Tengo dos amigos con los que puedo discutir asuntos de fe cuando sea donde sea. Uno es muy pasional a la hora de discutir y el otro duda tanto de sí mismo que pregunta todo. Entre nosotros tenemos una expresión para indicar cuándo algo es demasiado “progresista” para nuestro gusto. Es decir, cuando algo no deja de ser católico, pero no responde a nuestro carisma, por decirlo de alguna manera. Esta expresión es “tercermundista”.

La película estadounidense del género fantástico llamada «The Shack» (La cabaña) es una película “tercermundista”. Lo digo porque tiene muchos elementos del Dios en el que creemos y los retrata con cierta precisión, pero antes de rescatar los puntos que se pueden hablar en familia o con amigos después de ver la película, me gustaría aclarar algo. En la película, Dios Padre es retratado casi todo el tiempo por la galardonada actriz, Octavia Spencer. Es decir, en la película Dios es mujer. Me parece válido aclarar que Dios no es ni hombre ni mujer. Es Dios.


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Ahora una breve sinopsis de la película. Mackenzie Phillips (Sam Worthington) es un hombre que tuvo una infancia difícil, siendo víctima de la violencia de su padre. Una vez que creció y formó una familia, Mack (ese es su sobrenombre) vive una vida feliz con su mujer, Nan (Radha Mitchell) y sus tres hijos Kate, Josh y Missy. Un fin de semana en las montañas, Missy es secuestrada y asesinada por un asesino serial y Mack nunca se perdonó por haberla perdido de su vista. Un año después, Mack recibe una carta de Papá (así le decía su mujer a Dios) diciéndole que hacía mucho tiempo que no hablaban y que lo esperaba en la cabaña en dónde se había enterado de que Missy estaba muerta. Así es como Mack llega a la cabaña en el medio del bosque y se encuentra con Papá (Octavia Spencer), Jesús (Avraham Aviv Alush) y Sarayu (Sumire Matsubara), que significa “el viento de la vida”. El resto de la película se basa en la relación que Mack entabla con cada persona de la Santísima Trinidad, personificada en los tres residentes de la cabaña.

Teniendo esto en claro, estos son algunos de los puntos que vale la pena rescatar de la película:

1. No estamos llamados a ser jueces

Si bien no es el primer punto que aparece en la película, me parece que vale la pena rescatarlo. En la película, Mack condena a todo aquel que hace el mal y salva a todo aquel que hace el bien. En una conversación con uno de los personajes, Mack aprende que Dios no manda a nadie al cielo ni al infierno. Son las personas en su libertad, las que deciden a donde pasarán la eternidad una vez llegado el Juicio Final. Dios no manda al infierno, sino que nos pregunta a lo largo de toda nuestra vida a dónde queremos ir. Nosotros respondemos con nuestras acciones diarias a esa pregunta.


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2. Dios quiere una relación personal contigo

Este es el punto más fuerte de la película. Creo que si algo me enseñó «La cabaña» es que Dios busca estar con nosotros 24 – 7 todo el mes. No hay momento en nuestras vidas en el que Él no esté a la puerta de nuestro corazón, tocando para poder entrar y cenar con nosotros y nosotros con Él. Dios quiere escuchar como te fue en tu día, qué cosas hiciste de positivo y qué te costó hacer. Quiere que le muestres el mundo cómo lo ves y también quiere que lo veas a través de sus ojos. Las conversaciones con Dios deben de ser con el mismo trato que tenemos para con un amigo. El mismo trato que un hijo tiene con su padre. Es una relación que implica poner la confianza en Él y en nadie más. Es una relación que solo crece si uno está dispuesto a que crezca.

3. ¿Por qué existe el dolor en el mundo?

Esta es la pregunta del millón. En la película, es un tema recurrente. «¿Por qué se murió mi hija?», se pregunta Mack. Dios no consiente el mal, tan solo deja que pase. ¿Eso no lo hace una mala persona? No, porque Él no quiere esclavos que no pueden decidir sobre sus acciones. Él quiere que cada uno de nosotros elija libremente el bien. Que lo elijamos a Él. En «Cartas del Diablo a Su Sobrino», Lewis pone en boca del demonio las siguientes palabras: «Él [Dios] realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas pequeñas réplicas de sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la suya propia, no porque Él las haya absorbido sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere, siervos que finalmente puedan convertirse en hijos». Dios quiere que libremente nos unamos a Él.

4. El perdón

El último punto que he de rescatar (lo que no significa que se limita a estos cuatro) es el poder curativo que tiene el perdón en el alma. Podríamos pensar que perdonar es algo que hacemos porque le hace bien a la persona que se perdona, pero no es así. Cuando uno recibe una ofensa, no solo debe perdonar a quién le ofendió (si es que pide perdón) porque así ayuda al ofensor, también hemos de perdonarnos si realmente queremos seguir adelante en el camino de la santidad. El rencor es una pesa que se ata al pie y solo se suelta una vez que las palabras “te perdono” se imprimen en nuestro interior. Mack aprende de esto y lo aplica con la persona que asesinó a su hija. Tú, ¿a quién debes perdonar? No es algo sencillo. No. Implica una gran cantidad de amor, una que solo Dios es capaz de dar y por eso se lo tenemos que pedir.