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Este simpático comercial llamado «Frummel» (oscuro) presentado este año por la lotería estatal holandesa (Staatsloterij NL), me puso a pensar en los muchos prejuicios que albergo en el corazón.

En parte por nuestra cultura, y también por nuestros miedos. Por ahí siempre se cuela uno que otro (o varios) prejuicios sobre todo con relación a las personas.

Es verdad que hoy en día hay muchas iniciativas para dejarlos un poco de lado y mirarnos más a los ojos. Aún así yo creo que el camino no es tan sencillo, ¿tú qué piensas?


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Sabemos que las apariencias engañan, muchas veces es así pero otras tantas no. Conocemos al otro a través de lo exterior en primer lugar y aunque este aspecto no es el más relevante, hay que aceptar que tiene su importancia y peso.

Te invito a ver el video y a fijarte en la escena en que este señor entusiasmado va por un gatito y encuentra algo inesperado. Vemos que con recelo y algo de decepción se resigna y se da la oportunidad de llevar aquello que simbolizaba en su creencia «la mala suerte». 

Esta Navidad dejemos los prejuicios a un lado

Esta escena me hace pensar (considerando las grandes diferencias), en cuántas veces dejamos de ayudar e incluso de mirar a aquellos que nos necesitas, solo por prejuicio. No nos damos la oportunidad de pasar tiempo y conocernos.

Diferencia de credo, de raza, de estatus social, de nacionalidad, de pensamiento, en fin. Nuestros prejuicios muchas veces no nos permiten siquiera escuchar o reconocer el bien teniéndolo al frente. Perdemos grandes oportunidades y esos puentes que necesitamos tender para comunicar la buena nueva, desaparecen.

Creo que no existe nadie que no haya sufrido un desprecio por algún tipo de prejuicio de parte del otro. Los creyentes tenemos bastantes experiencia en el tema, nos juzgan por ser cristianos.

Pero no hay que ignorar que nosotros también muchas veces despreciamos a aquellos que no conocen a Dios. Olvidando que la salvación es una posibilidad para todos y el anuncio es un mandado especialmente para nosotros, su pueblo.

No es un camino sencillo, pero Jesús y María nos pueden ayudar

No es un camino sencillo, es verdad. Personalmente hago un sincero esfuerzo por seguir las enseñanzas de Nuestro Señor y pido insistentemente a María que me ayude a tener un corazón puro, que me ayude a ver en los demás a mis hermanos, pero ¡vaya! los prejuicios se cuelan una y otra vez. 

«Haz el bien sin mirar a quién», creo que el secreto está en ser pacientes, en dirigir nuestros esfuerzos y dejar que la gracia obre… Así como este abuelito, al que el tiempo le demostró que sus prejuicios estaban infundados. Además este acto lo llevó a vivir la gratitud y la ayuda a aquellos que realmente lo necesitan.

La Navidad es una época hermosa, pareciera que los corazones del mundo entero encontraran naturalmente un espacio para la ternura, la belleza, el bien y la verdad… ¡Es Cristo el que viene, deja ya los prejuicios y anímate a ver con los ojos del alma!

Prejuicios: ¿qué son y cómo superarlos?