Encontré este video hace unos días y me sorprendió la ansiedad que puede despertar en quien lo ve. Dos personas trabajan en el mismo edificio, toman el ascensor al mismo tiempo y empiezan un dialogo imaginario de esos que por lo menos yo, me hago todo el tiempo en la cabeza. Ninguno dice media palabra, la cobardía, el miedo o tal vez la vergüenza les impiden iniciar una conversación real. A pesar de que todos los días se encuentran en el mismo ascensor, ninguno toma la valentía de dar el primer paso.

Este comercial me hizo pensar en todas las oportunidades que hemos perdido por culpa de nuestra cobardía. No solo las de conocer a alguien y tal vez llegar a enamorarnos, sino las de conseguir un nuevo empleo, hacer nuevos amigos, solucionar un conflicto, iniciar una nueva carrera etc.



Lo que nos arrebata el miedo y la cobardía

Pensé en las innumerables veces en que Dios nos pone todo en nuestras narices y aún así no somos capaces de actuar. En todas esas ocasiones en las que desesperadamente oramos, pedimos y casi que exigimos un milagro, pero cuando finalmente llega, nos echamos para atrás. Esta pareja nos puede representar a muchos, cuando presas del pánico o del «qué dirán», perdemos las oportunidades que se nos presentan  y regresamos a casa con el libreto imaginario hecho añicos.



Reflexionemos por un momento en todas las veces que hemos anhelado mucho algo, cualquier cosa. En todas las veces que imaginamos qué bien se sentiría lograrlo o cómo nos cambiaría la vida si cumpliéramos con esa ilusión. Y ahora pensemos en qué hemos hecho mal, en qué hemos fallado. ¿Nos hace falta ser más valientes?, ¿más despiertos?, ¿más arriesgados quizá?, ¿nos hace falta creer más en nosotros mismos y en lo que merecemos?, ¿qué podemos hacer para no cometer los mismos errores?

Ayúdate, que yo te ayudaré

Este video me hizo recordar una historia o un cuento que se conoce popularmente pero que aún no tiene un autor confirmado. La historia ha sido modificada a lo largo de los años pero tiene un mensaje claro respecto a cómo desaprovechamos las oportunidades que Dios nos da:

«Hubo una inundación muy grande en un pueblo pequeño. Todas las personas buscaron la manera de salvarse, pero un hombre se quedó solo en ese lugar, subió al techo de su casa y rezó incansablemente pidiendo que Dios lo salvara.

Este, confiaba plenamente en Dios y estaba seguro que lo salvaría, de repente fue interrumpido por un hombre que pasaba en una balsa invitándolo a subir, sin embargo el hombre respondió «Dios me salvará» y lo dejó ir.

Luego pasaron un hombre en un bote, luego una lancha y finalmente un helicóptero. A todos los rechazó diciendo: «Dios me salvará». Finalmente se ahogó y llegó al cielo. Dios lo recibió a la entrada.

El hombre, molesto, le dijo a Dios: «¿Por qué no me salvaste si yo confiaba en ti?». Dios le respondió: «¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mandé?».

A veces nos comportamos como el hombre de esta historia. Olvidamos que Dios nos ayuda, pero que nosotros también tenemos que esforzarnos y poner de nuestra parte. La próxima vez que se te presente una oportunidad, de conocer a alguien, de decir lo que sientes, de invitar a alguien a salir, de emprender un nuevo proyecto o de hacer cualquier otra cosa, piensa que es normal que tengas miedo. El miedo tal vez no se vaya, pero aún así ¡hazlo! ¡ve! no pierdes nada con intentarlo. No dejes que la cobardía sea la madre de tus oportunidades perdidas.