Todos hemos escuchado o conocido a personas que dicen ser misioneras. De inmediato pensamos en sacerdotes, religiosas o laicos que tienen esta vocación, y caemos fácilmente en el error de creer que la misión es solo para estas personas, aquellas que sienten un llamado especial. Pero la verdad es que no existe diferencia alguna entre un sacerdote o religioso misionero y uno diocesano, ya que todos los bautizados recibimos el llamado a ser misioneros de una u otra forma, aunque no nos dediquemos explícitamente a ello, nuestra vida es una misión que lleva a muchos el Evangelio de Cristo.

Dado esto, queremos reflexionar sobre tres puntos acerca de la acción misionera de la Iglesia, recuerda que todos somos Iglesia.



1. ¿Qué son las misiones en la Iglesia? ¿de dónde nacen?

La misión en la Iglesia nace en Jesús, pues es Él quien al encarnarse y empezar a predicar por los pueblos aledaños, comienza a hacer misión y en esa propagación de la Palabra de Dios, llama a unos hombres (los apóstoles) para que con sus vidas también sean partícipes de esta labor misionera, y con ellos todos los discípulos que siguen y escuchan al Maestro a quienes les invita a tomar su Cruz y seguirle.



Por tanto, la misión es llevar con la vida, los actos, las palabras, los gestos y los signos, la Palabra de Dios a todos los lugares del mundo y allí poner la semilla del Reino de Dios que es, en palabras del papa Benedicto XVI, el mismo Jesucristo.  

2. ¿Por qué la Iglesia es misionera?

La Iglesia es misionera porque Cristo nos ha dicho:  «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Por ende, todo los bautizados estamos en un constante llamado a hacer misión, pues al tener un encuentro con el Señor nuestro corazón se llena de alegría y esta debe ser compartida con todo aquel que se nos cruce en el camino. Estamos llamados a no apropiarnos de ese gran amor que Cristo nos tiene, sino a llevarlo al mundo entero.

3. ¿Por qué deberías ir por lo menos una vez en tu vida de misiones?

Hacer misión no es solamente ir a lugares donde no se conoce la persona de Jesús, o aquellos lugares marginados o poco desarrollados, no, hacer misión no es solo eso. Hacer misión es ir al corazón del otro, hacer misión es contagiar una sonrisa, es compartir un saludo, escuchar a quien necesita ser escuchado y compartir nuestro consejo con quien lo pide ¿de qué sirve ir hasta el confín del mundo anunciando el Evangelio, si no sabemos siquiera el nombre de nuestro vecino?

Todo bautizado debe hacer de su vida misma, una misión, una constante acción evangelizadora, y por supuesto, siempre que sea posible, vivir una experiencia de misión en lugares donde no se conozca al Señor.

Te invito a preguntarte en este día ¿tu vida ya es Evangelizadora?, ¿haces misión en tu familia, vecindario, empleo, estudio, parroquia? Recuerda que quien da, en realidad recibe, da de tu fe y ésta aumentará.