Cada una de las personas de este mundo pasa su vida buscando solo una cosa, la felicidad. Esa felicidad que sea capaz de llenar el corazón, de hacerte sonreír día a día. Pero ciertamente este camino no es tan fácil y tiene muchos obstáculos. Muchas veces sufrimos consecuencias, ya sea incontrolables, como la muerte de algún familiar o incluso consecuencias de nuestros propios actos, que nos lastiman por dentro.

En el interior del hombre existe un afán desmedido por encontrar la felicidad y por sentirse realizado, es parte de la naturaleza humana. Pero muchas veces, el mundo que nos rodea propone una idea de felicidad que tal vez no sea la que aplica a nosotros, y sin embargo la perseguimos por una cuestión de masividad. Por eso debemos pensar en el siguiente interrogante:



1. ¿Qué es la felicidad para mí?

Esta felicidad incluso muy reflexionada por nuestra parte puede llegar a verse invadida por conceptos equivocados que se aceptaron como «felicidad». Que no son más que meros intentos desesperados por llenar el vacío que sentimos. Porque no importa cuánto me ría una tarde, cuantas personas tenga alrededor, cuánto dinero gane, cuánto alcohol tome o cuanto sexo tenga. Si al llegar la noche no puedo cerrar los ojos y pensar «que feliz que soy, esto es lo que quiero para mi vida», nada de eso sirve.



Porque eso es lo que hacemos cuando no podemos conseguir llenar el corazón. Eso es lo que hacemos cuando no alcanzamos la felicidad. Simplemente nos distraemos. Esas distracciones nos hacen olvidar la búsqueda de felicidad verdadera. Y olvidar un vacío, hace que pensemos que estamos llenos, hasta que esas distracciones terminan (porque siempre terminan) y volvemos al comienzo. Sucede de la misma manera cuando tenemos hambre y por alguna distracción no la sentimos por un instante, pero sin comer, el hambre siempre vuelve. Lo mismo ocurre con nuestro corazón y la felicidad.

2. Busco pero no encuentro… ¿dónde está la verdadera felicidad?

¿Qué me pasa?, ¿por qué no soy feliz si tengo tantos amigos, salgo y me divierto? Simplemente porque la felicidad no es sinónimo de divertirse, ni siquiera es sinónimo de reírse. Esta es otra confusión que comúnmente nos hace desviarnos de la verdadera búsqueda. Confundimos las risas con felicidad, y buscamos un lugar donde podamos reírnos mucho. Y esto solo cambia nuestra expresión por fuera, pero no necesariamente nos completa por dentro.

Entonces, si todo lo que conocí hasta ahora no me hace feliz, si todo lo que me mostró mi entorno no puede llenar mi corazón ¿Dónde busco? ¿Qué busco? La respuesta es fácil, lo difícil es llegar a comprenderla. Nuestra respuesta es Dios, tan simple como eso, y a la vez tan complejo. Así como todos sabemos que la felicidad es un camino y que no se encuentra tirado por la calle ni se compra en el kiosco, lo mismo para con Dios en nuestra vida. Es difícil de comprender y de seguir, pero es la felicidad completa.

3. Preguntas que a veces no tienen respuesta lógica

Cuando uno comienza a escuchar sobre Dios, y empieza a pensar sobre lo que es, nunca puede hacerse una idea completa. Muchas veces pretendemos comprender lógicamente qué es Dios, y nos ponemos a pensar cuestiones como ¿Si Dios nos creó, quien creó a Dios?, ¿existe el cielo?, ¿de verdad Jesús habrá hecho milagros?, ¿la Biblia será solo un cuento? Cada una de esas preguntas nos alejan de poder vivir algo distinto, o al menos nos atrasan. Al fin y al cabo, Dios no es una conclusión lógica, sino una experiencia de vida. Es como ponerse a pensar que se sentirá tener un hijo, uno puede intentar imaginarlo, pero nunca lo sabrá hasta experimentarlo.

Cada una de las personas que hoy cree en Dios, en algún momento dudó. La duda es una característica propia del ser humano y no es ajena a ninguno. Algunos dudan más, otros menos, pero todos dudan. La gran diferencia radica en que unos se animan y abren su corazón a intentar experimentar eso que muchos dicen que es la felicidad, a pesar de las dudas, y los otros se quedan en la eterna duda. Y así morirán, ya que Dios es una duda que no se quita sino mediante la experiencia.

Nunca escuchamos que el alcohol nos haga felices, nunca escuchamos que una droga nos haga felices, nunca escuchamos que el dinero o el sexo nos hagan felices, es más, escuchamos todo lo contrario. Estas cosas solo pueden brindarnos alivio o alegrías momentáneas. Es fácil dejarse llevar por este tipo de placeres, y también es fácil darse cuenta que no nos llevan a ningún lugar mejor del que estamos.

Por otra parte, sí hemos escuchado alguna vez que Dios da la felicidad, que Dios da el amor, incluso que Dios es Amor. Entonces, ¿Si intentamos buscar la felicidad en las cosas que diariamente escuchamos que no la dan, porque no intentamos con la que escuchamos que si lo hará?

Artículo elaborado por: Kevin Schweitzer