Pilarín Bayés, la famosa dibujante de Barcelona de 81 años, despedía este pasado 31 de octubre a su hija María después de una larga enfermedad. En sus redes sociales publicaba una imagen en la que aparecía pintando y decorando el ataúd de su hija para que «marchara rodeada de flores», según sus palabras. Estas serán sus primeras Navidades sin ella.

Nadie está preparado para esas celebraciones en las que la ausencia grita y el sentido desaparece. Por mucho que la enfermedad o la edad lo anuncien, nunca se está preparado para este momento.

Duele igual, desalienta igual, vence igual. Y nos reúne al resto, alrededor de una mesa, cada cual con sus expectativas, con su duelo, con su tristeza, con su modo de llevarlo. No hay dos modos iguales de llevar la pérdida de un ser querido… ¡qué difícil!

Por eso el anuncio que presento a continuación me resultó muy significativo. Suchard, la famosa marca de turrones y chocolates, con el comercial «La primera Navidad», nos interroga directamente sobre el sentido de la Navidad cuando hay una silla vacía en la mesa.

Una situación que hemos vivido o viviremos todos de forma similar, un punto de inflexión familiar. Una primera Navidad que marcará, seguro, las que vendrán. ¿Lo vemos?

¿Cómo enfrentar la pérdida de un ser querido?

Creo que la historia tiende un puente entre lo que parece que nos falta y un legado que no va a desaparecer nunca. Cuando una persona deja huella en nuestros corazones, aunque ahora su ausencia duela, deja también un camino marcado. Las tradiciones son un reflejo de ella, la hacen presente para nosotros, tan necesitados de vista y tacto como somos.

La Navidad es algo así. A través de esta bonita y alegre tradición recordamos el nacimiento de Jesús. Alguien que nos hizo entender que la muerte no tiene la última palabra. Y el recuerdo, la conmemoración, nos lleva a la acción. ¿Qué me dice hoy la vida de Cristo? Y, por tanto… ¿Qué nos dice hoy la vida de aquel que falta?

Parece que para los cristianos es fácil enfrentar la muerte. Creemos en la esperanza de la resurrección. No nos engañemos, no es fácil, nunca es fácil. Pero nada acaba con la muerte para los que tenemos fe. Tampoco la celebración familiar de la Navidad.

Darle un sentido a las tradiciones

A los pocos días de que Pilarín agradeciera en sus redes sociales el apoyo recibido ante la pérdida de su hija, su yerno expresaba su admiración por la entereza de quien fue/es la madre de su esposa, y reconocía que en su ejemplo encontraba la fuerza para seguir adelante.

A Pilarín no le duele menos, pero deja que su corazón la guíe en estos momentos. Llora pensándola, ríe recordándola, enmudece a veces. Ni más ni menos que ese niño que protagoniza el anuncio de Suchard, su espontaneidad nos hace recordar que todos lamentamos esa ausencia en la mesa.

Sin duda, en ese niño ya hay algo de su abuela. Por eso es importante, desde la esperanza y la ternura, abrazarnos, contar los unos con los otros, dar un nuevo sentido a las tradiciones, atrevernos a confiar, tenernos paciencia y tendernos la mano.

En los últimos días, Pilarín ha compartido en sus redes sociales un poema de San Agustín. Por sus palabras entendí que su fe la está ayudando y que con su fe abraza a otros. Otro tesoro que seguro te ayuda a encarar las primeras Navidades sin esa persona tan especial para ti.

“La muerte no es nada, solo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo.

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista? Os espero; No estoy lejos, solo al otro lado del camino.”