El tema de la pornografía y cómo vivir la sexualidad, actualmente, es un tema que abarca, prácticamente todas las dimensiones de nuestra vida. Desde la conciencia personal que tengo de mí mismo, mi familia, mis amistades, hasta la manera como entiendo el amor que vivo con mi pareja de matrimonio. Un excelente recurso para hablar de este tema es el documental «Brain. Heart. World», si deseas verlo completo puedes dar clic aquí. 

Por lo tanto, me vi obligado a hacer una elección, y opté por compartir con ustedes algunas reflexiones que me parecen importantísimas para la vida matrimonial. La razón principal que me movió hacia este ámbito — que es uno de los núcleos más fundamentales de nuestra sociedad — es porqué veo, con muchísima tristeza, el aumento cada vez más acelerado de peleas y divorcios.



Converso con tantas mujeres y hombres, que sufren profundamente porque su matrimonio, en lugar de ser un camino hermoso para la felicidad, se convierte en una pesada cruz, que muchas veces ya no soportan. Vemos tantos divorcios, familias destruidas y niños que sufren psicológicamente, destinados a cargar traumas y problemas para el resto de su vida.

1. La sexualidad en el matrimonio como camino hacia la felicidad



«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5, 8) Esta bienaventuranza, que es el camino de un cristiano que busca vivir como el Señor Jesús, habla de la pureza del corazón. Y tiene una relación muy estrecha con la pureza sexual que estamos llamados a vivir si queremos realizarnos en ese aspecto de la vida, como personas humanas que somos. La virtud de la castidad, actualmente puede sonar como algo represivo e incluso anticuado, pero lo que en realidad busca esta virtud, es orientarnos de modo que vivamos rectamente la sexualidad, y logremos la mejor experiencia placentera a través de una dimensión de la vida, tal como la quiso Dios para nosotros.

Por lo tanto, la experiencia sexual correctamente vivida, lejos del libertinaje y desorden moral, exige una cuota de esfuerzo. Dios mismo ha querido que el matrimonio viva y goce con placer de esa experiencia sexual carnal. No tengo ningún tipo de miedo y tapujo para decirlo a voz en grito. Queridos matrimonios: «Sean felices, y hagan de su relación sexual una dimensión fundamental para la felicidad».

2. La vida sexual de la pareja no se reduce al acto conyugal

Un esposo (a) puede vivir su sexualidad de manera plena y gozosa, en tanto que la realice «mirando a su pareja como una persona» y no como un objeto de placer. Como un instrumento para colmar sus necesidades impulsivas. Para que esto sea posible, se hace necesario conocer, reforzar y vivir la virtud de la castidad. Que significa – en pocas palabras – vivir la dimensión sexual de modo puro y ordenado.

El cuerpo, difícilmente, se subordina al verdadero amor, y el deleite carnal puede destruir la relación matrimonial. La castidad, entendiéndola de modo positivo, busca preservar el valor objetivamente necesario de la sensualidad y afectividad, que proporcionan el «material» para que sea posible el amor entre la pareja. Si no está la virtud de la castidad, es muy difícil mantener el recto orden, tanto en lo sensual atractivo, como lo afectivo y sentimental, puesto que – por culpa del pecado – el hombre tiene una tendencia fuerte al subjetivismo egoísta.

Ese subjetivismo hace que se pierda de vista la dimensión objetiva del amor, como un bien que yo le «doy» a la otra persona. Esto puede suceder, pues estoy más preocupado, por ejemplo, por el goce o placer sexual de mi relación, que por buscar una satisfacción en la que comulguemos ambos, llevando lo sexual al plano del amor entre dos personas, y no, simplemente a una satisfacción carnal.

Lo que la virtud de la castidad busca preservar, es lo más importante para la pareja: su amor espiritual. Obviamente, necesita la dimensión sexual para alcanzar el culmen de gozo amoroso, para el cual el matrimonio se constituye. Como se puede apreciar, la castidad, lejos de ser algo negativo, más bien se muestra como algo positivo, que ordena la vida sexual, y la encamina a que se viva un amor cada vez más integral en la pareja. Lo sexual es tan solo una dimensión, que no puede separarse de la integralidad del amor, en la relación conyugal.

Si se vive correctamente la castidad, compartiendo un amor realmente espiritual, incluso el acto carnal conyugal será una experiencia que proporcionará más placer. Pero hay que entenderlo en el marco más amplio del amor integral, que va desde lo corporal, hasta lo espiritual.

3. La pornografía es un arma que destruye las relaciones matrimoniales

Además, otro elemento, que juega – por nuestro desorden del pecado – muchas veces en contra, son los sentimientos. Estamos tan trastocados por el pecado, que nos cuesta mucho ordenarlos, pues están relacionados con distintas dimensiones internas y externas. Usualmente, los sentimientos, jalonean a la persona con mucha fuerza a los sentidos, a lo sensual o carnal. Por ello, si caemos en ese subjetivismo egoísta, perdemos de vista la persona que es mi pareja, y obviamente, somos incapaces de amarla de acuerdo con su valor personal, y la vemos como un – aunque suene feo y duro decirlo – objeto de placer.

Me parece que ya se puede entender la castidad como virtud positiva y necesaria para defendernos de la pornografía. Implica, por supuesto una continencia, pero sobre todo, se trata de una educación libre y voluntaria de nuestras necesidades sexuales. Que las vivamos con la dignidad que tenemos, de personas humanas, y no, como si fuéramos una suerte de animales, que no pueden manejar sus impulsos o movimientos internos, que brotan, naturalmente, de la atracción que tenemos al sexo opuesto.

La castidad no oculta ni tampoco rechaza «el material» que necesitamos para amar a otra persona, que proviene también de la atracción sensual, la afectividad, los sentimientos, incluso la dimensión erótica. Sino más bien, ordena todos esos movimientos con el fin de permitir el amor integrado, buscando el bien común del hombre y la mujer, todo lo opuesto a la pornografía, en la que solo se busca el placer desmedido y la satisfacción momentánea.

Por ello, incluso, dentro del matrimonio, rechazar la pornografía y abrazar la castidad es esencial, para que ambos esposos, por medio del acto conyugal, manifiesten el amor común que se tienen, y no, una manifestación deformada de la necesidad que tienen de un simple gozo sexual.

La pornografía, cuanto más se adentra en la cabeza del hombre o la mujer, empieza de menos a más, a distorsionar el verdadero valor que tienen uno para el otro. Y, por lo tanto, destruye el valor que tiene el mismo acto conyugal, encaminando el amor espiritual de la pareja.