qué es el Cielo

Solo basta abrir los ojos para ver guerra, corrupción y polarización. Sin embargo, ahora te pido que hagas una pausa. Cierra los ojos por 15 segundos y piensa en el mejor recuerdo de tu vida. El mejor.

Puede ser cuando metiste ese gol, la mejor fiesta de tu vida, cuando lograste hacer ese acto de caridad que tanto te costaba, cuando alguien tuvo un gesto de caridad contigo, cuando te llevaron al circo, cuando te dijeron que sí, cuando te escapaste de un castigo o el abrazo de tu mamá luego de que rompiste algo, pero se preocupó más de ti que del objeto con defensa incluida de algún hermano.

Sea lo que sea, recuerda esa sensación. Solo enfócate en esa sensación. Date la oportunidad de revivir esa sensación.

El Cielo se siente un millón de veces mejor.

Llegar al Cielo es un estado de paz, de realización, de amor inimaginable.

Y es que con la Resurrección de Cristo, se abrieron las puertas a una comprensión más profunda del significado del Cielo. ¡Pero no solo eso! Se abrieron las mismas puertas del Cielo para todos aquellos que estén realmente interesados en conocerlas y traspasarlas.

La Resurrección es el centro de nuestra fe. Nos habla de la victoria sobre la muerte. Sin Resurrección, los cristianos seríamos unos locos aficionados de una idea bonita, pero nada más que eso: solo una idea. Pero Cristo no es una idea. Es una Persona.

Además, Jesús es plenamente histórico. Los Anales Romanos, escritos por el historiador romano Tácito hacia el año 116 d.C., mencionan a Cristo en relación con el incendio de Roma en el año 64 d.C. Tácito informa sobre la sospecha de que el emperador Nerón había ordenado el fuego y cómo, para desviar la atención, culpó a los cristianos.

En este contexto, Tácito menciona que los cristianos eran odiados por sus «abominables crímenes» y que su nombre proviene de Cristo, quien fue ejecutado bajo el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato.

Un nuevo amanecer: la Resurrección como puerta al Cielo

qué es el Cielo

La Resurrección de Cristo es el punto culminante de la historia de Redención. En este evento trascendental, la muerte es vencida y se abre un camino hacia una vida eterna en comunión con Dios. Como menciona el teólogo Hans Urs von Balthasar, «la Resurrección de Cristo es el amanecer de una nueva creación, donde el Cielo se hace presente en la tierra».

Algo así sucede cuando los novios se dicen que sí ante el altar y cada vez que renuevan su compromiso. Cuando se fecunda una nueva vida o cuando nos acordamos y visitamos a los abuelitos.

O cuando el amor vence al odio y el perdón surge y la Misericordia permite girar la página de eventos históricos que solo siguen perpetuando dolor. Cuando nos tomamos nuestra fe en serio todos los días, en cada acto, con presencia de Dios, pidiéndole a Cristo que nos permita ver con sus ojos.

¡Es que hay tantos milagros cotidianos! Si abres tu corazón, podrás experimentarlos en primera persona.

Pero, ¿qué es el Cielo?

qué es el Cielo

El Papa Benedicto XVI describe el Cielo como «la realización última de todos nuestros anhelos más profundos, donde encontramos la verdadera alegría y descanso para nuestras almas».

Esta visión nos invita a mirar más allá de las preocupaciones terrenales y a anhelar la comunión eterna con Dios. ¿Has experimentado esa comunión tan profunda de oración, de conexión, de contemplación con tu creador? Es un abandono que no niega la realidad, pero que confía en el fruto de la realidad porque es producto de SU voluntad.

Aunque el Cielo se presenta a menudo como un destino futuro, su influencia se puede sentir en nuestra vida diaria. La Madre Teresa de Calcuta nos recuerda que «cada acto de amor es un paso hacia el Cielo», destacando cómo nuestras acciones pueden reflejar la presencia divina en el mundo.

Del mismo modo, San Agustín nos invita a buscar el Cielo no solo como un lugar físico, sino como un estado del alma en armonía con Dios. ¿Hace cuánto no sientes esa paz?

El Cielo, en su esencia, es un misterio que trasciende nuestra comprensión humana. El Cardenal John Henry Newman describe este misterio como «una realidad tan profunda y hermosa que supera todo lo que podemos imaginar».

Esta noción nos desafía a abrir nuestros corazones a lo desconocido y a confiar en la promesa divina de una vida eterna junto a nuestro Creador.

Un horizonte infinito de esperanza

En última instancia, la reflexión sobre el Cielo que se abre con la Resurrección de Cristo nos invita a contemplar un horizonte infinito de esperanza y redención.

Es que a través de la tradición apostólica y lo que se nos ha revelado, apenas podemos vislumbrar la belleza y el significado profundo detrás de esta verdad fundamental de nuestra fe con nuestra racionalidad limitada.

Si te cuesta reflexionar al respecto — como me cuesta a mí —, regresa a ese recuerdo concreto en el cual pensaste en un inicio.

Quizás te inspire a vivir con gratitud y alegría, sabiendo que el Cielo nos aguarda como un regalo divino para aquellos que creen y que actúan de manera congruente con la fe.

¡Que esta verdad transforme nuestras vidas y nos llene de esperanza ante cualquier adversidad! ¡El Cielo se abre ante nosotros con cada amanecer, recordándonos que nuestra verdadera morada está en los brazos amorosos de nuestro Salvador!

Como decía San Agustín: «Nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en Él» y «El que te creó sin ti, necesita de ti para salvarte». Yo le agregaría: «para salvarte de ti».

«¿De mí?», te preguntarás. Sí, de «ti»; de tu autosabotaje, de tus miedos, de tu soberbia que te hace pensar que Dios te ama por lo que haces y no por lo que eres: su hijo.

¡Es que es tan sencillo, si ya sabes lo que tienes que hacer! ¿Qué esperas?

Tu invitación a la fiesta del cielo ya fue entregada. ¡Confirma tu confirmación! ¡Que no te lo cuenten!