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Jesús dijo, “Yo soy el Pan de Vida. Nadie que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.” Para ayudarnos a ir a Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía,  la Iglesia nos presenta diversas formas de devoción, como la adoración ante el Santísimo Sacramento, la exposición y bendición, la devoción de las Cuarenta Horas, procesiones eucarísticas, Congresos Eucarísticos y una observancia especial de la Solemnidad de Corpus Christi

Todas estas devociones, que se centran en el Santísimo Sacramento, ayudan nuestra unión espiritual con el Señor, para no tener hambre, para no tener sed. Reafirma el Concilio Vaticano II que en la Santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo, que por su Carne vivificada y que vivifica por el Espíritu Santo, da vida a los hombres. 


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Con la Procesión Eucarística Procesión es el mismo Señor que sale a nuestro encuentro, se mete en nuestra ciudad, en nuestros caminos, en nuestra vida. Pero sobre todo en la comunión, por eso vale la pena cuidar mucho ese momento, como se nos explica en este enlace.

La historia de la procesión del Santísimo Sacramento

El Papa Urbano IV movido por varios prodigios eucarísticos, y a petición de muchos obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia, otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio. Muy pronto la festividad se acompañó de una procesión.

La procesión del Corpus Christi tuvo su origen en el último tercio del siglo XIII. A principios del siglo XV llegó a generalizarse. Se fue incorporando primero solo dentro del Templo y luego por las calles de las ciudades. Se suelen hacer calles de flores, y cantos apropiados para acompañar al Señor. Es una verdadera fiesta donde se respira piedad y cariño. 

Es una procesión donde se acompaña al Señor Sacramentado en medio de las calles de la ciudad, transcurre en medio de una intensa atmósfera de música, cantos, aromas y acogimiento. Las calles se cubren con los antiguos toldos que proceden de los gremios de tejedores y sederos. La custodia es el centro del cortejo, pues porta el Corpus Christi en cuyo honor se organiza todo. 

Las alfombras florales, una ofrenda a Dios

Las calzadas se salpican de plantas olorosas (cantueso, romero, tomillo). Los propietarios de las casas por donde va a pasar la Procesión adornan sus balcones con reposteros, banderas y otros ornamentos apropiados que representan, de alguna manera ese anhelo de agradar a Dios.

Usualmente, la catedral y las iglesias parroquiales también se ven engalanadas durante estos días especiales. En algunos sitios, incluso son adornadas algunas calles contiguas a las del paso de la procesión, así como los patios de las casas particulares. 

La Procesión es una muestra más de ese deseo profundo del alma de estar cerca a Dios, de ese Dios que se ha hecho hombre y se ha quedado en la Eucaristía para que nos alimentemos y le adoremos, porque desea estar siempre con nosotros, como lo hacía con sus discípulos. En esta meditación aprenderás más acerca de cómo visitar a Jesús y  aprovechar mejor de esos momentos, dale clic aquí

 

Para resolver dudas @p.juancarlosv

 

procesión, Serie Adoración Eucarística. Procesión del Santísimo (Segunda Entrega)