
¿Qué es la infancia espiritual? Santa Teresita del Niño Jesús lo explicó muy bien (y lo hizo tan bien, que se convirtió en Doctora de la Iglesia). Vamos por parte.
¿Alguna vez te has preguntado cómo sería volver a ser niño delante de Dios? ¿Qué pasaría si pudiéramos mirar al Señor con la misma confianza, ternura y apertura de un pequeño?
Jesús mismo nos lo enseñó: «Si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos» (Mateo 18,3). ¡Qué invitación tan hermosa y tan desafiante!
A veces la vida nos llena de miedos, de desconfianzas, de corazas… y olvidamos lo sencillo que es dejarnos abrazar, preguntar, correr hacia Dios sin miedo ni vergüenza. Hoy queremos proponerte tres ideas sencillas para volver a ser niños delante del Amor más grande: mirar, confiar y conversar como lo haría un niño pequeño.
¿Te animas a intentar a hacer de la infancia espiritual un camino cotidiano?
1. Contemplarlo como un niño

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería mirar a Dios con ojos de niño? ¿Cómo sería dejar de lado las máscaras, las prisas, las preocupaciones de adulto y simplemente contemplarlo?
Los niños no miran con filtros ni con pretensiones. Ellos se asombran, se detienen en cada detalle, imitan con ternura a quien aman.
Así deberíamos mirar a Dios: con apertura, con ojos grandes y curiosos, con un corazón que no teme parecer torpe o pequeño. ¿No sería hermoso volver a esa inocencia de la mirada?
Cuando un niño observa, no quiere aparentar, no finge saberlo todo: quiere aprender, recibir, llenarse de todo lo que la persona amada tiene para darle.
¿Te imaginas ponerte delante de Dios así, con los oídos abiertos, los ojos asombrados y el alma totalmente dispuesta a dejarse sorprender?
¡Eso es lo que el Señor espera de nosotros! Que nos acerquemos con una sed inmensa de recibir todo su amor, todo su consuelo, toda su ternura.
2. Correr a mostrarle nuestras heridas (como hacías en tu infancia)

¿Te acuerdas de cuando eras pequeño y te caías jugando? ¿Qué era lo primero que hacías? ¡Correr donde mamá o papá, llorando, sin miedo a mostrar la herida! Eso mismo es lo que Dios desea de nosotros.
Que no ocultemos nuestro dolor, nuestras caídas, nuestras cicatrices. Que corramos hacia Él, gritando su nombre, sabiendo que nos va a abrazar, limpiar y sanar. ¿Cuántas veces, en cambio, intentamos curarnos solos, escondiendo el dolor?
Los niños no solo muestran la herida: ¡siguen mostrándola mientras cicatriza! «Mira, mamá, ya casi no duele», dicen emocionados.
Así deberíamos ser con Dios: mostrarle cada paso de nuestra sanación, agradecerle cada avance, compartirle nuestras alegrías pequeñas. ¿Te atreves hoy a correr hacia el Señor con tus heridas abiertas, confiado en que sus manos de amor siempre están listas para curarte?
3. Hablar con Él sin miedo

¿Recuerdas esa etapa de la infancia en la que los niños preguntan todo el tiempo «¿por qué?»? ¿Por qué el cielo es azul?, ¿por qué llueve?, ¿por qué me duele? Así deberíamos hablarle a Dios: sin miedo, sin protocolos, sin grandes discursos.
¿Por qué, Señor? ¿Por qué permites esto? ¿Qué quieres enseñarme? No para recriminar, sino para conocer más al Amor de los amores. ¿Te imaginas tener esa confianza total para conversar con Dios, sabiendo que Él nunca se cansa de escucharte?
Dios no nos exige palabras complicadas ni rezos perfectos: quiere nuestro corazón sincero, nuestras preguntas espontáneas, nuestras conversaciones de hijos pequeños en su regazo. Él se sienta, nos escucha, nos mira, nos ama.
¿Y nosotros? ¡Somos sus niños! Solo tenemos que atrevernos a ser pequeños, curiosos, confiados. ¿Te animas hoy a tener una conversación simple y verdadera con Él, como lo haría un niño en los brazos de su papá?
Oración final
Señor, hazme pequeño otra vez.
Enséñame a mirarte con ojos asombrados,
a confiar en ti sin reservas,
a correr a tus brazos con mis heridas,
y a hablar contigo sin miedo ni adornos.
Haz de mí un niño en tu regazo,
que se deja amar, sanar y guiar.
Hoy quiero aprender de ti como un pequeño aprende de su padre.
¡Tómame de la mano y no me sueltes nunca!
Amén.

amén, amén, amén
muy lindo
Es hermoso recibir reflexiones y consejos como este artículo.
Otra manera de recibir y mirar la palabra de Dios.
Ser como niños …
God is good