la confianza, la esperanza… y eso nos obliga a reconstruir ese pedacito roto sin tener el diseño original a mano. Incluso se pueden romper varias piezas. Un pequeño caos en nuestro interior que nos retuerce el alma.
La reflexión sobre el sufrimiento
Me costó entender que no hay luz sin sombra, como no hay felicidad sin dolor. Y cabe rendirse a ello: el dolor tiene su secreto, y es que solo da a conocer su sentido a quien lo acepta. Por eso dice el Padre Pío:
«Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. La respuesta que llega mediante esta participación es una llamada: Sígueme. Ven, toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo» (Pío de Pietrelcina, Carta 1094, 22 de octubre de 1918)
Durante un retiro en Midelt (Marruecos) me sugirieron releer la pasión de Jesús. ¡Ya lo había hecho muchas veces! ¿Qué iba a encontrar de nuevo? Bueno, déjate fluir, me dije. Y así me topé con un hombre abandonado, perdido, decepcionado, traicionado, agonizando.
Recuerdo que fue una lectura entrañable. Sufrí con su sufrimiento, incluso enumeré mentalmente los motivos del dolor que yo había experimentado en mi vida y pude identificarlos también en la vida de Cristo.
Me tumbé en un banco de madera, al sol de media tarde, después de la lectura. Alguien puso una idea impertinente en mi cabeza: «Bueno, sufrió mucho, pero sabiéndose Dios, es más fácil de soportar».
Os juro que volví a empezar. Volví a leer todo de nuevo. Y en esa segunda lectura descubrí a María acompañando el dolor del hijo, sufriendo el dolor de madre y mirando hacia arriba para entenderlo y abrazarlo. Y ahí mi rabia se hizo pequeñita. Con ella no puedo enfadarme. Me desarmó.
El dolor… ¿es justo?
En el vídeo que os proponemos aparece una reflexión brutal: «No perdonamos porque sea justo». No es justo el dolor; ¿cuándo lo es? Pero perdonar, a las personas y a las circunstancias, nos libera y nos ayuda a pasar por delante del dolor. Evitarlo es complicado; por ello, vale la pena centrarse en superarlo y ser capaz de disfrutar de esta vida mirando a nuestro alrededor con bondad y compasión. No quiero entretenerme en el dolor, porque mientras lo hago dejo pasar la oportunidad de amar y ser amado.
Cuando me despierto cada mañana, pongo la radio. Las noticias que escucho hablan de guerra, de enfrentamiento y de conflicto. Me inquietan. El mundo necesita perdonar y perdonarse. Las personas necesitamos mirarnos con los ojos del corazón. Este sea seguramente el ejercicio más noble de nuestra existencia: ¡mirarnos con amor y compasión es de valientes!
Es haber sufrido lo que nos vincula al dolor ajeno. Es experimentar el dolor lo que nos empuja a acompañar el de otros. Ojalá nunca me descubra impasible ante un ser que padece.
Los cristianos podemos repetir con Jesús: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú» (Mt 26,39).
Sé que el dolor llegará de nuevo y me retorcerá el alma; lloraré, me sentiré débil. Me enfadaré. Pero no me abandonaré al resentimiento. Cambiaré de perspectiva. Le encontraré el sentido mirando hacia arriba, como María.

No se explico el porque ni el para que y aunque lo tuviera eso ya e
desespera porque la idea natural del humano es quitarlo no que tenga sentido
Hermosa reflexión muchas gracias por compartir. Esto nos ayuda a seguir adelante aun con el dolor que tenemos y a mirar a María y a su bendito hijo Jesús
El mirar ( hacia arriba ) al crucificado de parte de su madre, María
Me llegó e impacto
Gracias Dios mío ,por este mensaje de fortaleza para continuar mi vida en paz y felicidad junto a mi familia y seres queridos.Dame la fuerza necesaria 🙏🙏🙏
Así es el dolor nos hace más fuertes y sensibles a l o que pasa en el mundo y nos da la oportunidad de poner nuestro granito de arena ante tanta injusticia
Jesús entiende nuestro dolor, porque él ya paso por eso primero que nosotros, él sabe que hacer para calmarnos porque padecio humillacion, odio, rechazo mucho antes que nosotros. Entiendo que ya Jesús tiene todos los titulos que se nos puedieran ocurrir sobre sufrimiento, por eso creo que depositar toda nuestra confianza nos ayudar a soltar.
Nuevo sentido me an cambiado los anteojos
Nuestro dolor no se compara con el dolor de Jesús en su pasión nuestro dolor es nada ante ese dolor de Jesús en dolorosa pasión
Excelente reflexión, la cual nos con lleva a mirar a Cristo en la cruz donde su madre sufrió en carne el dolor de su hijo. En mi caso el sufrimiento es difícil cuando pierdes a un hijo, mi papá siempre aceptando la voluntad del Padre, perdonar también cura nuestros sufrimientos y dolores. Como lis sufrimientos sentimentales de aquellas personas que te causan daño en esto también influye la envidia,la soberbia la ira resentimiento y todo eso lo guardas en tu corazón de la cual no será sanado del dolor. Comí ser humano e hijo de Dios tenemos que conocernos así mismo, abrir ese corazón ❤️ dispuesto para él y por supuesto Dios sanará y reparará esas cicatrices de dolor y sufrimientos. Att María José Olivares MCC
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Excelente reflexión, la cual nos con lleva a mirar a Cristo en la cruz donde su madre sufrió en carne el dolor de su hijo. En mi caso el sufrimiento es difícil cuando pierdes a un hijo, mi papá siempre aceptando la voluntad del Padre, perdonar también cura nuestros sufrimientos y dolores. Como lis sufrimientos sentimentales de aquellas personas que te causan daño en esto también influye la envidia,la soberbia la ira resentimiento y todo eso lo guardas en tu corazón de la cual no será sanado del dolor. Comí ser humano e hijo de Dios tenemos que conocernos así mismo, abrir ese corazón ❤️ dispuesto para él y por supuesto Dios sanará y reparará esas cicatrices de dolor y sufrimientos. Att María José Olivares MCC
El dolor por el sufrimiento de un hijo es incomparable
Excelente reflexión, yo también he aprendido mucho en el sufrimiento, pero hoy veo las cosas con más claridad junto a mi madre Maria de nazaret
Pero
Hay distintos dolores
Dolores físicos
Dolores espirituales
Dolores emocionales
Dolores sentimentales
Algunos duelen más que otros
Pero a la larga todos son superables
Algunos con la Fe en Cristo otro con la voluntad de superarlos de mutuo propio.
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Pero
Hay distintos dolores
Dolores físicos
Dolores espirituales
Dolores emocionales
Dolores sentimentales
Algunos duelen más que otros
Pero a la larga todos son superables
Algunos con la Fe en Cristo.
Otros con detenimiento y de mutuo propio
Cristo otro con la voluntad de superarlos de mutuo propio.
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Por muy preparados que estemos ante las situaciones propias de la vida nunca entenderemos totalmente ni enfrentaremos las situaciones de la vida mucho menos el dolor ,
es muy difícil abordar estos temas ya que las experiencias que sufrimos son totalmente diferentes unas de otras por eso no son comparables . Más si estamos en constante comunión con Cristo entenderemos un poco el dolor a través de él y podremos salir adelante y guiados por la fe y la esperanza de tener armonía y paz sin brincar o hacer de lado los sufrimientos propios. Ánimo fe y bendiciones para todos.