qué es el bien

En medio de un mundo en constante cambio y con desafíos interminables, los cristianos tenemos la responsabilidad de llevar la luz de Cristo a cada rincón donde caminamos. No es simplemente un llamado, sino una misión que alcanza hasta nuestras acciones más pequeñas, eligiendo el bien.

Por eso te invito a ver este video que nos ayuda a explorar cómo nuestras acciones pueden afectar a los demás y acercarlos a Jesús.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Hasta que no nos detenemos a pensarlo, no nos damos cuenta de que cada elección, cada palabra y cada acción que tomamos tienen el potencial de influir en la vida de los demás, ya sea de manera positiva o negativa.

En la carta a los Romanos, San Pablo nos insta a «no nos cansemos de hacer el bien» (Gálatas 6, 9). Esto nos recuerda que nuestras acciones pueden plantar semillas de amor, esperanza y compasión en el corazón de quienes nos rodean. O todo lo contrario…

Debemos ser conscientes de que nuestras elecciones pueden tener consecuencias negativas. Un comportamiento inapropiado, palabras hirientes o acciones egoístas pueden oscurecer la luz de Cristo en lugar de iluminarla. Nuestra tarea es actuar con la conciencia de que nuestras acciones tienen un impacto en la percepción que otros tienen de Él.

Todos tenemos una misión

Cada uno de nosotros, como cristianos, tiene una misión específica en este mundo. Jesús nos encomendó esta misión cuando dijo: «Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones» (Mateo 28:19).

Esto es mucho más que un simple llamado; es una responsabilidad. Debemos reconocer que no estamos aquí por casualidad, sino que somos agentes de la gracia de Dios en el mundo.

Nuestra misión se extiende a todas las áreas de la vida: en nuestras familias, lugares de trabajo, comunidades y en todas nuestras interacciones diarias. Al reconocer nuestra misión, nuestras acciones cobran un propósito más profundo y significativo.

No estamos aquí solo para satisfacer nuestros propios deseos y necesidades, sino para ser portadores de la luz de Cristo en cada lugar que pisamos.

¿Escogerías dar alegría o tristeza?

Nuestras acciones tienen el poder de traer alegría o tristeza a la vida de los demás. Cuando vivimos de acuerdo con los principios del amor, la compasión y la justicia que Cristo nos enseñó, podemos contribuir al bienestar de quienes nos rodean. Nuestras acciones pueden ofrecer consuelo, esperanza y felicidad a quienes están en nuestra vida.

Por otro lado, cuando elegimos el mal, cuando actuamos de manera egoísta, insensible o dañina, causamos dolor y sufrimiento a los demás. Debemos ser conscientes de que nuestras acciones no solo nos afectan a nosotros mismos, sino que tienen un impacto directo en la felicidad y el bienestar de quienes nos rodean.

Es un recordatorio de que, como cristianos, estamos llamados a ser portadores de la alegría de Cristo en un mundo que a menudo necesita desesperadamente esa alegría.

¿Qué es el bien y qué tiene que ver con la libertad?

La libertad es uno de los dones más preciosos que Dios nos ha otorgado. Nos da la capacidad de elegir entre el bien y el mal, entre el amor y el egoísmo. Sin embargo, esta libertad conlleva una gran responsabilidad. Cuando elegimos el mal, nos volvemos esclavos de nuestras malas elecciones. Nos alejamos de Dios y nos sumergimos en una amargura y tristeza.

Por otro lado, cuando elegimos el bien, experimentamos la verdadera libertad que proviene de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Elegir el bien nos libera de las cadenas del pecado y nos acerca a la alegría y la paz que solo Cristo puede ofrecer.

En lugar de ser esclavos de nuestros impulsos y deseos egoístas, nos convertimos en agentes de amor y misericordia en el mundo.

Como cristianos, tenemos la responsabilidad y el privilegio de llevar la luz de Cristo a todos los lugares donde vamos. Reconocer nuestra misión en el mundo nos infunde un propósito divino en todo lo que hacemos.

Debemos recordar que nuestras acciones tienen el poder de traer felicidad o tristeza a las personas que encontramos en nuestro camino. Finalmente, la libertad de elección que Dios nos ha dado nos insta a elegir el bien, para no convertirnos en esclavos de nuestras malas elecciones, sino en portadores de la luz de Cristo y de la verdadera libertad que Él ofrece.