qué es la nostalgia

Recientemente, vi el cortometraje en el canal de YouTube de Bad Bunny que trata el tema de la nostalgia en relación con el paso del tiempo. Es un tema que nos atañe a todos, ya que hoy, más que nunca, sentimos que el tiempo vuela, lo que indudablemente causa temor.

Te invito a que lo veas y me acompañes en una reflexión sobre la nostalgia, la angustia, la búsqueda de la felicidad. Algo que creo que nos interesa a todos.

¿Qué es la nostalgia?

El tiempo… vuela. Vivimos en un mundo que cambia con una rapidez sin precedentes, y no es un misterio para nadie que el paso acelerado del tiempo genera mucha angustia.

En mi opinión, esa angustia propia de la nostalgia surge porque sentimos que poco a poco nos quedamos atrás. Y eso hace que la vida se vuelva menos emocionante. Considero que el tema fundamental radica en dos elementos interconectados:

El primer elemento es la falsa idea de que solo la vida que «somos capaces» de vivir en nuestra juventud vale la pena. Cuando seamos mayores, pensamos que ya no podremos hacer todas las cosas que creemos hacen de nuestra vida un auténtico gozo.

El segundo elemento se relaciona con el primero. Pensamos que la vida en la tercera edad (incluso podría incluir la segunda edad) es aburrida, monótona y poco satisfactoria. Surge, entonces, la pregunta: ¿por qué tenemos esa idea?

¿Y nosotros, persiguiendo la felicidad?

Tenemos la noción de que esa etapa de la vida es poco deseable porque quizás no nos han sabido transmitir el auténtico sentido que tiene la vida.

El cortometraje destaca esta realidad y nos muestra, a través del hilo conductor que maneja, en qué consiste la vida que, según Acho (el protagonista), vale la pena vivir.

Una vida compuesta de momentos intensos y eufóricos, que solo quedan en el recuerdo de las fotos que tomamos. De esto se sigue que se trata de una vida que parece prometer felicidad, aparentemente, el máximo anhelo humano.

El problema es triple. Por un lado, lo que esta vida ofrece son solo momentos muy agradables y placenteros. Pero, a la larga nos deja la melancolía de su recuerdo cuando llegamos (y todos lo haremos) a la edad de Acho. Haciéndonos dependientes de esos instantes, aunque la felicidad no se base únicamente en ellos.

Por otro lado, este estilo de vida nos impulsa a perseguir la felicidad a través de esos momentos intensos. Pero, además de no ser la felicidad completa, no se alcanza de esa forma. Los antiguos pensadores griegos sabían que la verdadera felicidad se logra mediante la realización de una vida bien vivida, es decir, una vida virtuosa.

El tercer problema es, en mi opinión, el más importante. He dicho que la felicidad es, aparentemente, el máximo anhelo humano, pero esto no es correcto. Si consideramos la experiencia, la felicidad no es, en sí misma, una meta alcanzable. ¿Cómo explico esto?

Fácilmente, observamos que todo hombre tiende naturalmente al bien, y de todos los bienes, hay uno que prima sobre los demás: la felicidad. Todo ser humano busca e intenta alcanzarla. Sin embargo, si entendemos la felicidad como la vivencia de momentos intensos a lo largo de nuestra vida, como lo cree Acho en el cortometraje, esta se nos escapa por su propia naturaleza.

Así surge la pregunta: ¿por qué, a pesar de que la felicidad se nos escapa, la perseguimos con tanto ahínco? La respuesta es bella: detrás de ese fuerte anhelo de ser felices se esconde la tendencia natural del ser humano hacia Dios.

En otras palabras, la felicidad no es el máximo anhelo en sí, sino Dios, quien es el único y verdadero bien para todos. Con Él viene la auténtica felicidad que tanto buscamos y el verdadero sentido de nuestra vida: la santidad. La santidad es aquello a lo que estamos llamados y, como atestiguan todos los santos, es verdaderamente feliz.

A enfrentar la vida… sin miedo

Quien comprende lo anterior se da cuenta de que nuestra vida va mucho más allá de los «momentos». Busca el máximo bien, cueste lo que cueste. Nuestra felicidad nos acompaña, pero necesita un último ingrediente fundamental para todo ser humano: el amor.

Bien dijo el protagonista cuando afirmó: «debí haber amado mucho más». En efecto, la vida lograda es aquella llena de amor, y el amor solo se encuentra en la búsqueda incesante del bien.

Aquel que comprende que la vida es para amar con todo lo que es, descubre en ella un ingrediente que le da un sabor muy distinto al que estamos acostumbrados. Este amor nos nutre en lo más profundo, a ti, a mí y a todo el mundo.

En definitiva, quien vive para amar vivirá sin miedo y sin melancolía, en paz y disfrutando cada día. Cada minuto y cada segundo, hasta alcanzar, por fin, la meta final: el Cielo.

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