Fruto de la acumulación de tareas o responsabilidades que vamos adquiriendo, del poco tiempo libre que tenemos para disfrutar, o de la falta de organización del tiempo, nos olvidamos de la importancia de un tiempo de descanso en el que podamos hacer una pausa y por un momento levantar la mirada de la tierra hacia el cielo para poder respirar de nuevo, hablar con Dios, dar gracias y reencontrarnos con nosotros mismos.

Hoy queremos darte cinco puntos para reflexionar sobre la importancia de guardar el descanso dominical sin olvidar el compromiso que tenemos con el Señor este día.



1. Dios descansó el séptimo día

La Sagradas Escrituras mencionan que Dios luego de la creación del mundo, los animales y el hombre, se tomó un día para descansar y contemplar aquello que había realizado.



Es importante contemplar lo que «hemos realizado», el domingo también es un día para encontrarnos con nosotros mismos y poder revisar cómo va caminando nuestra vida. En qué puntos hay que esforzarnos más y en cuáles hay que dar gracias a Dios porque hemos podido crecer.

Por tanto, el domingo es un día de revisión personal y también familiar. Es una oportunidad de acercarnos a nuestra familia de una manera diferente a como lo haces día a día, aprovechando las oportunidades de enriquecimiento y fraternidad.

2. Significado del descanso en nuestros días

Para nadie es desconocido que el verdadero descanso es cada vez más difícil de conseguir, ya sea debido al cúmulo de responsabilidades y obligaciones, o a las ideas hedonistas que tergiversan lo que realmente es descansar. Lo cierto es que pocos ven el descanso como lo que verdaderamente es.

Descansar, según la Real Academia de la Lengua Española es, «Cesar en el trabajo, reparar fuerzas con la quietud». Para muchos se ha convertido en un no levantarse de la cama y dormir o ver televisión todo el día, dejando atrás la oportunidad de salir a caminar, de dar paseo en bicicleta con familiares o amigos, de conocer nuevos lugares, de ir a comer un helado o de visitar a alguien que hace tiempo no vemos. De cambiar la rutina diaria y aprovecharla en el enriquecimiento mutuo.

3. Realmente descansamos

Mucho es fruto de la rutina de lo cotidiano. Nos hemos olvidado de aquello que da sentido a nuestra vida, aquello que marca el caminar de cada día, y es por esto que nos llenamos de ocupaciones y no nos permitimos un momento de paz y silencio interior. Es necesario que hagamos un stop y nos volvamos a enfocar en lo que nos ilumina el sendero y le da sentido a nuestras sonrisas.

Descansar no es simplemente dejar de hacer labores, sino regalarse un momento, permitirse hacer silencio y desde allí, confrontarse consigo mismo y escuchar a Dios.

4. Las prioridades

Para garantizar el descanso dominical, es necesario establecer una lista de prioridades en la planeación del tiempo. Descartar aquellas cosas que bien pueden hacerse en un momento libre de la semana, para priorizar aquellas que se hacen más difíciles, como por ejemplo visitar a unos amigos o familiares con los que llevo tiempo sin verme, hacer un momento de deporte en la mañana en el que puedo integrar a otras personas y desde allí conocer a otros o fortalecer mi relación con ellos.

5. La importancia de dedicarle un día a Dios

Descansar no significa olvidarse de Dios, antes bien, puede aprovecharse el descanso dominical para dedicar un tiempo más intenso en el encuentro con el Señor. Ir a la Eucaristía en la cual me encuentro con mis hermanos y con Dios mismo, hacer un momento especial de oración o realizar alguna obra de caridad. 

Algunas veces el horario cotidiano no nos permite más de diez minutos de oración personal, por lo que es el domingo un día propicio para dedicar más tiempo a ese hermoso encuentro con el Amado.