Cuando los Reyes de Oriente llegan a Jerusalén y preguntan dónde debía nacer el rey de los judíos, su presencia causa una gran conmoción. Herodes no lo sabía, pero consultó rápidamente a los sacerdotes y escribas, quienes le contestaron que en Belén de Judá. Así lo decía una antigua profecía de Miqueas. No era la única profecía en torno al nacimiento del Mesías. De hecho, los profetas desde muchos siglos antes del nacimiento de Jesús habían anunciado la venida del Salvador, dando detalles bastante precisos.

La comprensión que podían tener de las profecías probablemente no era total, pues Dios siempre nos sorprende y va más allá de lo que podemos imaginar. ¡Veamos algunas de estas profecías y qué nos enseñan!



1. El Mesías nacerá en Belén – Miqueas 5,1-4

Belén era una aldea pequeña, a poca distancia de Jerusalén. Que sea un lugar tan humilde y sencillo donde Jesús nace nos dice mucho de qué cosas Dios considera importantes. No le interesa la gran metrópoli, ni los honores, ni la alcurnia. Se muestra mejor en la sencillez que permite ver lo importante. Otra fineza de Dios: Belén significa Casa del Pan. ¡Qué nombre tan profético para recordarnos que Él será nuestro alimento!



2. Nacerá de una Virgen y se le pondrá por nombre Emmanuel – Isaías 7,14

Es la señal que se le da al rey Acaz cuando prefiere confiar en los hombres que en Dios. ¡Que increíble es el poder de Dios y cómo supera la imaginación humana! Isaías no lo sabía, pero ese niño no solo nacerá de una Virgen, sino que será el mismo Dios. Supo que se llamaría Emmanuel, que quiere decir: Dios-con-nosotros, pero seguro no sospechaba hasta que punto estaba Dios dispuesto a unirse al destino de la humanidad. Dios no es un ente cósmico impersonal, sino una persona con nombre que nos ama y se da enteramente por nosotros.

3. Será descendiente de David y traerá la reconciliación- Isaías 11,1-9

El Mesías nacerá del tronco de Jesé, y estará lleno del Espíritu de Dios. El cordero pacerá con el león, y el niño no tendrá miedo de los animales salvajes. Será un tiempo de paz, donde se sanarán todos los odios y rencores, todas las rupturas, y todo tendrá la armonía que brota del conocimiento y la presencia de Dios.

¿Qué nos enseñan las profecías?

¿Qué aprendizaje podremos obtener de estas profecías? Estas son cuatro enseñanzas que pueden iluminar nuestra vida no solo en época de Navidad, sino en cualquier otro momento de nuestra vida en el que tengamos que recordar que Dios, permanece fiel a su Palabra.

1.Dios no se deja llevar por la prisa

Sus tiempos son usualmente largos… pero perfectos. En un mundo que quiere todo instantáneo, las profecías sobre Jesús nos enseñan que Dios preparó a lo largo de siglos el nacimiento del Salvador. Dios se tomó su tiempo para educar y preparar a la humanidad. ¿Qué nos dice esto a nosotros que queremos todo inmediatamente?

2. Nos enseñan a prepararnos 

Lo bueno, lo que de verdad vale la pena, toma tiempo. Preparar el corazón significa poder valorar el don que se nos da, así como estar listo para acogerlo. Si no lo valoro, no podré acogerlo, y será tristemente como con aquellas perlas que se arrojan a los cerdos (Mt 7,6). Dios nos ofrece el tiempo para prepararnos y para acoger su don.

3. Dios siempre cumple sus promesas 

Así lo ha hecho siempre… y nosotros todavía a veces desconfiamos de sus palabras. El problema no es que no creamos en Dios, sino que no creemos que cumplirá lo que nos promete.

4. Como Dios siempre cumple, podemos confiar en El 

Ese es precisamente el motivo de nuestra esperanza. Nuestra paciencia no es un simple aguantar, pensando «positivamente» que algún día todo mejorará. Nuestra paciencia está llena de esperanza, pues sabemos sin duda que Dios nunca nos falla, y que cumple todo lo que promete. Y lo que promete es maravilloso, superando cualquier cosa que podamos imaginar

Miren esta promesa de Dios, una profecía para nuestro futuro: «Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! … Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado todavía lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es» (1Jn 3,1-2).

¡Preparemos nuestro corazón con alegría y esperanza porque Dios cumple lo que promete! El nacimiento de Jesús nos los confirma: Dios nos ama infinitamente.