Empieza la semana y ya sabemos que tenemos una lista de pendientes, ya sea en nuestro centro de estudios o trabajo. Si a eso le adicionamos estudios de posgrado, cursos de especialización, la atención a la familia (matrimonio, hijos, padres mayores) o la simple atención a la casa, mascota, etc., veremos que el tiempo parece escaparse entre los dedos.

Ni siquiera estoy considerando el tiempo que le dedicamos a redes sociales, el manejo de nuestros perfiles, publicaciones, reuniones con amigos, hobbies, deportes, viajes…

¿Cuántas veces sacrificamos tiempo de calidad con nosotros mismos, familia o amigos por estar trabajando? ¿Has notado que ni siquiera he mencionado el tiempo de oración, ya sea personal o comunitaria? ¿Estamos designando tiempo de nuestro día para pasarlo con nuestro Señor? ¿Es siquiera una prioridad?

El video que les traemos hoy corresponde a un spot publicitario de On-running, una marca para deportistas. En él, se habla de la importancia de tomarse una pausa, justamente para mejorar nuestro rendimiento y capacidad de respuesta.

Por supuesto, esta idea no solo se aplica a nuestro cuerpo, sino que es esencial para nuestro espíritu. A continuación, comentaremos algunos elementos apostólicos que podemos valorar de este video.

«Cuando nos comprometemos al descanso, nos comprometemos al desempeño». Suena casi contradictorio, pero es -en realidad- una paradoja de la vida. Nuestro cuerpo, mente y alma necesitan descansar para funcionar plena y correctamente.

Hablando desde el lado neurológico, dormir bien es tan o más importante que tener el colesterol controlado. Ser disciplinados con nuestro sueño nos permitirá tener un mejor sistema inmunológico y salud mental.

¿Queremos ser eficientes en nuestro trabajo? Una de las mejores maneras de lograrlo es ser disciplinados con el horario y calidad de sueño. Dejar el celular – pues la luz de la pantalla afecta nuestra melatonina, una hormona que nos permite descansar adecuadamente -, apagarlo todo y, simplemente, dormir.

Si en algún momento la ansiedad nos invade y tenemos la tentación de pensar que es mejor avanzar a pesar de tener la mente y alma cansadas, recordemos lo que nos dice nuestro Señor en el salmo 127: «En vano te levantas tan temprano y te acuestas tan tarde, y en procurar el pan tanto te afanas, cuando Él colma, en el sueño, a sus amigos».

La confianza en nuestro Dios nos permite descansar

Esto nos lleva a pensar: ¿Nos hemos detenido a preguntarle a nuestro Señor si estamos haciendo Su voluntad? Si vivimos nuestra fe seriamente, veremos crecer nuestra confianza en Él.

La confianza combate la ansiedad, pues sabremos que estamos en Sus manos y bajo Su mirada cariñosa. No hay por qué temer. No hay por qué afectar otros aspectos de la vida, trabajando -tal vez- inútilmente en algo que en realidad no es lo más conveniente.

Ya lo decía el gran santo y doctor de la iglesia, San Agustín de Hipona: «Señor, si mis planes no son los tuyos, destrúyelos». En las escrituras vemos algo parecido en el Antiguo Testamento: «Si no vas con nosotros, no dejes que nos movamos ni un paso de este lugar» (Ex 33, 15).

El sacerdote Bernardo Hurault comenta al respecto:

«El creyente vive su vida de cada día. No elimina el tiempo de la oración, de la convivencia familiar, de la participación en la comunidad cristiana, ni gasta su salud acumulando horas de trabajo.

Sabe que las familias que tienen más entradas no son siempre las que llegan mejor al fin de mes, y que el hogar más adinerado no es dónde se vive más feliz. El Padre nos pide que trabajemos, pero también nos impuso la ley del descanso. Todo esto aplica también en la labor del apostolado: acción humana, propaganda y medios materiales no reemplazan la gracia de Dios.

Lo que se construye sin Dios, fracasará. – Y de nada sirve gastar nuestros días y nuestros años en busca de mil cosas, adelantos y comodidades, si, con esto, pasamos ciegos e insensibles entre tantos hallazgos y alegrías que nos reserva el momento presente».

Fijémonos entonces en la importancia de no perder la brújula ni nuestra línea de vida, aquella que representa para nosotros la vida de oración. A veces, so-pretexto de querer ser más productivos, sacrificamos aquello que nos permite tener la luz de saber hacia dónde dirigir nuestro esfuerzo.

Descanso o evasión

¿Y qué pasa si nuestro problema no es tanto que nos dejamos absorber por el trabajo, sino todo lo contrario? ¿Qué pasa si tenemos hambre de descanso, pero en realidad no logramos alcanzarlo?

La página VaticanNews reporta la catequesis que nuestro Papa Francisco hace al respecto:

«Descansar no es fácil porque hay un descanso falso y un descanso verdadero, ¿cómo reconocerlos? Se debe distinguir entre el verdadero descanso y la evasión, tan común en nuestros días. Hoy se intenta evadir la realidad buscando una diversión que oculte nuestro descontento».

El Papa Francisco reflexionó acerca de la sociedad de hoy, «sedienta de diversión y de vacaciones, con una publicidad que diseña el mundo ideal como un gran parque de juegos donde todos se divierten», cuya «imagen modelo» es la de una persona de éxito que puede permitirse amplios y diversos espacios de placer.

Esta es «una mentalidad que hace caer en la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y fuga de la realidad. ¡El hombre no ha descansado nunca tanto como hoy y, sin embargo, el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy!».

El descanso visto desde otra luz

En el tercer mandamiento, nuestro Dios nos muestra en otra luz lo que es el descanso, que es «la contemplación y la alabanza. Al descanso como fuga de la realidad, el Decálogo opone el descanso como bendición de la realidad».

«Para nosotros cristianos, el día del Señor es el domingo, y en la eucaristía, que significa ‘dar gracias’, se encuentra el culmen de esa jornada de contemplación y bendición, en la que acogemos la realidad y alabamos al Señor por el don de la vida, dándole gracias por su misericordia y por todos los bienes que nos concede».

El reposo es el momento propicio para la reconciliación

El Papa nos advierte sobre cuán fácil es doblegar el corazón a la infelicidad, subrayando los motivos de descontento, mientras que, en cambio, la bendición y la alegría implican una apertura al bien. Un bien que no se impone, sino que se elige, como la paz.

«La verdadera paz no es cambiar la propia historia, sino acogerla y valorizarla. (…) el reposo es también un momento propicio para la reconciliación, para confrontarnos con las dificultades sin escapar de ellas, para encontrar la paz y la serenidad de quien sabe valorizar lo bueno que tiene, incluso en el lecho del dolor o en la pobreza».

Descanso y Compasión

De hecho, «solo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades», dice el Papa.

«Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo. Si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos».

Dios nos conceda la gracia de confiar en Él, no dejarnos llevar por el eficientismo, sino que escuchemos y confiemos en Su voluntad para que podamos discernirla y trabajar por ella.

Así, podremos destinar momentos de descanso, reflexionar acerca de nuestra propia vida, agradecer por ella, confrontarnos y, finalmente, experimentar alegría y paz.

Es allí donde alcanzaremos el verdadero descanso. La capacidad de hacer una pausa en nuestra rutina nos dará la posibilidad también de detenernos para fijarnos en nuestros hermanos, estar despiertos a las realidades que nos rodean y ser compasivos con los demás. Así sea.