¿Te ha pasado que vas a rezar y no le encuentras sentido? O simplemente estás frente al Santísimo y miles de pensamientos aparecen y no logras estar en oración. Incluso en misa, en los momentos más importantes, en la liturgia de la palabra o en la consagración, tu mente divaga y hasta encuentras insoportable y aburrido el momento. Y que Dios nos perdone la sinceridad. Y sin embargo, entender qué es el consuelo puede cambiar por completo cómo vivimos esa sequedad.

El video que hoy traemos explica de una manera bastante sencilla, pero también completa, estas experiencias que a más de uno no solo nos ha llenado de pesar. Los invito a verlo detenidamente.

La necesidad de tenerlo todo ya

No solo me ha pasado en misa, en oración, o incluso en un retiro. Sí, he ido a un retiro tan esperado con tanta ilusión y he salido de ahí, tal como Abel lo explica, más vacío que nunca.

Creo que estas experiencias no nos suceden solo con Dios, sino con muchas de las relaciones importantes de nuestra vida.

Me pongo a pensar como los padres quisiéramos a veces que nuestros hijos crezcan rápidamente, que la niñez y ni qué decir de la adolescencia pasen rápido porque el esfuerzo y el cansancio que demanda a veces nos sobrepasa.

Me pongo a pensar en los matrimonios en crisis, en el esfuerzo que a veces parece que le ponemos y que nada resulta. Qué ganas de patear el tablero y que la partida termine. Ahí, quizás más que en ningún otro lugar, necesitamos entender qué es el consuelo.

¿Qué es el consuelo?

La impaciencia suele ser un mal consejero. Cuando no encontramos esa sensación de calma, de tener aquello que anhelamos, no es raro que nos alejemos bajo la excusa de «nada tiene sentido, todo sigue igual».

Nos olvidamos de que el consuelo no es simplemente «sentirse mejor». Tampoco es que Dios quite automáticamente el problema, el dolor o la tristeza.

En la vida cristiana, el consuelo es una gracia interior: una forma en que Dios sostiene el alma para que pueda seguir caminando, incluso cuando las circunstancias no cambian de inmediato.

Dios no siempre nos evitará la cruz, al mismo Cristo no se la evitó, pero sí, en su momento, permite una fuerza, una luz o una paz que es la que nos da la fuerza para cargar el peso de la propia vida.

Sí, es verdad que el consuelo se puede sentir emocionalmente, pero también puede ser más sobrio y no percibirse en un inicio.

¿Qué hacer mientras el consuelo no llega?

Primero entender que el consuelo cristiano no es anestesia. Tampoco es negar lo que nos sucede ni caer en las superficialidades de decir «todo pasa por algo». Por eso preguntarnos qué es el consuelo no es un ejercicio teórico, sino un ancla en medio de la espera.

Más bien, el consuelo permite mirar el dolor sin desesperar. Ayuda a descubrir que el sufrimiento no tiene la última palabra, porque Dios está presente en medio de él.

Es preciso, entonces, recordar lo que el Maestro nos enseñaba: Ser fiel en lo poco, en lo pequeño. Permanecer aunque el sentimiento y las ganas no nos acompañen. Sabiendo que los tiempos de Dios son perfectos.

Ese Delay espiritual del que Abel de Jesús nos habla implica también una resistencia a la tentación de abandonar cuando las cosas no salen «bien». El consuelo llega siempre, a veces antes, a veces después, lo cierto es que siempre llega en su tiempo.

Confiar en ese regalo gratuito de la gracia de Dios, que no depende de nuestras obras, pero sí de nuestra perseverancia. Comprender un poco más qué es el consuelo no elimina la espera, pero le da sentido y es posible que nos brinde un poco de calma en medio de la impaciencia.