Hace unos años colaboré en un proyecto bien bonito. A mí, al menos, me lo parecía. Trabajé de voluntaria en una radio que ofrecía cursos de escolarización para niños que vivían en aldeas rurales donde no había escuelas.

Durante la semana, la radio retransmitía las clases, previamente grabadas, y aquellos niños atendían desde sus casas las lecciones. Llegado el fin de semana, algunos maestros voluntarios de la ciudad se desplazaban a las aldeas para acompañar y repasar los temas con aquellos niños y niñas.

Durante el curso, hacíamos algunas reuniones con los docentes para comprobar la evolución del proyecto. En algunas ocasiones, detectábamos que estos voluntarios realmente hacían grandes esfuerzos para ocupar el fin de semana en esta labor.

Todos trabajaban de lunes a viernes, y seguían trabajando y desplazándose fuera de su hogar el sábado y el domingo. No era fácil sostener el ánimo y el entusiasmo de aquellos voluntarios.

Todos ellos, vinieron enseguida a mi memoria cuando vi el vídeo que les presento a continuación.

El cortometraje animado «Picchu» de Amazon Web Services es una historia que sigue el viaje de una niña andina llamada Mayu, y el apoyo incondicional de su madre. La película refleja la realidad de muchos niños en todo el mundo. Les invito a verlo y a dejarse llevar por sus tiernas y familiares escenas.

«Picchu» es un cortometraje que apenas necesita explicación. Pero les compartiré algunos detalles que llamaron mi atención la primera vez que lo vi.

El derecho a quejarse

En el cortometraje «Picchu», Mayu se queja varias veces durante su camino. Sopla y resopla, expresa que no quiere ir a la escuela. Las dificultades la superan.

Seguro que reconoces en ella a alguien cercano. Un amigo, un familiar, incluso muchos de los jóvenes que llegan a nuestros grupos parroquiales, ¿verdad? Se lamentan ahora por esto, ahora por aquello.

La vida se les presenta dura y sacrificada. En ocasiones, somos capaces de comprender su sufrimiento. Otras veces nos cuesta ponernos en su piel, y pensamos que exageran o que son demasiado negativos. Puede que lleguemos a etiquetarlos, juzgarlos prematuramente, o que no les atendamos como merecen por ser digamos… ¿gruñones?, ¿quejicas?

Pero fíjense que Mayu venía con la mochila preparada. Una «mochila» cargada de experiencias, consejos y referencias de alguien que la ama incondicionalmente, y que confía en ella: su mamá.

Recuerdo una frase de un conocido psicoterapeuta, Mario Guerra, sobre este tema: «El que no hace nada pierde el derecho a quejarse». Y ahí está clave, Mayu no deja de hacer, recurre a su «mochila» llena de recursos para seguir, avanzar y alcanzar la meta.

Me pregunto si sabemos ayudar a otros a preparar su «mochila», si somos capaces de acompañar, como esa mamá, desde el amor, desde la paciencia, desde la generosidad. Sabemos que el camino no es fácil. Ni para nosotros, ni para los demás. Ojalá sepamos ayudar a otros en las grandes y en las pequeñas dificultades del camino.

Confianza en Dios

Quizás también tú hayas tenido ocasiones de desesperación, de desánimo y tentaciones de tirar la toalla. Pero… ¿qué llevas en tu «mochila»? Si has tenido tanta suerte como Mayu, habrás conocido a personas que son auténticas vitaminas para continuar lidiando con el día a día.

Y sé que tienes esa suerte porque si estás aquí, leyendo esto, es porque has conocido a Dios en algún momento. Y Dios es la mejor de las vitaminas. Recurrir a Él es garantía de éxito en tus misiones.

Puede que a veces no lo veamos claro, y puede que nos cueste encontrar entre sus enseñanzas aquello que nos alivie y nos impulse de nuevo. Primero, debes saber que siempre está ahí, a tu lado, que sufre y se compadece contigo. El camino es más liviano si se realiza acompañado. Después, avanza sin apartar la mirada de Él, no te des por vencido y busca, sin cesar, su Palabra.

Minga

Por otro lado, ante la duda y ante la falta de seguridad… ¡Minga! Una palabra que acabo de aprender y me encanta. ¿Te has fijado? En muchos países esta palabra se refiere a la reunión de amigos o vecinos para realizar alguna tarea en común, con fines de utilidad social. ¡Es genial!

En el cortometraje «Picchu» vimos a Mayu que no quería ir a la escuela, pero cuando recuerda esta palabra y reacciona, facilita que otros amigos crucen el puente para encontrarse juntos en la escuelita. Y está claro que tener a tus amigos cerca hace que entrar en el aula se presente más divertido.

Si estamos perdidos y no sabemos por dónde seguir, la mejor decisión es aquella que provoque un bien mayor, un bien común. El Papa Francisco advierte que «el bien, si no es común, no es bien».

En el proyecto que mencionaba al inicio creo que fue justamente esta «minga» el ingrediente fundamental para que la escolarización de aquellos alumnos fuera un éxito. Aún recuerdo a Will o a Karelys soplando y resoplando en los claustros, pero también les recuerdo llenos de orgullo y esperanza en la graduación de todos ellos. Cargaron bien sus mochilas. ¿Cómo va la tuya?