*Advertencia: la película no es apropiada para audiencias menores a los 16 años por recurrentes conversaciones y actitudes de algunos personajes.

Cuando alguien cercano a ti tiene una enfermedad terminal, es casi imposible encontrar las palabras adecuadas para hablar con él o ella. Desde la fe, entendemos que Dios tiene un plan para nosotros y que de ese mal que cayó en la vida de esa persona, Él va a sacar frutos muchos más grandes. Pero honestamente, ¿eso es algo que le dirías a alguien que tiene una enfermedad que va a terminar con su vida? ¿Crees que lo/la vas a consolar con esas palabras? Bueno, a alguien con mucha fe puede que sí. Pero ¿y alguien que no cree?


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Decir las palabras justas no existe, por lo menos no de una manera fácil. Más sencillo es hablar con las obras. Demostrar que eres un/a amigo/a que está para él/ella. Esto es lo que enseña la película «Me, Earl and the dying girl» (Yo, él y Raquél en Latinoamérica). En este film, Greg, un chico con el autoestima por el piso y un conocimiento personal limitado, por una u otra razón termina visitando a Rachel, diagnosticada con leucemia. Sin darse cuenta, Greg termina saliendo de sí mismo para darlo todo por una chica que casi no conocía.

Antes de enumerar algunos de los puntos que se pueden rescatar después de ver esta película, me gustaría resaltar un aspecto para nada cristiano de este largometraje que no puede pasar por alto. El guionista se tomó la libertad de incluir en el guión, repetidas veces, el tema de las relaciones íntimas entre el hombre y la mujer. Nunca de manera gráfica, solo en conversaciones. Pero tales conversaciones son claramente no cristianas y definitivamente no son lo que se rescata de esta película. Otro tema al que no se le da mucha importancia es las drogas. Se habla de ellas con una naturalidad como si no fuera nada malo consumirlas.

Más allá de estos, y otros problemas que pueda tener el film, el tema central de la película sigue siendo rescatable. Estos son los puntos que se pueden discutir:


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1. Salir de uno mismo para verse mejor

Como ya se dijo, Greg no se conocía al comienzo del film. Él es un camaleón que cambia de piel a medida que va cambiando de amigos. Nunca definió su personalidad delante de nadie más que de su amigo, Earl. En toda la película, él mismo se define como una persona fea, mala e inútil para hacer relaciones sociales con nadie. El concepto más bajo que alguien podría tener de sí mismo, ese era el que Greg tenía de su persona. Una vez que empieza su relación con Rachel, sus talentos empiezan a aflorar y dar frutos. Y eso es porque plantó la semilla donde tenía que hacerlo. Explotar lo que uno tiene para darlo a los demás es un excelente ejercicio de autoconocimiento. Porque hay veces que tenemos cosas que no vemos hasta que las empezamos a hacer. Por ejemplo, en la película Greg no sabía que podía ser gracioso, hasta que, después de un rato con Rachel, se da cuenta de que tiene cierta habilidad para hacerla reír y eso es parte de él y nadie más que él. «Nunca conocí a una persona que me haga sonreír tanto como él», llega a afirmar Rachel. Salir de uno mismo sirve para tener una mejor perspectiva de quién se es realmente. Uno sale de sí mismo para darse a los demás. Y es en ese darse que uno entiende lo que tiene, porque no se da lo que no se tiene (o lo que no se sabe que se tiene, en este caso).

2. La importancia de la fe en momentos como este

(Spoiler alert) Rachel se rinde a su enfermedad porque pierde la esperanza: «Me vuelvo cada vez más enferma y más débil a medida que avanzo en el tratamiento». «Ya no tiene sentido que siga luchando». Para una persona que no tiene fe, esa frase es lo más coherente que tiene para decir. Para alguien que no tiene a Dios en su vida, las cosas finitas no son una razón suficiente para seguir luchando. Pero hablarle de Dios cuando está en una situación como una enfermedad terminal, no es muy inteligente. Hay que tener una sensibilidad especial para con nuestro prójimo que no cree en Dios y se encuentra en sus últimos días/semanas/meses. Darles compañía y amor es lo mejor que puedes hacer. Si él/ella saca el tema de Dios, aprovecha la oportunidad, de lo contrario, limítate a brindarle todo tu amor, porque, de ser un verdadero y desinteresado amor, Dios va a poder tocar una vez más a la puerta de ese corazón que tanto lo necesita.

3. La muerte, la última oportunidad de entrega de cada uno

Henri Nouwen escribió, entre muchas cosas, un libro que se llama: «Tú eres mi amado». En él, describe los cuatro puntos que toda persona tiene que reconocer para poder saberse amado por Dios. Uno de esos puntos es el saber que fuimos hechos para darnos. Al desarrollar ese punto, Nouwen dice que la muerte es la última instancia para darse a los demás.

«Nuestra ruptura final, la muerte, debe tener el sentido del don final de nosotros mismos. (…) La muerte se nos presenta como una enemiga de la que tenemos que huir mientras podamos hacerlo. (…) Sí, existe una buena muerte. Somos responsables de la forma en que morimos. Tenemos que escoger entre apegarnos a la vida de tal forma que la muerte sea un fracaso, o dejar la vida en libertad, de tal manera que podamos ser entregados a los otros como fuente de esperanza. Es una elección crucial, y tenemos que trabajar para hacerla perfecta, todos los días de nuestra vida. La muerte no tiene por qué ser nuestro fracaso final, nuestra última derrota en la lucha por la vida, un hecho inevitable. Si nuestro deseo humano más profundo es darnos a los demás, entonces podemos hacer de nuestra muerte un don final. Es maravilloso pensar qué fructífera es la muerte cuando es un don libre».

En la película, se ve claramente que (Spoiler alert) la muerte de Rachel es un don para Greg. «Era raro estar aprendiendo algo nuevo de Rachel después de que muriera. Pero de alguna manera, fue tranquilizante también», cuenta Greg. Así es como uno entiende ese don que puede ser nuestra muerte para los demás. Queda en uno decidir si la muerte es nuestra derrota final ante el mundo, o nuestra última victoria al entregarnos enteramente a los demás.


*Dedicado a Felipe Rastelli y a todas las personas que estén luchando con el cáncer, para que encuentren su fuerza en el Señor y la gente que los rodea.


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