Si frecuentas Netflix tanto como yo, es posible que hayas notado en la sección «agregados recientemente» la película «La gran Gilly Hopkins». La trama es muy simple: Galadriel «Gilly» (Sophie Nélisse) es una niña abandonada por su madre que ha estado yendo y viniendo de diferentes hogares de tránsito, aferrada a la desesperada ilusión de que un día su glamorosa madre vendría a salvarla del agujero de miseria en el que se encontraba y la llevaría al horizonte, donde vivirían felices por siempre.

Muy a su pesar, la Providencia tenía otras cosas en mente para la pequeña Gilly. La última casa de tránsito que la recibió tendría grandes efectos en la vida de nuestra pequeña protagonista. Para lograr algún cambio en la actitud ante la vida de la desdichada niña fueron necesarios una madre sustituta muy piadosa (Kathy Bates); William Ernest (Zachary Hernandez), un hermanito adoptivo con una historia (que nunca conocemos) aparentemente muy complicada, un vecino ciego (Bill Cobbs) y Miss Harris (Octavia Spencer), una maestra muy creativa.




Estas son algunas conclusiones que se podrían sacar una vez visto el filme:

1. Es necesario ver más allá de las actitudes de quienes nos rodean

Muchas veces nos damos cuenta de que tal o cual persona está comportándose de una manera poco agradable, que incomoda o nos hace mal. La reacción natural sería mandarla a freír churros, como decimos acá en Argentina. Pero ¿es eso lo verdaderamente cristiano por hacer? El personaje de la gran actriz Octavia Spencer pareciera creer que no. A pesar de los constantes intentos de Gilly por frustrar a la docente, tratarla injustamente mal por ser de tez negra, Miss Harris encuentra siempre la manera de mostrarle a la adolescente que ella ve más allá de sus actos. Que ve su realidad y que no va a dejar de intentar hasta lograr sacar lo mejor de ella, en este caso, académicamente hablando.



2. Las heridas de batalla

William Ernest, como mencionamos, tiene una historia personal complicada. Ante el más mínimo ruido, el infante se sobresalta y corre a los brazos de Maime Trotter buscando protección. Aprovechando esta actitud, algunos chicos de la primaria abusan del pequeño W.E y le roban todos los días el dinero que Trotter le daba para la comida. Cansada de ver tal cuadro de injusticia, Gilly le enseña a defenderse. Es verdad que, a primera vista, a uno le saldría objetar «Ante un caso como este estamos llamados a poner la otra mejilla». Si bien es cierto, es necesario hacer una distinción. Dar vuelta la cara para mostrar el resto del rostro es para cuando un prójimo nos lastima, nos ofende. Poner la mejilla es el acto de perdón que se nos llama a vivir. Es el amor que le debemos a ese enemigo que nos lastimó.

Ahora bien. Cuando la ofensa se convierte en abuso, en lo que hoy comúnmente llamamos bullying, es deber del cristiano defenderse. Nuestro cuerpo, desde el bautismo, es templo del Espíritu Santo y como tal, debemos defenderlo ante los agresores. El sano orgullo de W.E de tener «heridas de guerra» le permite darle el valor que tiene a su cuerpo, que defendió ante sus agresores. Las cicatrices no hacen más que mostrar lo mucho que valora su integridad.

3. Cuidar las palabras y velar por los demás

Maime Trotter se convierte, a lo largo de la trama, en una de las figuras más importantes en la vida de Galadriel. Al principio, pareciera ser esa típica anciana entrometida que no tiene ni idea de la vida y que no tiene nada mejor que hacer que meterse en la vida de la «pobrecita» Gilly. A medida que evoluciona la historia, vemos que los «densos» intentos de esta madre de tránsito van surtiendo efecto en la personalidad de la protagonista. Un poco (bastante) de amor desinteresado hace que Gilly pase de ser una chica centrada en su vida y sus problemas a alguien que está constantemente velando por el resto. Todo venía bien, hasta que un error del pasado viene a cambiar su vida nuevamente.

4. Cómo nos afecta el pecado y cómo Dios logra sacar cosas buenas a pesar del mal

No es que de lo malo salgan cosas buenas. Es de la lucha contra el mal que sale lo positivo. Un error pasado de Gilly hace que pierda ese «safe heaven» que había encontrado en la casa de Trotter. Una pequeña mentira que hasta ella misma se había olvidado, vuelve para sacudir su realidad. Después de resistirse, la pequeña huérfana decide no dejarse vencer por la adversidad.

Muchas veces, las cosas no salen de acuerdo con nuestros planes. Es imprescindible que recordemos que Dios tiene planes para nosotros. Es necesario abandonarnos en sus brazos, dejarnos llevar por Él. Sin lugar a duda, muchas cosas más pueden rescatarse de «La gran Gilly Hopkins». Si ya viste la película cuéntanos si te gustó y si te gustaría agregar otro punto o reflexión.