¿Alguna vez te pareció que hablar de Dios era «aburrido»? ¿O te ha costado sentir la alegría de seguir a Jesús y anunciarlo al mundo entero? Pues acá te contaré por qué nuestra fe no solo es alegre, sino que además ¡es una fe viva! Para ello, antes quisiera compartirte la canción «El Cielo no puede esperar», de la película del beato Carlo Acutis, que nos trasmite su ejemplo, virtudes y aquello de lo que te quiero hablar.

Un camino que está llamado a recorrerse

¿Cuántas veces no hemos tenido miedo de abrir nuestro corazón más a Dios, por miedo a lo que nos pueda pedir? Encontrarte con Jesús es emocionante, pero a la vez aterrador. Jesús viene a nuestra vida, pero viene a movernos de nuestro lugar cómodo. Eso nos aterra y nos hace preguntarnos lo mismo que la canción: «Porque a veces tengo tanto miedo, será que no sé cómo vivir».

Esa pregunta es tan solo el inicio de toda una vida que está llamada a hacerse junto al Señor, unida a su propia vida. No hay algo más hermoso en la vida cristiana que sentirse tocado por Dios.

Son muchísimas las personas que me han contado cómo, a través de preguntas (y muy profundas), empezaron a buscar más y más a Jesús. Y encontraron en Él respuestas que no se imaginaban encontrar.

Una vida que podemos anticipar

Un poco más adelante, la canción sobre la vida del beato Carlo Acutis dice:

«No me cansaré de andar si contigo, sé que puedo imaginar una vida para amar.

Abre la puerta de tu corazón que se escape una sonrisa tonta en esta canción,

abren los ojos gritan sin temor que vale la pena ver las cosas

si es por amor y qué más da,

voy a volar porque el cielo no puede esperar» 

Esta parte de la canción toca lo profundo de nuestro corazón. ¿Alguna vez te has preguntado cómo será la eternidad? Ciertamente, sabemos que muchas cosas son un misterio. Pero, al venir al mundo, Cristo nos reveló todo lo necesario para nuestra salvación.

Dentro de lo que nos mostró, se refirió al lugar que nos espera después de nuestra muerte. Lo llamó «el paraíso» (Lc. 23:43) o «Reino de los Cielos» (Mt. 19,14). ¡Es la vocación a la santidad que se nos ha dado!

Algo que siempre impacta de la vida de los santos es su conciencia sobre el llamado a la eternidad, cómo logran ver la presencia viva de Dios en sus vidas y cómo eso lo reflejan ante los demás. Cómo – aunque hayan vivido cosas realmente muy difíciles – mantuvieron a Dios en el centro.

Se abandonaron de tal manera que lograban mantenerse alegres y en paz, a pesar de las múltiples adversidades que vivieron (miremos la vida de San Pío de Pietrelcina, San Juan Pablo II, el mismo beato Carlo Acutis, entre tantos otros).

Y es que los santos nos permiten comprender que Jesús sigue vivo entre nosotros, en su Iglesia, en nuestros demás hermanos, en las escrituras, en los sacramentos. Vivir una vida virtuosa siempre traerá gozo al alma, pues es vivir como Dios quiere que vivamos.

Una vida que exige purificarse para avanzar

«No te aferres a lo material,  si ya sabes que no te va a dar

aquello que en teoría se supone que es la felicidad

Un amigo es lo que hay que cuidar 

como las flores hay que regar

La familia siempre esta detrás

No me cansaré de andar

Si contigo se que puedo imaginar

Una vida para amar»

Seguir a Jesús es hermoso. Es la mejor decisión que alguien puede tomar en su vida, pero a su vez es un camino exigente. El camino de los apóstoles, al igual que el de muchos santos, ha sido un camino de caídas y levantadas, de alegría y llanto, de aciertos y desaciertos. ¿Parecido a nuestro camino con el Señor dos mil años después, cierto?

Y es que seguir a Cristo también pasa por purificar el corazón. ¡Cuántas veces no hemos sufrido por tener en nuestro corazón como prioridad las cosas en vez de las personas!, ¡cuántas veces hemos creído que requerimos mucho para ser felices y por eso terminamos aplazando la alegría y la felicidad para un momento específico de nuestras vidas!

Los grandes santos han hecho todo un camino para liberarse de la mirada del mundo para anclarse en la mirada de Cristo, ¡y han sido tremendamente felices! Porque en su corazón había algo que muchas veces nos falta: libertad interior.

Jesús nos pedirá purificar nuestros corazones para poder también gozar auténticamente de la vida que Él nos quiere ofrecer aquí en la tierra.

El cielo nos espera

No podemos olvidar la gran esperanza para todos como cristianos: el cielo nos espera. Hay muchas cosas en nuestras vidas que pueden esperar: profundizar los estudios, adquirir una casa propia, ir a un viaje soñado…

Todas muy positivas, pero hay algo que no puede esperar: nuestra vocación para ser santos, para estar con Cristo en el cielo.

Es verdaderamente apasionante saber que algún día contemplaremos a Dios, cara a cara, algún día veremos recompensados nuestros esfuerzos por amarlo a Él y a los hermanos.

Es apasionante saber que ganamos el Cielo en las pequeñas opciones que hacemos por el Señor cada día. Y Jesús sabrá recompensar nuestra fidelidad, no dejemos de amar

 

Los autores Gary e Isabela cuentan con un proyecto, Volver a lo esencial, donde tratan temas sobre el amor humano.