
El otro día encontré un reel en Instagram que hablaba del arrepentimiento, sobre qué tan válida podría ser la expresión de «yo no me arrepiento de nada».
Una frase que probablemente se ha puesto de moda, porque hay en el ambiente esa sensación de que «es mejor pecar por exceso que por defecto». «Si hemos de vivir, que sea a tope, sin detenernos a pensar en las consecuencias».
Pero Bear Grylls, autor de ese mensaje que te dejo por aquí , lleva la reflexión a otro nivel, así que veamos algunos puntos que menciona.
Una reflexión sobre el arrepentimiento
En primer lugar, nos invita a pensar si podríamos ser tan radicales para afirmar que no hay nada de lo que nos arrepintamos, pues muchas de nuestras acciones u omisiones podrían haber lastimado a alguien, por lo que hubiéramos querido actuar de otra manera.
En segundo lugar, nos recuerda que la perfección es casi un espejismo, porque todos hemos fallado alguna vez, así que el fracaso es algo de lo que no deberíamos sentirnos apenados, ya que lo que realmente interesa es lo que hacemos para levantarnos.
Y en tercer lugar, llama la atención sobre el poder del perdón de Dios, que es capaz de borrar nuestro pasado y nos da la oportunidad de empezar con un corazón limpio.
¿Entonces qué será mejor, arrepentirse o no? Porque además, para que nos quede claro, el arrepentimiento, como lo define la Real Academia Española, es «sentir pesar por haber hecho o haber dejado de hacer algo». Así las cosas, es un sentimiento complejo que vale la pena tomar con pinzas.
Empecemos por la utilidad que tiene el arrepentimiento, porque sí, hay que reconocer que podemos encontrarle provecho. Aquí te dejo algunas opciones.
El arrepentimiento nos ayuda a mantener un corazón de carne
Sentir dolor en nuestro interior por lo que pudimos haber hecho mal o dejado de hacer nos permite mantener un corazón abierto ante el dolor del otro, cuidar nuestras palabras y acciones, porque somos conscientes de que desde nuestras propias heridas podemos lastimar al otro.
Esa incomodidad que a veces el mundo intenta esconder es justamente lo que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros y a sentirnos responsables del mundo en el que coexistimos.
Sentirnos necesitados del perdón y la gracia de Dios
Experimentar arrepentimiento nos permite reconocer que nos hemos alejado de Dios. El dolor que sentimos nos mueve a buscar su perdón, no por miedo, sino por amor a Él. Queremos restaurar nuestra relación y para ello acudimos al sacramento de la reconciliación.
Además, nos da la oportunidad de agradecer su misericordia, porque a pesar de las múltiples caídas Él siempre está dispuesto a perdonar nuestras faltas e infundirnos su gracia para hacer de nosotros hombres nuevos.
No confiarse del «mañana»
El arrepentimiento puede enseñarnos a no postergar las cosas para mañana, porque tal vez no haya una nueva oportunidad de realizarlas.
De alguna forma le imprime a nuestra vida un sentido de urgencia que, bien administrado, nos motiva a perseguir nuestros sueños, por difíciles que parezcan, y a compartir nuestro tiempo con quienes queremos sin excusas.
Como dice el sabio refrán «de los errores se aprende», y sentir pesar por lo que hicimos mal nos conduce a hacer un proceso de reflexión importante para reconocer en qué fallamos, tomar los correctivos necesarios e incluso pedir disculpas a quienes hayamos ofendido con nuestras acciones. Sin duda, aporta a nuestro crecimiento personal.
También podemos trabajar los siguientes aspectos para no volvernos presa del arrepentimiento y vivir con mayor plenitud.
1. Cultivar el discernimiento
Desarrollar la capacidad para evaluar si es mejor abstenerse de hacer algo o no, nos va a permitir actuar en bien de nuestra evolución personal y sin ocasionar algún daño directo a los demás. Es claro que el margen de error siempre va a existir, pero tendremos la tranquilidad de que discernimos con cuidado qué sería lo más correcto.
Si las cosas no se dieron como esperábamos y surge el arrepentimiento, tendremos la oportunidad de descubrir el aprendizaje que nos ha dejado. Para ello, siempre que vayas a tomar alguna decisión importante, arrodíllate frente al Santísimo. Pídele que te ilumine con su gracia para actuar según la voluntad de Dios.
2. Enfocar correctamente la libertad
Una libertad bien encaminada nos ayudaría a vivir a plenitud. Eso irá disminuyendo el arrepentimiento, producto de aquello que dejamos de hacer por temor al fracaso, por no creernos capaces o por miedo al qué dirán.
Si la libertad está orientada por Dios y todo lo que haces apunta a tu encuentro con Él, puedes confiar en que vale la pena tomar riesgos. Porque Él está de tu lado y será quien te dé la fuerza, la capacidad y la persistencia.
3. Estar atentos a lo que sentimos
Aquí es importante realizar un examen de conciencia diario. Te permitirá tener claridad sobre cómo actuaste en el día y qué cosas te hubiera gustado hacer mejor. Cada uno tenemos una sensibilidad diferente, mediada por nuestras experiencias, manera de crianza, valores y creencias.
Pero lo clave es aprender a escuchar al corazón y, en esta tarea, el Espíritu Santo puede darte la agudeza que necesitas. Pídele que te muestre lo que te aleja del amor de Dios y te dé la fuerza para apartarte de eso.
4. Ponerle un límite de tiempo a los arrepentimientos
No podemos arrepentirnos infinitamente de cosas que hicimos o no. Anclar la mirada al pasado no nos permite mirar con esperanza el futuro y nos paraliza el presente.
Así que, si hay algo de lo cual te arrepientes porque causaste daño, por ejemplo, trata de realizar alguna acción de reparación, bien sea directamente con quien lastimaste o indirecta, si no te es posible ponerte en contacto con la persona involucrada.
Si el arrepentimiento es por omisión, pues te quedan dos caminos. O buscar los medios para realizar lo que anhelabas o aceptar que eso que querías ya no es posible realizarlo e indagar cuál era la verdadera motivación que tenías para encontrar alguna otra opción de llevarla a cabo.
Pide la intercesión de la Virgen María. ¡Ella supo guardar tantas cosas en su corazón! Que sea ella quien te tome de su mano y conduzca tus planes hacia Dios.
5. No juzgarnos con el espejo retrovisor
Hay que tener en cuenta que actuamos en el momento con lo que sabemos, somos y creemos. Es evidente que, con el paso del tiempo, si miramos hacia atrás sintamos arrepentimiento por la forma en la que actuamos algunas veces.
Pero no tiene sentido juzgarte y decirte «ojalá no hubiera hecho esto o aquello». Ahora tienes recursos diferentes e interpretas las cosas de manera distinta. Así que sé compasivo contigo mismo, abraza a esa versión anterior y reconoce cómo has crecido.
Recordemos el amor con el que Jesús trató a tantas personas que no llevaban vidas correctas. Pero que experimentaron por su gracia la bendición de nacer de nuevo.
6. Cumplir los propósitos de enmienda
Si ya tienes claro en lo que estás fallando, debes desarrollar acciones puntuales que te permitan ir mejorando en esos aspectos. Se trata de salir del «círculo vicioso» y lograr cambios, así sean pequeños.
Si, por ejemplo, lo que más te produce arrepentimiento es no saber disfrutar del tiempo en familia, puedes ajustar un espacio en la agenda destinado a tal fin y así comprometer a todos los miembros. Puedes ayudarte de algún santo que haya vivido situaciones difíciles para que te acompañe y te sirva de inspiración.
Como ves, el arrepentimiento tiene muchas aristas que vale la pena tomar en cuenta. Así que te invito a que enfrentemos nuestros arrepentimientos y los trabajemos para ser un mejor reflejo de Jesucristo.
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Gracias por tan buena reflexión, justo lo que necesitaba en este momento… y lo mucho que necesito nuevamente el perdón de Dios en mi vida, Dios me ayude para llevar a cabo este anhelo y deseo que tengo de El…
Que bonita reflexión