Recientemente me ha sorprendido un gran número de titulares anunciando que la justicia europea permite censurar comerciales donde personas con síndrome de Down se muestren sonrientes y felices. El argumento principal es que esas imágenes pueden herir la sensibilidad de aquellas personas que hayan decidio abortar a sus hijos por motivo de la trisomía 21. 

Está situación se desencadenó a raíz del momento en que una asociacón italiana llamada Coordown lanzó un spot publicitario con el título «Querida futura mamá» . En él aparecían varias personas de distintas partes de Europa con un cromosoma de más.

El spot iba dirigido a mujeres embarazadas de niños con esta discapacidad. Cada uno en su idioma decían a sus madres todo lo que en un futuro podrían llegar a hacer, afirmando que ellos podían ser felices con su condición.

¡Aquí te lo comparto!

Los hechos

Pocas semanas después de que el spot se emitiera en distintas cadenas de la televisión francesa, el Consejo Superior Audiovisual prohibió su emisión en un contexto publicitario.

Afirmó que «no puede ser considerado como un mensaje de interés general, ya que al dirigirse a una futura mamá, su propósito puede parecer ambiguo y no suscitar un apoyo espontáneo y consensuado».

Entonces, la fundación provida Jèrôme Lejeune impugnó la decisión de la autoridad audiovisual francesa ante el Consejo de Estado. Su petición fue rechazada, pero continuaron hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Ahí presentaron un recurso con el fin de condenar la discriminación y el ataque a la libertad de expresión de las personas con trisomía 21.

Finalmente, la corte se pronunció sobre la resolución del caso declarando inadmisibles las peticiones de la fundación. Esa felicidad «probablemente perturbaría la conciencia de las mujeres que habían tomado diferentes opciones legítimas de su vida personal».

El TEDH concluyó que los demandantes no podían ser considerados víctimas, en el sentido del artículo 34 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, pero no se pronunció sobre el fondo de la demanda: la discriminación y la vulneración de la libertad de expresión de las personas con síndrome de Down.

¿A quién, en su sano juicio, le podría incomodar una sonrisa?

Sinceramente, me entristece tener que escribir sobre esto. ¿En qué momento puede escandalizar a alguien la sonrisa de una persona? ¿Qué está sucediendo? Dice un poeta: «una sonrisa añade un hilo al brevisimo tejido de nuestra vida».

Cuentan que necesitamos 17 músculos para sonreír, mientras que necesitamos 34 para enojarnos. ¿Qué tiene la sonrisa que es tan sencilla y parece que nos da aliento?

Hay algo verdaderamente notorio y es que desde muy pronto y en todas las culturas del mundo los bebés sonríen de forma espontánea. Sonreír es algo común a todos. Me atrevo a afirmar que la sonrisa es un lenguaje universal primario.

Recuerdo haber leído una noticia sobre un estudio que afirmaba que hasta los bebés que nacen ciegos, sordos y mudos sonríen. O sea, no es siquiera por imitación que la sonrisa aparece; surge de forma innata en los hombres.

Al hacer el ejercicio de imaginarnos a un niño, seguramente le pensaremos con una sonrisa. Y, sin embargo, si nos imaginamos a un anciano es más común que nos venga a la cabeza una imagen de un anciano siendo gruñón.

¿Qué sucede en nuestra vida? ¿Por qué dejamos de sonreír de forma espontanea? Relacionamos la sonrisa con la sencillez, la inocencia, la humildad, la empatía, la acogida, el gozo, la paz, la alegría, el amor. Una sonrisa nos transmite siempre cosas que alegran a nuestro corazón y siempre manifiesta algo que sucede en él. Y es que, si estamos atentos, en ese simple y común gesto podemos percibir de forma sutil el alma y el don que es la persona que sonríe.

En el fondo, una sonrisa hace entrever la dignidad inherente de quien sonríe. Es paradojico cómo una expresión que se revela en la superficie de la persona, en su carne, revele algo tan profundo e interior de esta. 

Entonces, si todos somos capaces de reconocer en una sonrisa su riqueza y belleza, ¿por qué alguien querría censurar una sonrisa?

«Todos los seres humanos nacen libres e iguales…» ¿de verdad?

Hay algo que me impacta de todo esto que ha sucedido como consecuencia de la campaña. El Artículo 1 de la carta de Derechos Humanos defiende que «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos». Ya en el preámbulo de dicha carta se considera:

« (…) la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana».

En ambos apartados de la declaración se habla de una dignidad intrínseca en todos y que es igual para todos. Es por ello, que la actitud tomada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos me sorprende.

La censura de la realidad objetiva que viven muchísimas personas con síndrome de Down, la realidad de que son felices y sonríen, me parece un gesto discriminatorio. Es contrario a esa defensa de la dignidad que todos los miembros de la familia humana poseemos.

Del mismo modo que sería deleznable censurar un video donde aparecieran personas de una raza concreta sonriendo, también me lo parece en este caso. Más allá de las leyes, creo que debemos recuperar el sentido común y purificar nuestra mirada. Muchas veces, esta está viciada por el ritmo frenético y centrado en la funcionalidad y productividad en que nos encontramos.

Vivimos en una sociedad que abandera las ideas de inclusión y diversidad. Sin embargo, parece que esa inclusión y diversidad no es, precisamente, igual para todos.  Por ello, quiero que me acompañes a ir a la raíz del asunto y que veamos en profundidad qué es una sonrisa, qué ha sucedido con nuestra forma de mirar en Occidente y qué es lo que hace que alguien posea dignidad humana.

Todo ello para poder comprender qué ha llevado al TEDH a permitir censurar la sonrisa de alguien.

¿Es la sonrisa lo que incomoda? 

Como hemos comentado al inicio, la sonrisa es algo innato en cualquier hombre. Es señal de aceptación y de acoger con humildad, con buen humor, la realidad en la que me encuentro o tengo delante.

Seguramente, te habrá sucedido que al ver sonreir a alguien que te ha causado algún mal, o que no te cae muy bien, se produzca en ti una especie de incomodidad. En cierto modo, rechazamos todo lo que implica la sonrisa de alguien que nos causa incomodidad.

Lo cierto es que esa disposición interior del corazón de rechazar esa muestra de felicidad de alguien que no nos agrada mucho es una señal que tiene más que ver con mi mirada en relación con el otro que con el otro en sí mismo. Una persona sanada no sentirá rechazo al ver sonreír a alguien que no sea de su especial agrado.

¿Por qué habría que quitar unas imágenes de unas personas sonriendo? 

Las vidas de las personas con síndrome de Down nos recuerdan a todos que nosotros también somos limitados y  frágiles por mucho que nos creamos superhéroes.

Por un lado, creo que es evidente que lo que incomoda a muchos no es la sonrisa en sí, sino la sonrisa de aquel en cuya naturaleza es quizá algo más evidente su fragilidad y dependencia. Probablemente lo que más incomoda es que en la vida de las personas con síndrome de Down se hace más evidente y nos interpela algo que es igual a todos: somos limitados y frágiles.

En nuestro mundo de construir nuestra vida para ser como dioses incomoda que el frágil acepte y sea feliz siendo como es. Porque eso revela que nuestra primera identidad parte de una relación de dependencia.

Me hace pensar en cómo esto es precisamente lo contrario a la actitud de Cristo. Él, en lugar de sentirse incomodado o rechazar la fragilidad, la acoge, abraza y la sirve con su vida. 

No puedo pretender que el mundo se transforme para que a mí no me duelan las consecuencias de una decisión que he tomado yo en el uso de mi libertad.

¿Por qué se censura una sonrisa?

Por otro lado, es interesante ver que uno de los motivos principales por los que se decide censurar imágenes de personas con trisonomía 21 sonriendo es el hecho de que puede herir la sensibilidad de aquellas personas que hayan decidido «ejercer en su libertad» el «derecho a interrumpir su embarazo cuyo feto cumplía con esas características».

Me parece que ese argumento pretende escabullirse, de una forma muy injusta, de las consecuencias que tienen nuestras libres decisones y actos. Me da miedo pensar que el siguiente paso pueda ser incuso el censurar imágenes de cualquier niño o persona sonriendo, por si pudiera herir la sensibilidad de alguien que haya decidido abortar.

Pretender que eso suceda para que a mi no me hieran las consecuencias de mis actos no solo me parece egoísta y dañino. Me parece que es, en este caso, diabólico. La cuestión aquí pasa por comprender que la dignidad de quien aborta es la misma a la de quien es abortado.

Tambien, que la libertad de expresión no debería jamás ser censurada. Menos con base en que una vida humana pueda herir la sensibilidad de alguien cuya acción tenía unas consecuencias concretas que conocía antes de ejercer libremente esa acción.

Lo siguiente ¿qué será? ¿prohibir que nazca cualquier persona con síndrome de Down para que quiénes decidan terminar con sus vidas antes de nacer no se sientan mal?

Creo que hay que darle una vuelta a todo. No solo terminar con este exterminio, sino tratar de volver a tener, como sociedad, una mirada que permita acoger la realidad, que permita mirar a los ojos y reconocer el don y valor de lo que tenemos delante.

Solo con una nueva mirada podremos volver a poner el valor de la dignidad de las personas con síndrome de Down donde debe estar. Que no es otro sino el mismo nivel que el de cualquier otra persona, sea cual sea su condición.

Reflexionemos sobre cómo es nuestra mirada

¿Por qué vemos al débil como una amenaza o alguien a quien dar la espalda? ¿Qué hemos hecho en Occidente para tener esta mirada viciada? Me parece importante hablar sobre la mirada en este punto. Cuando hablamos de mirar, nos referimos a cómo miramos a otros. Hablamos de relación, relación con lo real.

Mi relación con lo real, debe ser una relación en la que yo miro a los ojos a la realidad y dejo que se me vaya revelando su esencia y su verdad. Cuando mi mirada está viciada soy incapaz de mirar a los ojos. Por tanto, no puedo establecer una relación con lo real, con lo que existe delante de mí. Esto es algo que sucede con frecuencia en Occidente.

La mirada a los ojos, es una relación con lo real, una relación con lo real de la persona que tengo delate. No con lo que hace o dice, sino con lo que es: de donde sale lo que dice, lo que hace, lo que desea.

Esa mirada fue la que permitió descubrir esa dignidad intrínseca que poseemos todos los seres humanos. Esa mirada es la que permite que se nos revele el don que es cada persona y su vida.

«Decimos que los ojos son la ventana del alma. Si es así, el alma de cada persona se asoma por los ojos y las almas se tocan en la mirada. Mirar a los ojos es una manera de contactar con la verdad y con el corazón del otro. Por eso mirar a los ojos intimida e incomoda», Don Jose Pedro Manglano (Santos de Vida, pg 78).

Tener una buena mirada no es fácil. Mi mirada determinará mi relación con lo que tengo delante. 

Una mirada que acoge

No puedo evitar pensar en las palabras del actor Jesús Vidal, protagonista de la película «Campeones» que al final de su discurso se dirige a sus padres tras recibir el premio de cine Goya a Mejor actor revelación: «A mí me gustaría tener un hijo como yo por tener padres como vosotros». Unos padres que han sabido acoger y mirar a sus hijos a los ojos, reconociendo en él su valor infinito con su condición diferente a la que la mayoría de personas tenemos.

También en la película «Mi hermano persigue dinosaurios» el padre del protagonista comenta a su hijo sobre su hermano, que tiene síndrome de Down. Dice lo siguiente, y no me puede parecer más acertado:

«Se trata, Giacomo, de que Giovanni es Giovanni. No su síndrome. Él es él. Posee un carácter, unos gustos, unas virtudes y unos defectos. Como todos nosotros. Nunca te hemos hablado  del síndrome porque nosotros mismos no pensamos en Giovanni de esa manera. El síndrome -dibujando unas comillas con los dedos- no es lo que ocupa nuestros pensamientos. Sino Giovanni. No sé si me he explicado».

Creo que debemos ayudar a que nuestra sociedad, que tanto abandera ser una sociedad a favor de la diversidad y la inclusión, pueda verdaderamente ser favorable a la diversidad real y a la inclusión real. Solo si nuestro mundo se atreviera a mirar verdaderamente a los ojos no nos perderíamos la riqueza de todos aquellos quienes lo conforman.

Creo que solo así podremos afirmar lo que acaba afirmando Giovanni que, tras ser rechazado por su hermano por tener síndrome de Down, acaba afirmando:

«Me llamaban idiota, subnormal, mono. No me querían. Con que solo hubiesen sabido que gracias a ellos iba a empezar a gustarme. Empecé a darle gracias a Dios de que no me hubiese hecho así, como los que me ofendían. A ellos les ha ido peor: nacieron sin corazón. Llegué incluso a agradecerle ese cromosoma de más».

Yo doy gracias a todas aquellas personas que con un cromosoma de más nos ayudan a mirar la vida a los ojos, de una forma más real y más bonita.