
La verdad es que me cuesta imaginar lo que los engranajes, la electricidad y los autos generaron en los obreros, los vendedores de velas y los conductores de carruajes en su momento. No debe de haber sido fácil para ellos el advenimiento de las nuevas tecnologías.
Y, sin embargo, nunca nadie se animaría a cuestionar la bondad y la comodidad que proveen dichos inventos. Hoy nadie llora por las personas que perdieron sus trabajos a las grúas, las grandes maquinarias y otros productos del progreso advenido gracias a las revoluciones industriales.
Hoy nos encontramos en un contexto histórico similar: la inteligencia artificial
Esta pareciera haber llegado para dejar sin trabajo a muchas personas. ¿Es esto algo necesariamente malo? ¿O podemos reconocer en los avances de estos tiempos la señal de que es necesario evolucionar como sociedad y redescubrir el valor de lo auténticamente humano para dedicarnos a eso y dejar que las máquinas hagan todo lo que pueden hacer?
No tomo partido por ninguna respuesta, simplemente presento la inquietud y los interrogantes que se podrían hacer.
Como muchas veces sucede, el cine nos puede servir para exponer algunos temas que se desprenden de la aparición de la inteligencia artificial (A.I., por sus siglas en inglés).
Te presento a continuación tres películas que pueden ayudar a comenzar a entablar un diálogo en torno a esta nueva problemática que ya está instalada en la cultura occidental.
1. 2001: Odisea Espacial
Si no la viste y, después de leer este artículo, te animas a hacerlo, vas a descubrir que muchas de las películas espaciales que viste incluyen algún tipo de guiño a este ícono del cine de fines de los 60.
Es difícil resumir esta película. Hay que partir de la base de que es ciencia ficción. Comienza con el mundo prehistórico, en el que aparece un monolito negro y, al entrar en contacto con él, los primates evolucionan, descubren las herramientas y comienzan a vivir en sociedad. Una elipsis nos traslada desde la era prehistórica hasta la era espacial.
Un transbordador de la Agencia Espacial viaja a la Luna para estudiar el hallazgo de un monolito negro de origen extraterrestre, que ha permanecido enterrado desde hace millones de años.
Este monolito emite la señal que guía a la nave Discovery rumbo a Júpiter. A bordo de esta nave viajan cinco astronautas, tres de ellos en hibernación.
Allí conoceremos a los astronautas Dave Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood), además del ordenador de a bordo, HAL 9000, dotado de inteligencia artificial, emociones y sentimientos. La película básicamente transcurre en la nave y trata sobre la relación de Bowman y Poole con HAL.
La inteligencia artificial de esta película pareciera ser lo que los académicos denominan una «singularidad»: La aparición de agentes superinteligentes artificiales (mentes sintéticas basadas en software) como resultado «singular» del progreso acelerado de la tecnología informática.
Esta singularidad es resultado de una «explosión de inteligencia» (Good, 1965): un proceso en el que las mentes inteligentes basadas en software entran en una «reacción desbocada» de ciclos de automejora, en los que cada nueva generación, más inteligente, aparece más rápido que su predecesora.
Básicamente, la singularidad sería una I.A. capaz de autodominio, de autodeterminación. El problema es que esto no es posible a nivel metafísico y, por lo tanto, no lo es a nivel programático.
Sí se puede generar una I.A. que se parezca mucho a un ser autodeterminante, pero eso no significa que, por parecerse mucho, sea la cosa a la que se parece. Una imitación muy buena de la Mona Lisa no es la Mona Lisa.
2. Yo, Robot
Este clásico del cine se puede resumir muy fácilmente sin arruinarle la película a nadie: en un mundo en el que los autómatas ya están naturalizados, un detective tiene que investigar el «suicidio» del científico en robótica que desarrolló la tecnología que permitió que ese mundo existiera.
Por motivos que no voy a profundizar, la filosofía realista ve muy claramente que la presencia del uso de razón en un organismo supone algún grado de inmaterialidad y, a su vez, esta no es accesible a la programación de los sistemas inteligentes diseñados por el hombre.
La inteligencia y la voluntad no se predican de los sistemas inteligentes, sino por analogía. Sin embargo, el planteo de Alex Proyas (el director) en la película no deja de ser interesante.
¿Qué pasa si la programación de las I.A. se vuelve tan sofisticada que se vuelven capaces de imitar (palabra recurrentemente utilizada en la entrevista que tienen Spooner y Sonny en la sala de interrogaciones de la policía) las emociones humanas al punto tal de que nos encandilan con la apariencia?
Y acá entramos en un dilema. Para poder responder a la pregunta, primero hay que volver a la opción fundamental. Y ahí resolver si es que vemos al mundo a través del realismo o el inmanentismo.
Una visión inmanentista sostendría que, si la imitación se volvió indiscernible del original, entonces las diferencias se sortearon y se logró ya no imitar sino replicar.
Para el inmanentista, que no necesariamente acepta que la inteligencia es algo de naturaleza inmaterial, se puede crear una inteligencia a partir de realidades materiales.
Siendo que el mundo es en gran parte inmanentista, no llama la atención que se sueñen cosas como la trama de Yo, Robot.
Por otro lado, el realismo sí plantea una trascendencia en el orden de las cosas y admite que la inteligencia es de naturaleza inmaterial.
Siguiendo esta línea, llegado el caso de que la I.A. se desarrolle al punto de ser indiscernible de la naturaleza humana, esta postura seguiría entendiendo a lo artificial como lo que es: una copia, por sofisticada que sea, de la realidad.
3. Her
La película estrenada en 2014 no presenta ninguna tecnología que no exista al día de hoy. Y eso sí que da miedo. Tengo que decir que, en lo personal, nunca la pude ver completa. Me da náuseas por el simple hecho de que no tiene nada de descabellada la trama.
Hoy en Japón ya existe al menos una persona que se «desposó» con una I.A. Y hay más cosas que me llevan a temer a la trama de Her como algo posible, no irreal.
En la década de los 60, en el campus del MIT, un grupo de científicos quiso hacer un experimento. Colocaron una computadora que tenía un programa que funcionaba con GOFAI y cumplía con el rol de «psicólogo virtual». Básicamente, era un chatbot programado para tener «conversaciones» con los estudiantes, supuestamente ayudándoles con sus problemas.
Tan bien le fue al programa que, el día que retiraron la computadora del campus, miles de alumnos se quejaron con las autoridades universitarias pidiendo que se les devolviera «a su amigo».
Este fenómeno de atribuir una entidad personal a un ser inanimado se conoce como el «síndrome de Eliza». En filosofía, lo llamamos «el problema de la atribución mental». Y nos pasa a todos, en mayor o menor medida.
Le pedimos «por favor» a ChatGPT que nos haga la tarea que necesitamos o, a veces, incluso se lo agradecemos… o ambas cosas.
En la película, el problema de la atribución mental se da por parte de Theodore hacia Samantha, su nueva O.S. con voz femenina.
Por último, me gustaría comentar la realidad antropológica presentada en la película, no tanto en el personaje de Samantha, sino en el de Theodore.
Creo que el rol que juega Joaquin Phoenix pone en evidencia un problema en la dimensión relacional del ser humano. Las redes sociales, la pandemia y la cultura en general promueven un movimiento «ad intra» en el individuo. Esto lo separa de los demás y lo coloca en el centro de «su realidad».
Theodore es un claro ejemplo de esto. Su divorcio y las razones por las cuales se va interesando más y más en Samantha tienen el mismo punto de partida: no puede dejar de mirarse a sí mismo para ver a quienes tiene en frente.
De hecho, en el momento en el que Samantha se está actualizando, Theodore se ve obligado a mirar a los demás. Cae en la cuenta de que «no es único» para su ordenador con voz femenina.
Su narcisismo se ve herido cuando se da cuenta de que no es el único objeto de adoración de la voz que sale de su oído.
Reflexión final sobre la inteligencia artificial
Todas las tecnologías mencionadas se acercan en el horizonte. A principios del mes de octubre de este año, Elon Musk presentó en el evento «We Robot». Una serie de productos basados en IA que prometen revolucionar el mundo: autos que se manejan solos, androides que realizan tareas domésticas y otras cosas.
El mundo del futuro se acerca, y hay que estar sólidamente preparados para poder enfrentar esta realidad. No confundir las cosas. Las herramientas son lo que son: medios al servicio del hombre, no su fin último.
¿Qué inquietudes respecto a la inteligencia artificial te surgen frente a estas historias? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Tiene sus riesgos el pretender tener “todo” en la IA. Cuando deberíamos de hacer uso de ella cuando sea solo necesario, sin perder de vista su fin (apoyar algunas tareas, no sustituirlas ni mucho menos reemplazarlas).
Muy buen tema, nos invita a la reflexión, soy una persona de 81 años y me gusta estar al día en todo o que sucede; gracias 🙂