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Muchas veces me encuentro preguntándome qué sería del mundo si nuestros primeros padres «se hubieran portado bien», es decir si el pecado original no hubiera sucedido. ¿Qué significaba que Adán y Eva estaban desnudos «sin sentir vergüenza»?, ¿qué era eso que Dios «bajaba» con el vientito de la tarde a conversar con ellos?, ¿por qué, si eran tan felices en el paraíso pudieron cometer ese pecado? ¡Cuántas preguntas podríamos hacer con respecto a nuestros primeros padres!

Las preguntas, por supuesto, tienen respuesta. Todas tienen respuesta y la respuesta es ¡hermosa! Pasa que son cuestiones que parece «poco prácticas» para el mundo que nos toca vivir, y sin embargo, conocerlas nos haría ser más conscientes y más agradecidos sobre nuestra Redención. Especialmente más agradecidos con Nuestro Redentor, y con Nuestra Corredentora, que, como nuevo Adán y Nueva Eva, nos devolvieron la amistad con Dios y la posibilidad de participar de la Vida Divina.

Los primeros capítulos del Génesis son una hermosísima historia de la creación y la caída, que merecen ser leídos y meditados muchas veces. No voy a meterme ahora en tecnicismos exegéticos para saber si la historia es una alegoría o si Adán y Eva fueron personajes históricos: lo que es hermoso es que cada palabra del Génesis tiene un valor y un significado profundísimos y no parece haber nada que haya sido puesto por azar o por cuestiones culturales. El Génesis nos interpela desde la primer palabra, y cada versículo, cada párrafo tienen una significación importantísima.

1. ¿Por qué Adán y Eva «no sentían vergüenza»? (Gn 2, 25)

¡Porque su naturaleza estaba ordenada! La razón mandaba sobre los sentimientos y los sentimientos sobre los instintos. La armonía interior de la persona humana, la armonía entre el hombre y la mujer, y, por último, la armonía de ellos con toda la creación constituía el estado llamado «justicia original» (Catecismo de la Iglesia Católica) (CIC, 376). Toda esta armonía, prevista para el hombre por designio de Dios, se perdió por el pecado de nuestros primeros padres (CIC, 379).

Adán y Eva no tenían la «triple conscupiscencia» que cita Juan en 1 Jn 2:16: «Todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre». De este modo, cuando estaban en el paraíso, no tenían la conscupiscencia de la carne. Podían estar desnudos sin avergonzarse. ¿Cuál era la consecuencia de esto? Que al no tener la naturaleza dañada, les era mucho más sencillo no pecar. Y otras consecuencias que te comentaré más adelante.

2. ¿Qué significaba que Dios paseaba por el Jardín «al airecito de la tarde»? (Gn 3,8)

¡Que Adán y Eva tenían participación en la Vida Divina! Con nuestra naturaleza dañada «no podemos ver a Dios, porque nuestra naturaleza dañada no tiene la capacidad de amar que tenían nuestros primeros padres» ¡Ellos no tenían que rezar como nosotros, que nos dirigimos a Dios pero podemos experimentar aridez espiritual, al pensar o sentir que Dios no está o no escucha nuestras oraciones! Ellos tenían un mandato: crecer y multiplicarse, y para crecer y multiplicarse, el Jardín era el lugar ideal, porque tenían que trabajarlo. Pero al no tener abrojos ni espinas, el trabajo no era gravoso, ni provocaba tristeza ni miedo. Lo hacían con gusto.

Y después del trabajo, ¡Dios «bajaba al jardín» a conversar con ellos! Como un padre amoroso, se preocupaba de sus criaturas, y «se humillaba» bajando al jardín del Edén. Estar en la Presencia Divina, sería «tocar el Cielo con las manos», casi literalmente, porque el Cielo consiste precisamente en eso: participar de la Vida Divina. Y Adán y Eva ya lo hacían antes de caer.

3. Si el jardín del Edén era un lugar seguro, ¿cómo pudo entrar «la serpiente»?

Aquí se vuelve relevante un dato: ¿Es el relato del Génesis un relato histórico o es una leyenda que representa una realidad más profunda? Como dije antes, no es relevante para el fondo del artículo la discusión del tema, pero sí es importante comprender que el Génesis fue redactado durante la era de bronce de la humanidad. Y que el relato no necesariamente sigue un orden cronológico ni una precisión tal como tienen hoy las crónicas periodísticas o las novelas. Es sencillamente el relato, o más bien los relatos, mantenidos oralmente a través de las generaciones de cómo Dios creó al hombre.

No estoy diciendo que sea «leyenda» pero tampoco quiero sostener que lo que se relata sucedió literalmente tal como se relata en el Génesis. ¿Qué quiere decir que la serpiente pudo «entrar» al Jardín protegido? ¡Que Dios nos hizo libres! A pesar de lo que te relaté en los párrafos anteriores, a pesar de nuestra naturaleza ordenada y de la participación de la Vida Divina, todavía teníamos la capacidad de pecar, porque Dios no quiere esclavos (que no pueden pecar) sino hijos (que aman libremente).

4. ¿Cómo tentó «la serpiente» a nuestros Padres?

Con lo único que tenía «a mano», porque como dice el Génesis (3,1) la serpiente era el bicho más «astuto» del campo. Y la serpiente no buscó tentarlos con la carne, ya que no sentían pudor ni vergüenza, ni con riquezas, ya que no tenían necesidades, ni con poder, porque ya eran poderosos, teniendo a la naturaleza sometida. ¡Los tentó con conocer la naturaleza del bien y del mal, que era prerrogativa absoluta de Dios! «Serán como Dioses», les dijo el maldito, y ¡no estaba mintiendo! (Ya veremos por qué). Los tentó con lo único que Adán y Eva no tenían, y eso se representa en el génesis con la fruta del árbol prohibido.

5. ¿En qué consistió el pecado realmente?

Como todos los pecados de los hombres, el pecado original consistió en querer ocupar el lugar de Dios. Y ese pecado era doblemente grave, por lo que te relaté en los párrafos anteriores. Eran perfectamente felices, no tenían necesidades, eran tremendamente deudores de Dios, ¡Y quisieron reemplazarlo! ¡Querían decidir ellos «lo que estaba bien y lo que estaba mal»! Querían que Dios no mandase sobre ellos, sino hacer las cosas «a su manera».

La serpiente tentó primero a Eva, pero hay un detalle en el relato que es sumamente importante. No es que Adán no se haya enterado o estuviera «fuera» trabajando la tierra. Cuando Eva le da a probar el fruto, se da vuelta, es decir que el muy cobarde estuvo todo el tiempo viendo cómo la serpiente tentaba a su mujer. Y la caída fue por orgullo. Los dos primeros pecados fueron de orgullo: la caída de Satanás y la caída del Hombre fueron pecados de querer ocupar el lugar de Dios, de querer reemplazar a Aquel que nos creó y nos dio todo.

6. ¿Y después de eso?

¡La Redención! Ya desde el momento del pecado, Dios nos promete la Redención al prometer que del linaje de Eva surgirá «Alguien» que le aplastará la cabeza. Y aquí es donde, en este comienzo de Cuaresma tenemos que poner atención: ¡El amor de Dios se sobrepuso inmediatamente a la traición, al pecado¡ E inmediatamente se puso a «tejer» nuestra salvación nuevamente. Porque nada escapa al designio de Dios, y nunca se arrepiente de sus promesas.

Todo el antiguo testamento es el relato de cómo Dios es el que mantiene viva su Alianza, buscando «seducir» al hombre para que vuelva con Él, y mandando mensajeros, que muchas veces parecen mensajeros de «ira Divina», pero que siempre son los reclamos de un amor herido, que busca reconciliarse con una novia veleidosa y llena de caprichos.

7. ¿Por qué la Redención no «nos reparó» la naturaleza caída?

En cierto modo no nos devolvió al estado original de inocencia, pero sí nos dio herramientas para curar las conscupiscencias: los sacramentos sirven para «reordenar» nuestra naturaleza, y hacen de la práctica de la virtud algo posible. «Todo lo puedo en Aquél que me conforta», y ahora también podemos «conversar» con Nuestro Señor. Pero en los planes de Dios está que tengamos que «ganarnos» el Cielo, ¡Con su ayuda por supuesto, no podríamos de ningún modo llegar a Dios si él no se «rebajara» a nuestro nivel para salir a nuestro encuentro!

8. ¡Agradecimiento y humildad!

Por eso, esta Pascua, después de haber meditado durante la cuaresma todos estos misterios, tenemos que postrarnos de rodillas y escuchar el pregón pascual: ¡Oh, feliz culpa que nos valió tan grande Redentor! ¡El amor de Dios no nos falló, a pesar de nuestros pecados, de nuestras miserias, de nuestra infidelidad! ¡Qué belleza de Amor que se sigue brindando y nos sigue buscando a pesar de que estamos en el barro del pecado! ¡No dejemos pasar la oportunidad de ser agradecidos y humildes, y pedirle a Nuestro Señor que venga en auxilio de nuestras debilidades!


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