Este video que trata sobre la pereza podría ser una muy buena resolución para cambiar algo en mi vida durante esta Cuaresma. Como dice el presentador, suele estar más presente en los jóvenes. ¿Por qué? Pues es un pecado — así es, un pecado — que nos invita a no hacer nada, no esforzarnos cuando debemos cumplir alguna responsabilidad o incluso, hacer cosas, pero en el momento equivocado. Es decir, imaginémonos que a las 5pm me tocara limpiar el jardín de mi casa, y lo utilizase para hacer las tareas, de modo que tengo más tiempo libre en la noche para salir con mis amigos. Eso también es pereza.

Aunque estamos haciendo algo bueno: las tareas y responsabilidades de la escuela, la universidad u otro tipo cualquiera, si no es en su debido momento; si no las hago a la hora que toca, entonces también es pereza. Es importante entenderlo muy bien. Ya sea que no hago lo que tengo que hacer, ya sea que hago otra cosa que no toca en ese momento — incluso importante — el punto es que, en ambas situaciones, no estoy haciendo lo que tocaría de modo responsable.



¿Por qué es tan mala la pereza?

Podría parecer un pecado sin mucha importancia, si la comparamos con la lujuria, la vanidad, la envidia o quizás, la soberbia. Sin embargo, comporta un mecanismo engañoso, por el cual, poquito a poquito, dejo de hacer lo que me toca, en vistas a mi santidad. Dejo de rezar bien, ya no me esfuerzo por vencer mis engreimientos, no soy generoso para salir al encuentro de un amigo que necesita mi ayuda, pero es algo que sé me costará esfuerzo… poco a poco, se va metiendo en toda mi vida.



Precisamente, ahí es dónde radica uno de sus engaños: la sutileza — nos dejamos engañar —, diciéndonos a nosotros mismos: «No es para tanto. Total, ¿qué puede pasar? Si lo hago un poquito más tarde, no es el fin del mundo». El problema es que esas pequeñas concesiones que vamos asumiendo en nuestra vida diaria, generan esclavitudes cada vez más pesadas, hasta que — cuando me doy cuenta — ya me es muy difícil tratar de vivir y actuar como un verdadero cristiano. Es decir, dispuesto a sacrificarme y vivir una entrega generosa en el momento que la circunstancia lo exija. Esa pereza me lleva a perder el dominio sobre mi propia voluntad. Me vuelvo más incapaz de hacer opciones radicales, y me consiento actitudes progresivamente más relajadas.

Para un cristiano, para alguien que quiere ser como Cristo, la pereza nos aleja de una actitud radical para vivir el amor que nos enseña el Señor. Se nos hace imposible el sacrificio, la generosidad, la prontitud… el perezoso pierde esa disposición para vivir lo más entregado posible. No es capaz de hacerse violencia y romper las actitudes caprichosas personales, o esos gustitos que nos llevan por el mal camino.

¿Qué podemos hacer para vencerla?

En realidad se pueden hacer muchas cosas. Yo aprovecharía este tiempo de Cuaresma para enfocarme en una o dos situaciones en las que mi pereza se manifiesta de manera más clara. ¿Qué quiero decir con esto? Todos tenemos una inclinación hacia la pereza. Mejor dicho, todos tenemos una inclinación hacia los pecados, en general. Eso se conoce como la concupiscencia.

Por lo tanto, sugiero que el cambio y conversión sea algo muy concreto y palpable. No nos quedemos en las buenas intenciones, sin lograr nada al final. Pensemos cuál es la responsabilidad o tarea que más nos cuesta hacer, o en qué momentos del día estoy desperdiciando más mi tiempo.

El video es muy concreto e irónico cuando menciona el botón «snooze» como el arma mortal para dominar la voluntad de los jóvenes. Bueno, cada uno de nosotros debe descubrir cuál es «ese botón» que tiene que eliminar de su vida, con el fin de poder entregarse y sacrificarse un poco más por la santidad, por ser generoso como el Señor Jesús. Pronto y radical por hacer lo que debemos cumplir, en el momento que toque hacerlo.