
Al ver el video del Papa León XIV «No temas preguntarle a Dios lo que espera de ti», reflexioné profundamente sobre qué es el discernimiento y cómo muchas veces lo confundimos.
El discernimiento no consiste simplemente en preguntarle a Dios qué espera de nosotros, sino en aprender a reconocer qué viene verdaderamente de Él y qué no. Es así cómo descubriremos su voluntad para nuestra vida.
Durante mucho tiempo pensé que discernir era un proceso lleno de temor, como si Dios pudiera pedirme algo contrario a mis deseos más profundos. Sin embargo, al conocerlo de verdad, comprendí que su voluntad nunca se opone a nuestra plenitud, sino que nos conduce hacia ella.
Con el tiempo entendí que Dios conoce los anhelos más profundos de nuestro corazón incluso mejor que nosotros mismos, porque Él fue quien los sembró. Por eso, cuando aprendemos a discernir con Él, descubrimos que su querer siempre está alineado con el amor y la verdad para nuestra vida.
Qué es el discernimiento y por qué no se trata solo de preguntar
Para comprender mejor qué es el discernimiento, es importante aclarar que no se trata únicamente de preguntarle a Dios qué quiere de nosotros, sino de aprender a leer los movimientos del corazón a la luz del Espíritu Santo.
Discernir es reconocer la voz de Dios en medio de muchas otras voces: nuestros miedos, heridas, deseos desordenados y las expectativas que el mundo pone sobre nosotros.
Dios no se esconde ni juega con nuestra vida. Él se comunica constantemente, pero necesita corazones dispuestos a escuchar con humildad y paciencia.
Cuando nuestros anhelos se confunden
Sin embargo, nuestras heridas personales y las presiones del mundo pueden distorsionar los anhelos que Dios ha puesto en el corazón. Terminamos creyendo que deseamos cosas que, en el fondo, no son lo que realmente buscamos.
En mi caso personal, durante años pensé que mi gran anhelo era ocupar un alto cargo en una buena empresa. Cuando finalmente lo conseguí, Dios me permitió ver algo más profundo: lo que mi corazón anhelaba no era un título, sino sentirse suficiente, profundamente amado, aceptado y escogido. Entonces comprendí que todo eso ya lo era en Él.
A partir de ahí, el Señor comenzó a mostrarme que me llamaba a vivir ese amor aquí, en este peregrinar pasajero, a través de la vocación al matrimonio, amando como Él ama. El fin último de este llamado —como el de todos— es la santidad, pero el camino concreto para llegar a ella necesita ser discernido junto a Dios.
Cómo se afina el discernimiento en la vida espiritual
Aprender qué es el discernimiento implica profundizar en la relación personal con Dios. En mi experiencia, fue clave fortalecer la oración diaria, las visitas al Santísimo, la lectura constante de la Palabra y una vida sacramental coherente.
Cuando estamos cerca de Dios, comenzamos a reconocer cómo nos habla: a través de un pensamiento persistente, un pasaje bíblico, una homilía, una palabra dicha por alguien en el momento justo, o mediante un director espiritual. Poco a poco, el corazón se vuelve más sensible a la acción del Espíritu Santo.
Cómo confirmar si algo viene de Dios
No todo pensamiento o deseo que aparece en nuestro interior viene necesariamente de Dios. Por eso, es fundamental invocar al Espíritu Santo y confirmar los discernimientos por más de un medio.
San Ignacio de Loyola nos enseña a mirar los frutos. Si una decisión trae más fe, paz, amor y esperanza, es señal de que viene de Dios. En cambio, si genera ansiedad, angustia, confusión, perturbación o un apego excesivo a lo material, probablemente no viene de Él. Por eso también aconseja no tomar decisiones importantes en momentos de desolación espiritual.
Aquí se revela con claridad qué es el discernimiento: un camino de escucha, verificación y confianza en Dios.
Un ejercicio práctico para crecer en discernimiento
Además de la oración, la Palabra y la vida sacramental —que son fundamentales—, este ejercicio puede ayudarte a afinar el discernimiento:
- Al final del día, invita al Espíritu Santo a acompañarte y examinar tu jornada.
- Pídele que te muestre en qué momentos experimentaste consolación (fe, amor, paz, esperanza) y en cuáles sentiste desolación (duda, tristeza, angustia).
- Agradece los momentos de consolación y entrega a Dios aquellos de desolación, pidiéndole luz para comprender su voluntad.
Este hábito sencillo educa el corazón para reconocer con mayor claridad la acción de Dios en la vida diaria.
Discernir para descubrir el propósito
Pedir discernimiento al Espíritu Santo es clave para entender a qué nos llama Dios, cuál es su voluntad y dónde encontramos el verdadero sentido de nuestra vida. La santidad es el llamado universal, pero el «cómo» se revela paso a paso en el camino personal con Él.
En este proceso, la intercesión de la Virgen María y de los santos es una ayuda invaluable. Además, contar con un director espiritual aporta luz y objetividad, ya que compartir estos movimientos interiores con un guía permite confirmar y ordenar lo que Dios va mostrando.
✍️ La autora de este artículo, Laura Domínguez, es coach católica y fundadora del programa de acompañamiento espiritual y emocional «Solo el Amor sana». Puedes conocer más sobre su contenido y proyectos en @soloelamorsanaa
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