Qué es pudor

La ropa. ¿Cómo empezar a hablar de la ropa sin sonar superficial o ser la copia de aquella señora detestable que lo censura todo (argumentando «el pudor»)?

En el ámbito católico, sobre todo, la ropa ha sido y es frecuentemente zona de discusión (argumentando, nuevamente, «el pudor»). Que si es muy corto, que si muestra mucho, que si es reverente, que no es apropiado. En fin. Por ejemplo, para un adolescente actual, el uniforme, la ropa siempre serán un tema; la opinión de sus maestros y padres, siempre será un tema.

Me compadezco de los profesores que constantemente vigilan los manuales de conducta y la «vestimenta apropiada» para las actividades académicas en edad escolar. Me compadezco, también, de los padres que tiemblan al ver la ropa que se ponen sus hijos adolescentes y, con una mirada resignada, preguntan: «¿Así vas a salir?».

Volviendo a esa edad, recuerdo de una manera muy vívida lo mucho que me he rebelado contra la rigidez de los uniformes escolares. A la vez, recuerdo lo mucho que he luchado contra la culpa al sentir que mostraba mucho cada vez que mi padre o mi madre me mandaban a cambiar cuando consideraban que no era apropiado lo que había elegido para vestir.

Lo que soy y lo que transmito

Creo que el tema de la vestimenta nos ha tocado a todos alguna vez, sobre todo en edad adolescente, que es cuando empezamos a descubrir quiénes somos y es a través de la ropa que empezamos a expresar aquello que llevamos dentro.

Hablar de ropa, lejos de ser superficial como muchos podemos pensar, es hablar también de historia, de cultura, de identidad y, en algunos casos, hasta de poder.

Es verdad que en sus orígenes la ropa cumplía una función netamente práctica: protegernos frente a la intemperie. En algún momento de la evolución de la cultura, la ropa se volvió parte de un lenguaje social y, con esto, transmitía mensajes que tenían que ver con la identidad.

Por la forma de vestir se podía inferir quién era la persona, de dónde venía, cuál era su estatus social, a qué se dedicaba, etc. Incluso hoy en día, la ropa sigue cumpliendo esa función la mayor parte de las veces.

La ropa nos ayuda a «hablar» en un código distinto y marca también los distintos rituales sociales que se han ido construyendo con el tiempo en distintas culturas.

Por lo tanto, vestir no es algo que debería tomarse tan a la ligera. A medida que vamos entendiendo lo que la ropa significa en cada contexto cultural, es más llevadero comprender y escoger cómo es que quiero llevarla.

El pudor versus la rebeldía de ser el que quiero ser

Hay algo en las normas, cualquiera de ellas, que nos rebela. Puede ser esa marca original que todos tenemos dentro. Puede ser simplemente que vivimos en una cultura que nos empuja a «hacer lo que quiero y siento». Quizás sean ambas cosas y más.

Cuando nos sentimos censurados y no comprendemos de dónde viene la censura, la rebeldía crece. El discurso que manejamos para comunicar cómo se debe vestir y en qué lugar es sumamente importante. Siempre la verdad, la caridad y el respeto a la libertad del otro deben estar presentes en nuestras formas de dirigirnos a los demás.

De nada me sirve obligar a un adolescente a usar la falda del uniforme a cierta distancia de la rodilla si mi excusa es simplemente que «uno debe vestir como una señorita»; o si exijo a los varones a usar saco y corbata porque «así viste un caballero». Mi yo adolescente se retuerce.

Comunicar con pudor es comunicar también lo valioso que soy. En un mundo que me dice que todo me lo merezco y que puedo hacer lo que quiera y sienta, ¿cómo comprendo esto? No es tarea fácil.

Parte del educar es transmitir el amor incondicional. El gran logro de una educación es conseguir que aquel a quien se educa se sepa valioso y digno. Y es aquí donde la vestimenta también juega su propio papel educador. Cubro mi cuerpo para cuidarlo, pero también para comunicar cómo me percibo y cómo quisiera que otros me perciban.

Los factores que influyen aquí son infinitos: el marketing y la publicidad, los grandes influenciadores de hoy, nos pueden empujar a vestir de una u otra manera sin ni siquiera reflexionar quién verdaderamente soy y qué es lo que yo auténticamente quiero comunicar.

La moda habla o nos hace hablar por ella

Qué es pudor

He criticado mucho el uso del uniforme, no solo cuando era apenas una adolescente, sino durante mucho tiempo después. Es hoy que apenas comprendo el sentido formativo: unidad (todos pertenecemos) e identidad (a una misma comunidad).

Pero no solo queda ahí, también nos permite enfocarnos en aquello que, dentro de la «uniformidad», nos hace distintos, únicos. El uniforme nos quita la distracción que tal vez la moda me empuja a imitar en lugar de descubrir.

No estoy haciendo una apología al uniforme escolar ni creo que es la solución a nada. El mismo uniforme es parte de este código no hablado. Si afirmara que el uniforme es la solución para que uno aprenda a vestirse desde pequeños, ¿dónde quedan los que nunca lo han usado?

A lo que me refiero es que, si con toda la inmadurez y desconocimiento personal me visto por lo que la moda me dicta (en sus distintos niveles, estilos, intenciones, etc.), me pierdo en ella y me vuelvo un escaparate más, un producto más a la venta (de ideas, de posiciones, de estilos, de cuerpos…).

Descubriendo cada vez más quién soy, con mayor libertad y respeto por mí mismo, puedo ir decidiendo cómo vestir y qué es lo que quiero comunicar auténticamente y de acuerdo con el mundo y la sociedad en la que me desenvuelvo.

Puedo, de esa manera también, comprender mejor los códigos de respeto y reverencia, códigos que pueden hablar de amor, de consideración a mí mismo y al prójimo. Me visto de fiesta para celebrar o soy sobria en un funeral, porque hasta con lo que visto acompaño y me relaciono con el otro.

«Pudor», «poder» y «la forma correcta de vestir»

De ninguna manera quiero ni puedo decirte cómo vestir, qué mostrar y qué no. Mucho menos en el tiempo que nos toca vivir.

Pero sí puedo afirmar que, con mayor conocimiento y valoración por mí mismo y por los demás, mi expresión a través de la ropa tendrá una mejor intención (qué comunico y en qué contexto) y será más fiel a lo que verdaderamente soy y a quien verdaderamente amo.

Es muy posible que las capas de ropa que cubren mi cuerpo lo cubran al punto de hacerme desaparecer entre sus capas (o en la falta de ellas). Pero también existe la posibilidad contraria, y esa misma ropa pueda ayudarme a brillar y dar a conocer incluso un poquito de mi alma.

¿Qué opinas de esto? ¿Crees que el pudor tiene algo que ver con la ropa que usamos (o la que no usamos)? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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