La vocación de docente es una de las menos valoradas. Por lo menos yo no valoré lo que tendría que haber valorado a los profesores que tuve. Es increíble la huella que dejan en uno. El alcance que pueden llegar a tener. Hace poco estaba viendo que podría ser lo próximo para ver y recordé que nunca había visto la película «Freedom Writers», en español «Diarios de la Calle». Cierta intriga por esta película me llevó a darle click y disfrutarla. No me equivoqué con esta.

Ya desde el principio la película te compromete con su trama y te invita a dejarte llevar por el «qué va a hacer ahora». Realmente, muy buena película. Después de un año de estar formalmente delante de un aula, puedo decir con toda honestidad que quiero ser como esa profesora cuando sea grande. La trama es sencilla. Erin Gruwell es una idealista joven recién recibida que, dado el contexto social en el que se encuentra su ciudad, está convencida de que esa «guerra» que se estaba desenvolviendo en Los Ángeles, solo se podría ganar en el aula.



Determinada, se emprende en una suerte de cruzada personal por lograr demostrarse a sí misma y las personas pesimistas que la rodean, que un cambio en la vida de esos alumnos criminales es posible. Solo se tiene que encontrar alguna puerta de entrada.

Suficiente de la trama. Si quieres saber más de la película, mírala. Te la recomiendo, es muy buena. Estos son algunos puntos que se pueden rescatar en una clase de secundaria o (en caso de haberla vista fuera del ámbito escolar) para discutir entre los que la hayan visto:



1. Cada uno tiene un llamado al que responder

No me canso de repetirlo. Dios nos trajo a este mundo para algo, todos tenemos un propósito. Nuestra vida cobra sentido en nuestra respuesta a ese llamado que Dios nos hace. Erin Gruwell es la ilustración de esto. Si bien nunca se menciona una perspectiva de fe en la entrega de esta profesora, es impresionante la pasión con la que vive su vocación docente. Da todo de ella por sus alumnos. Quiere trascender su materia para que los chicos realmente aprendan algo. Y lo logra.

Es con la pasión con la que se entrega y su tenaz persistencia la que no la deja rendirse, la que le permite logra llegar a sus alumnos y mostrarles que educarse va más allá de unas reglas ortográficas o una cuenta de matemática bien hecha. La entrega del personaje de Swank es una que llega a extremos de tomar dos trabajos de medio tiempo, además del de ser profesora, para poder pagar las cosas extra que necesita para darles contenido que realmente les sirva a los chicos.

2. La gente que no logra responder se ve amenazada por esos que sí

Una nota importante de la película es todo aquel personaje que busca tirar abajo el trabajo duro de la profesora Gruwell. Ya sea su (ahora ex) marido, sus colegas o incluso su padre al principio. Ninguno puede entender por qué Erin hace tantos esfuerzos para dar las clases. Hay quienes objetarían que ella, en su afán de ser buena profesora, descuidó su matrimonio, dejando que su relación con su marido cayera en un pozo insalvable que llevaría, inevitablemente, al divorcio. Y, en caso de
haberse desarrollado de alguna manera diferente el asunto, sería cierto.

Lo cierto es que, bajo ese techo, el principal sostén de la casa era ella, no él. Cuando se le cuestiona la cantidad de tiempo y esfuerzo que le estaba dedicando a su trabajo, ella responde que lo hace porque considera que es el tiempo de sus vidas en que lo puede hacer. Que más adelante llegarían los hijos y que debería dedicarse a su familia.

Cuando Scott viene con el planteo de querer divorciarse, ella le dice que no quiere excluirlo, que quiere que él sea parte de todo lo que está viviendo en el colegio. «Eso es lo que hacen las esposas. No quiero ser tu esposa», responde Scott. Claro. Él, por orden cultural, debería ser el principal sostén de la familia. Debería ser él quien vuelva con las historias para contar a su mujer. Pero no tiene siquiera un título. Ella lo incentiva para que lo alcance. Lo invita a desarrollarse como persona de la misma manera que ella se estaba desarrollando en su nuevo trabajo. Eso es lo que asusta a Scott, «Es demasiado grande. No estoy dispuesto a dar tanto», termina diciendo.

No creo que la actitud de Erin sea condenable. Lo que sí me parece necesario aclarar y que no hay que perder de vista esque no se puede descuidar el matrimonio por estar cegados ante una pasión que nazca en nuestro trabajo. Si uno decide casarse, es porque descubrió en su corazón que Dios lo llama a la santidad a través de ese sacramento. La profesión que se siga debe ser instrumento para alcanzar la santidad en el marco de un matrimonio santo. Cuando el trabajo eclipsa la relación matrimonial, hay problemas. No puede suceder eso y es trabajo de ambos que no suceda.

El caso de Erin no es negligencia. Ella llegaba y quería hacer partícipe a Scott de todo lo que había acontecido en el colegio para hacerlo partícipe a él de sus alegrías. Ya que él no tenía un trabajo que lo llenara como persona, a lo mejor se podría llenar con todo lo que ella volvía. Pero no fue así. Tan encerrado estaba en sí mismo que no logró salir al encuentro de su renovada esposa. Eso fue lo que mató este matrimonio, no la entrega de Erin.

Después están los profesores. Ellos tampoco entienden la entrega de su colega. Cada esfuerzo que ella hace por darle el valor que se merecen a sus alumnos, la vice-directora y el profesor de tercer año, buscan tirarla abajo. Ellos no logran ver más allá de los criminales que son. No se dan cuenta de que la sabia de esos chicos todavía está fresca. Que son arcilla todavía maleable. Pareciera que se olvidaron de porqué se hicieron maestros, para pasar a ser autómatas de la educación, que solamente quieren prestar atención a los que «realmente valen la pena».

3. Somos mucho más que nuestras caras

El famoso dicho «No juzgar a un libro por su portada» no nació de la nada. La gente saca conclusiones con base a lo que ve y, muchas veces, se equivoca. Es muy frecuente el prejuicio entre nosotros. Tal persona nos cae mal por tal cosa, esa otra me cae bien por tal otra. Y al final del día la primera persona mencionada era realmente admirable y la segunda era completamente superficial.

En la película, el tema de la raza y procedencia de los chicos hace la trama de la película. Es a lo largo de todo su ciclo lectivo que los mismos chicos logran ir despojándose de sus máscaras para mostrar quienes son realmente y reconocer en el otro a un prójimo y no un enemigo. Estos son los tres puntos que no quería dejar de mencionar. Sin embargo, la película tiene mucho más para aportar. El valor de la verdad (y más aún, de decirla), el estudio, creer en uno mismo. El saber reconocer los propios errores y mucho más. ¿Qué fue lo que más te gustó a ti? Déjanos saber qué opinas en los comentarios.