En el tiempo de Pascua, Jesús envió a dos de sus discípulos con el encargo de buscar a un hombre que les mostraría la sala «amueblada y arreglada» para que preparen allí la última cena. Ellos fueron y encontraron todo tal y cómo el Señor les había dicho (Mc 14, 13-16). 

Este pasaje del Evangelio de Marcos me hizo pensar que Jesús compartió con nosotros su humanidad y uno de los gestos que tuvo fue planificar y estar pendiente de todos los detalles para hacer sentir a sus discípulos acogidos, tal como se puede ver en esa escena. 

¿Qué mejor ejemplo podemos tener que el de Jesús? El no dejaba de lado la organización del tiempo.

Cada uno de nosotros experimenta en su día a día esa necesidad de cumplir bien con los distintos roles que tenemos como hijos, padres, hermanos, trabajadores, etc. y a veces sentimos que el tiempo no alcanza.

Podemos aprender a planificar nuestro tiempo para aprovecharlo al máximo y poder desplegarnos en donde sea necesario.

Pensando en esto, quiero dejarte algunos consejos que contribuyan a la organización del tiempo que tienes disponible y aportar a una vida más equilibrada que contribuya a tu felicidad y a tu amor por los demás: 

1. Definir nuestro propósito

organización, ¿Qué tienen que ver la organización del tiempo y la productividad con nuestra vida cristiana? 6 consejos que pueden ayudarte

El primer paso para organizar nuestro tiempo, así como encontrar el balance de nuestra vida es conocer mejor nuestro propósito y nuestras metas. 

Un ejercicio que puede ayudar muchísimo es analizar qué nos ha funcionado en el pasado y con qué soñamos para el futuro, de esa manera podremos definir mejor qué queremos para nuestro presente, que es finalmente el único tiempo del que disponemos.

El Papa Juan Pablo II, lo resumió muy bien en esta frase: «recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro» (Carta Apostólica Novo Milennio Ineunte). 

2. La organización del tiempo y el conocerte mejor

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Este segundo punto está muy relacionado con el primero, porque para descubrir nuestro propósito y para crear un sistema de organización que nos funcione bien, primero debemos conocernos. Es esencial entender cuáles son nuestras capacidades y cuál es el contexto y la realidad en la que nos desenvolvemos. 

Algo que nos puede ayudar, para conocernos mejor, es entender qué áreas componen nuestra vida (el área personal, familiar, espiritual, laboral, académica, etc.) y dónde queremos poner nuestras prioridades en este momento. 

No podemos dejar de lado el hecho de que somos personas y, por lo tanto, somos seres integrales. Es decir que si algo no funciona a nivel físico, va a influir directamente en el emocional, espiritual y psicológico. Por lo que tenemos que intentar avanzar con todas estas partes que conforman nuestro ser. 

3. Tener buena actitud y buscar el sentido mayor

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Hay muchos factores externos que no podemos controlar, pero que de igual forma afectan nuestra vida. Por ejemplo, una enfermedad, una pérdida, una situación de desempleo, un desastre natural y muchos otros factores que cambian nuestra realidad y nos hacen sufrir.

Es verdad que no podemos cambiar nada de eso, pero lo que sí está en nuestro control es la actitud con la que enfrentamos los sufrimientos o situaciones difíciles. Y una de las maneras en las que podemos responder a ello, es enfrentar la situación reorganizando nuestra vida y teniendo presente nuestro propósito mayor. 

Lo más importante de todo es que, como católicos, podemos identificarnos con Cristo, quien abrazó su Cruz por el propósito más grande de la historia: salvar a la humanidad. Así que si nosotros le damos sentido a esos sufrimientos y en oración, le pedimos al Señor su gracia, a la vez que actuamos con la libertad que Él nos regaló, entonces podremos mejorar el rumbo de cualquier situación que la vida nos presente. 

4. Cultivar buenos hábitos y virtudes

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En la historia de la humanidad, al ser humano siempre le ha intrigado el tema de los vicios y las virtudes. Los filósofos griegos invertían mucho tiempo en esta reflexión y todas las generaciones siguientes nos hemos encontrado con preguntas similares. Nosotros también estamos en una búsqueda constante de mejorar y ser más virtuosos. 

Los buenos hábitos se cultivan día a día. Normalmente, no son cambios radicales, porque no podrán perdurar en el tiempo, son más bien pasos de hormiga que nos llevarán a ver cambios con tiempo y paciencia. De igual forma, si cultivamos malos hábitos, estos se verán reflejados en el futuro y tendrán consecuencias negativas en nuestra vida.  

Los buenos hábitos instalados se convertirán en virtudes. Al cultivar virtudes, también lograremos tener una convivencia más sana y positiva con las personas que nos rodean, porque nosotros estaremos más en paz.  

5. Enfocarnos en lo importante

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Por el contexto de inmediatez en el que vivimos ahora, donde todo parece que tiene que ser rápido y tenemos que satisfacer inmediatamente nuestras necesidades, sentimos una presión enorme de cumplir también nuestras obligaciones a ese ritmo y eso puede ser agotador.

Todo el día recibimos estímulos que facilitan la distracción y no nos ayudan a cumplir bien nuestras obligaciones. El consejo más importante en este campo es identificar cuáles son las principales distracciones que nos afectan, para eso es importante volver al punto 2 sobre conocernos mejor y al punto 1 de tener un propósito definido que sea una brújula de hacia dónde debemos ir. 

Una vez que identifiquemos qué nos distrae, podemos tomar acción, construyendo buenos hábitos que nos lleven a enfocarnos más en la tarea que estamos haciendo en ese momento. Hay muchos estudios científicos que demuestran que nuestro cerebro no es capaz de hacer «multitasking» o varias tareas a la vez, por lo que trabajar en bloques de tiempo y con enfoque, es la mejor forma de hacerlo.   

6. La meta es la felicidad y el cielo

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Todos los puntos anteriores se conectan finalmente en dos grandes resultados: ser felices en la tierra y llegar al cielo. 

El conocimiento interior, nuestra relación con Dios y los demás, el sentido sobre natural de nuestros propósitos, cultivar virtudes y enfocarnos en lo importante, nos llevarán a tener una vida más equilibrada, tranquila y feliz en este mundo.

Pero sobre todo, serán esas herramientas y acciones de cada día las que nos ayuden a crecer en santidad y finalmente nos guíen al Cielo, nuestra aspiración última como cristianos. 

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