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¡Pero ni es que por todo el oro del mundo! Estos chicos la tienen clarísima, el valor de la familia y de una familia feliz y unida no tiene precio. Este video, producido por Infinito +1 nos devela una verdad innegable.

Qué sabios pueden ser los niños. Parece que perciben con mayor claridad y sencillez lo que es verdaderamente importante en la vida. 

¿Será por eso que Dios nos pidió que seamos como niños? Lo cierto es que una infancia sana, llena del amor de sus padres ilumina al mundo, y una pequeña muestra la encontramos en este video.


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Hace muchos años que he encontrado en mi corazón el llamado insistente por trabajar por la familia. No solo por la mía, y por santificarme dentro de ella, sino por todas. 

Porque vaya que las oportunidades para santificarse aquí aparecen ¡cada cinco minutos! Si no, pregúntenme cómo acabo luego de cada desayuno, almuerzo y cena.

Y para qué cuento sobre la hora de dormir. Dificultades a parte, la familia es ese lugar no solo donde siempre puedes volver, sino aquel que nunca dejas porque siempre eres hijo, en primer lugar. 

Somos familia, todos

Incluso los huérfanos y los abandonados. Somos hijos del Padre, hermanos de Cristo, tenemos a la mejor de las Madres y hermanos por doquier.

La familia humana, está diseñada para ser ese reflejo del amor de Dios. Un amor comunitario, familiar. Un amor que no abandona nunca.

Por eso mismo el dolor de encontrarse en una familia desunida, rota, doliente, parece muchas veces tan insoportable y genera heridas tan profundas.

No basta con ser padre y/o madre para convertirse en familia. No basta en automático ser una unidad de tres, la familia requiere vínculos sanos, fuertes, anclados sobre roca firme. 

«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12, 48-50).

Jesús aquí «nos pinta la cancha»

El pasaje que nos abre los ojos sobre lo que es ser familia, la familia de Cristo, pues la voluntad del Padre tiene que ver con el amor. Con cómo nos comprometamos a amar cada vez más y mejor.

Existen tantas dificultades actualmente para la familia. El «simple» hecho de querer uniformizar a hombre y mujer y no reconocer la diferencia.

Cuántos líos matrimoniales (y familiares) nos ahorraríamos si supiéramos cómo tratarnos a la medida de cada uno. Y esto es ¡posible!

Las formas de comunicarse, de criar, de expresar la afectividad se viven en modos distintos que es necesario descubrir e ir aprendiendo con el tiempo.

La familia es un don hermoso

Es el germen de una sociedad. Si tenemos familias sólidas, sanas, felices, la sociedad será reflejo de esto.

Por el contrario, si no nos ocupamos de ella, si le restamos valor, si pensamos que el amor es algo pasajero, si tiramos la toalla al primer problema, no solo la familia se rompe y sufre, sino que la sociedad entera se afecta.

Aprendamos de las palabras sencillas de estos niños: «La familia es lo más importante», trabajemos por ella, aprendamos a amarnos más y mejor cada día.

«Apoyemos a la familia, defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura.

Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos» (Papa Francisco, mensaje por el V Aniversario de la Encíclica Amoris Laetitia) 

¿Qué es la familia? La mejor definición es esta