”teologia_del_cuerpo”
”teologia_del_cuerpo”

Desde hace un buen tiempo llegan a mi muro de Facebook una serie posts que tienen títulos similares a estos: «soy la mamá de una niña que no necesitará que la salve un príncipe», o «mi hija crecerá sin princesas, sin rosado y sin príncipes azules».

Las ideas son válidas, entiendo que a las mujeres nos ha sido (y aún nos es) difícil encontrar nuestro lugar (o mejor dicho recuperarlo) en la historia; que hemos sufrido injusticias y que aún las sufrimos; que todavía existen lugares en donde las niñas por ser mujeres no pueden acceder a la educación; que ingenieras de minas no puedan ingresar a algunos socavones por prejuicios, mitos y falsas creencias; que muchas sufran acoso en el trabajo y no lo denuncien por temor a perderlo. Todo eso lo entiendo, créame que lo entiendo y también lo denuncio. Yo alguna vez fui una ingeniera que tuvo que enfrentarse con llave de tuerca en manos a algún operario al que seguramente su mamá y su papá no le enseñaron buenos modales y cómo es que se debe tratar al prójimo, especialmente si ese prójimo es una mujer. Pude defenderme sola cuando fue necesario, aunque debo admitir que eso de la soledad absoluta no es totalmente cierto. Si crees en Dios, sabes a lo que me refiero.

Dicho esto necesito explicar el por qué yo sí quisiera que mi hija crezca esperando no solo a un príncipe, sino a un rey.

1. Todos necesitamos ser rescatados. No hay nada de malo en eso

Perdón que no esté de acuerdo con esto de “yo puedo sola y no necesito de nadie”. Pero esto de criar niñas autosuficientes no me termina de convencer. Por un lado, es verdad que hay que enseñar a ser proactivo, a hacerse cargo de la vida, a ser responsable por las cosas que uno hace, a aprender a adaptarse a los cambios y tener una mente dispuesta a resolver problemas. Todo esto es muy positivo, pero de ahí a criar niñas que piensen que no necesitan de nadie más que de ellas mismas y sus propios méritos, francamente me parece un engaño. ¿Qué va a pasar cuando necesiten pedir ayuda? Cuando estén en esas situaciones (de la que ninguno se salva) en que la propia moral no ayuda, que las capacidades fallan, que lo físico se agota y ponemos la vida en riesgo. Todos alguna vez necesitamos ser rescatados, necesitamos de alguien que nos tienda la mano y nos ayude a encontrar de nuevo el camino. Más aún como cristianos, cómo puedo enseñarle a mi hija sobre Cristo, su salvador, si rechaza la ayuda del prójimo, si cree que ella misma es suficiente para conquistarlo todo, incluso la propia santidad. Una vez alguien me dijo: «tal vez la santidad no exista y lo que exista en realidad sean las amistades santas». Con esto quería decir que la santidad necesita de otros. La relación con el prójimo es algo ineludible en la vida. Sea para conquistar el éxito, sea para conquistar la santidad.

2. El trato no solo digno sino especial, preferente y exclusivo es algo más que lo que te ofrece VISA o Mastercard

A ver, si me pongo a formar una niña que piense que todo lo va a conseguir por sí misma, y que el trato especial, preferente y exclusivo solo lo va a lograr cuando califique para una tarjeta platinum, entonces mi labor como madre será un fiasco y la de mi esposo como padre también. Que un hombre trate a una mujer, sobre todo si dice amarla, de  una manera especial, si cuida de ella, si es detallista, si la protege y la trata mejor que a nadie… !no tiene nada de malo! Es más, es lo que debería esperar de alguien que la ame. Las relaciones “igualitarias” están siendo mal entendidas. Igualitarias en dignidad, sí, pero eso no implica que las atenciones (mutuas) hagan de uno de ellos más o menos o lo pongan en ventaja o en deuda con el otro. Mi hija tiene que esperar que la traten de una manera especial, de una manera exclusiva porque ella ha elegido y también la han elegido.

3. Es verdad que puedes hacer todo lo que te propongas. Pero siempre necesitarás de alguien al lado

De las capacidades de la mujer nadie puede decir nada en contra en nuestros días, las mujeres somos absolutamente capaces de lograr cosas grandes. Estudiar lo que nos propongamos, ejercer, ser exitosas, y que la maternidad no se opone a todos estos sueños. Todo esto es posible, pero siempre necesitarás de alguien que te ayude, que te empuje hacia arriba, que te corrija cuando te equivocas, que se preocupe por ti, no solo en lo intelectual sino sobre todo lo personal. Muchos dirán que esa es labor de los padres, pero nos olvidamos que aunque nuestra labor nunca acaba, cuando los hijos salen de casa necesitan de otros y necesitan estar abiertos a recibir como también a darse. Y eso no tiene absolutamente nada de malo. Más aún si su vocación es la del matrimonio.

4. El ser mujer es algo maravilloso. Sin embargo sin lo masculino lo femenino pierde sentido (y viceversa)

Lo femenino, el ser mujer, es algo absolutamente maravilloso. Esta belleza dejaría de tener sentido si lo masculino no existiera. Lo masculino resalta lo femenino y viceversa. Hombre y mujer se complementan justo en aquello en que son diferentes. Tal vez esto suene simple, pero detrás de esta simpleza se esconde un misterio relacional de dimensiones sorprendentes. En este entender de la complementariedad entre ambos se encuentra también el entender la naturaleza del amor conyugal pleno. Si quieres profundizar en este bonito tema deberías hacer click aquí.

5. Porque no está mal que espere un amor para toda la vida

Independientemente de cuál sea la vocación de mi hija, es absolutamente positivo que crezca esperando un amor completo, no un amor a medias que la querrá mientras todo vaya bien. No dicen que hay que criar hijas que sueñen con la grandeza, pues qué grandeza mayor que el amor mismo. Un amor que no tenga fin, en el que pueda confiar la vida misma y abandonarse en él. Sea su vocación a la vida matrimonial o a la vida consagrada, este esperar un amor que dure para siempre, no la conducirá a otro lado más que a buscar su propia felicidad.

«Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos recíprocamente. Podemos decir que sin el enriquecimiento mutuo en esta relación –en el pensamiento y la acción, en los afectos y el trabajo, también en la fe– los dos no pueden entender plenamente lo que significa ser un hombre y una mujer» (Papa Francisco).

Nos gustaría saber qué piensas tú sobre este tema.