qué es la felicidad

Estamos rodeados de anuncios y publicidades, contenido en redes y estereotipos de estilos de vida que nos demuestran su modo de concebir la felicidad. Nos hacen creer que se trata de placer, posesiones, última moda y lo mejor en avances tecnológicos. 

Estoy lejos de cumplir con los estándares del mundo actual, pero aunque tuviera todo eso, ¡a mí no me alcanzaría! 

En este video, Robert Lusting, endocrinólogo estadounidense, nos cuenta las 7 grandes diferencias entre placer y felicidad. 

Dios nos quiere felices

Algo en lo que me hizo pensar este video, fue en nuestra vocación a la bienaventuranza. Sin duda, todos tenemos el deseo de ser felices. ¡El mismo Dios lo dejó inscrito en nuestro corazón al momento de crearnos! Y esa vocación es inherente a todos los hombres, independientemente de su creencia. Me recordó lo mucho que Dios nos ama, y que Él es el primero en procurar y pelear por nuestra felicidad. 

Y si es así, ¿por qué a veces nos cuesta tanto sentirla? Por momentos se nos hace difícil poder decir con total certeza «soy feliz», porque confundimos nuestras emociones. 

Vivimos en un mundo afectivamente analfabeto, que a veces nos hace creer que la alegría externa, el placer y la diversión son sinónimos de felicidad. Y muchas veces, aun viviendo esas emociones, sentimos un vacío, una desazón, un llamado interior a algo mayor. ¿Te has sentido así alguna vez?

«Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste», san Agustín

Pero ¿no son buenas estas emociones? ¿No es bueno el placer? ¡Claro que sí! En primer lugar, recuerda, las emociones no tienen moralidad.

Pero además, el placer es genial y está contemplado por Dios como bueno y necesario para los hombres. Le gusta que disfrutemos de la vida que Él nos dio y de su creación. Pero, que sea bueno, no lo convierte en sinónimo de felicidad. A lo que sí debes prestarle atención es de dónde proviene y qué lugar ocupa en tu vida.

Entonces, ¿qué es la felicidad? 

La felicidad tiene más que ver con un estado de plenitud interior, y un gozo duradero y perdurable en el tiempo. Es algo más profundo, que no está necesariamente sujeto a las circunstancias exteriores. Sin duda hay contingencias exteriores que pueden contribuir a nuestra felicidad, pero se puede ser feliz incluso atravesando situaciones desfavorables.

Filosóficamente hablando, podríamos definirla como un estado de reposo interior, en la posesión y goce de un amor bien deseado. 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que el deseo a la felicidad tiene origen divino, y que solo Dios puede satisfacerlo (CATIC 1718).  La vocación de todo hombre es gozar de la propia bienaventuranza de Dios. (CATIC 1719)

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti», san Agustín (Confesiones, 10, 20, 29).

Volviendo al video, el Dr. Lusting habla de que muchas veces cometemos un error al interpretar dos de las emociones más importantes y positivas: el placer y la felicidad. De hecho, hay algunas definiciones de felicidad que implican al placer. 

Aquí las 7 diferencias entre placer y felicidad

El Dr. Lusting enumera 7 grandes diferencias entre placer y felicidad, ¡analicémoslas juntos!

1. El placer es pasajero – La felicidad es permanente

Los placeres comienzan y terminan, no existe un estado de placer que permanezca en el tiempo. El placer es como una ola, comienza creciendo, llega a su culmen, pero luego se disuelve. 

La felicidad es más como un río que fluye, a veces lento, a veces rápido, con mayor o menor caudal, pero con cierta estabilidad.

2. El placer es visceral – La felicidad es etérea

Si bien el goce es un sentimiento, los placeres vienen acompañados de estímulos externos que nos permiten experimentarlo a través de nuestros sentidos. El placer se vive corporalmente. 

La felicidad puede venir acompañada de sensaciones físicas (¡recuerda! Somos una unidad de cuerpo y alma), pero no depende de ellas. 

3. El placer es tomar – La felicidad es dar

En el proceso del sentir placer, el acto comienza en el sujeto, sale en busca del estímulo, y regresa al sujeto. De alguna manera, es un acto inmanente en el que el sujeto toma algo de la realidad para llevarlo a sí y potenciarlo. 

La felicidad es un acto trascendente, comienza en el sujeto, sale de sí y allí se queda, entregándose. Como consecuencia necesaria de este salir de sí recibe la bienaventuranza por añadidura. 

4. El placer se puede conseguir con substancias – La felicidad no puede conseguirse con substancias.

¡No existe una píldora para la felicidad! Y puedo asegurarte de que ninguna sustancia te la brindará. Quizás sí un placer momentáneo, un sentimiento de bienestar pasajero. 

Como bien dice el Dr. Lusting, la serotonina (hormona de la felicidad) no es estimulante sino inhibidora. Produce el efecto opuesto a la dopamina (hormona del placer). Desacelera las neuronas, se adhiere, pero no activa el proceso más allá del receptor. Y al hacer eso, activa el proceso para la alegría.

5. El placer se experimenta solo – La felicidad se experimenta en grupos sociales.

Nadie puede experimentar en carne propia el placer ajeno. Las sensaciones placenteras son personalísimas de cada uno, al igual que la percepción sensitiva. Si bien esto es un regalo, a veces puede ser peligroso. ¿Por qué? Porque puedes caer en la tentación de creer que no necesitas a nadie más que a ti para sentir placer y aislarte. 

La felicidad, en cambio, es un estado que nos invita a salir de nosotros y a compartir con quienes nos rodean. Cuando estamos felices queremos gritarlo a los cuatro vientos, disfrutamos de la compañía y nos preocupamos por los demás. La felicidad nos empuja hacia afuera y el placer puede retrotraernos.  

6. Los placeres extremos llevan a la adicción, ya sea a través de substancias o comportamientos – No hay tal cosa como ser adicto a «mucha felicidad».

Como nos cuenta el video, ¡no se puede tener una sobredosis de serotonina! Solo hay una cosa que suprime la serotonina, y es la dopamina. Así que, cuanto más placer busques, más infeliz serás.

7. El placer es dopamina – La felicidad es serotonina.

Son cuatro las hormonas que regulan nuestro estado de ánimo, estas son: dopamina, serotonina, oxitocina y endorfina. 

La dopamina, como bien hablamos, está relacionada con la búsqueda de placer. Nos motiva a cumplir metas, deseos y necesidades. También está relacionada con las adicciones. 

La serotonina está relacionada con la felicidad, la autoestima y la confianza. La oxitocina está relacionada con los vínculos emocionales y afectivos. La endorfina es un analgésico natural, es una respuesta al dolor, al miedo y al estrés. 

«El mundo nos ha hecho creer que felicidad y placer son lo mismo, para poder hacernos creer que podemos comprar la felicidad, y en el proceso nos hemos vuelto más infelices. El problema es que no puedes resolver el problema, si no sabes cuál es el problema», Robert Lusting

Y tú, ¿eres feliz?