
Hace poco vi una película que ya lleva sus años, pero que me ha transmitido algunas enseñanzas que podrían ayudarte a orientar un cine-debate: John Q.
La familia es la razón de vivir de cada padre y madre de familia: es lo que los mueve a trabajar todos los días, a sacrificar lujos por sus hijos y a hacer lo que sea por aquellos con quienes vive. Más bien, lo que mueve a un padre y a una madre es el amor a ese prójimo tan próximo, como lo es la familia.
Santa Teresa de Calcuta dijo una icónica frase que ya hemos tratado en otras ocasiones, pero siempre es bueno volver a ella: «Si quieres cambiar el mundo, ve a tu casa y ama a tu familia».
John Q. Archibald y Denise: los padres que deben cargar con una cruz
Recientemente, hemos celebrado la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Allí, hemos reflexionado el Evangelio de Marcos 8, 34, que dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga».
La cruz es el símbolo de todo cristiano, de toda persona que sigue a Jesucristo. Y tal es el caso de estos padres, protagonistas de la película John Q, que se ven sorprendidos por una cruz que deben cargar.
La familia Archibald, constituida por John (padre), Denise (madre) y su hijo Mike, es pequeña y tiene sus dificultades y sus ventajas, como todas.
A pesar de todo, la familia es feliz. Los padres trabajan, el hijo estudia y juega béisbol. Tienen lo suficiente para vivir, aunque no les sobre mucho…
Es decir, todo está bajo control a pesar de los problemas cotidianos que pueden aparecer en cualquier familia. Sin embargo, un suceso irrumpe en sus vidas: su hijo se desploma en medio de un partido de béisbol.
Luego de varios exámenes, se determina que Mike, el hijo, tiene el corazón más grande de lo normal. Puede perder la vida si no se le hace un trasplante de corazón.
Los Archibald se ven golpeados por esta situación tan repentina e inesperada, pero harán todo lo posible por conseguir que su hijo sea operado y salve su vida.
La antipatía de algunos y el valor de la vida humana
¿Cuántas veces pasamos por la calle y no somos capaces de conmovernos con una persona que está sufriendo? ¿Cuántas veces eso nos ha pasado a nosotros mismos? A la familia Archibald le sucedió que tuvo que enfrentarse a la antipatía de muchos.
En principio, la dificultad de que su vida se vio conmovida por una situación inimaginable. Pero, en segundo lugar, tenían que enfrentarse a la burocracia y a la falta de empatía del sistema médico estadounidense y de algunos sectores de la sociedad.
Cada día que pasaba era un día menos de vida para Mike, el hijo. Mientras, John, el padre, hacía todo lo posible para poder conseguir el dinero necesario para que le hicieran el trasplante a su hijo y así salvarle la vida.
Pero pocos lo ayudaban. Todos hacían ojos ciegos a la situación que vivía la familia, como si la vida humana se midiera solo en términos económicos.
John, movido por el amor de padre y por la fuerza que Dios le dio, tuvo que recurrir a medidas extremas para intentar salvar la vida a su hijo.
El padre que es capaz de dar la vida por su hijo
John es el típico ejemplo del padre que es capaz de morir, de dejar y abandonar su vida con tal de dársela a su hijo. La entrega de un padre, como san José, que dedicó su vida a su familia, a Jesús, el hijo de Dios, y a María, la llena de gracia, es la máxima expresión de amor.
El verdadero amor es el que sabe de entregas, el que conoce el abandono y el que, además, lo experimenta. John es el ejemplo de entrega, de un padre de familia que en lo único que piensa es en el bienestar de los suyos… Y lo que lo mueve a accionar es el amor y la fortaleza que solo puede venir de Dios.
La Sagrada Familia, como sabemos, no vivió una vida sin dificultades. Al contrario, supo seguir adelante. Fue fuerte y constante en su misión de santidad.
Aprendamos de la Sagrada Familia a amar bien a los nuestros. Retomando la idea de Santa Teresa de Calcuta, cambiemos el mundo yendo a nuestros hogares y amando a nuestra familia.
Artículo elaborado por Gabriel Rivas

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