
En esta ocasión me preguntaron: ¿Es verdad que el pecado, las enfermedades y traumas de nuestros antepasados se transmiten y que son origen de muchos de nuestros problemas, incluso psiquiátricos? Hay quienes hacen oración por la sanación intergeneracional…
¿Qué es la sanación intergeneracional?
Primero definamos qué es esto, porque me imagino que muchos no han escuchado, ni leído sobre este asunto. Sus promotores la definen así: «La sanación intergeneracional para el cristiano, es una oportunidad de reconocer y llevar la sanación a cosas que influyen en la familia, desde el pasado, con repercusiones para el futuro. La sanación intergeneracional nos sugiere la posibilidad de que actos negativos de nuestros antepasados puedan introducirse, de alguna forma en nuestra «sangre» y paguen por ello las generaciones futuras».
Queda claro entonces que para estas personas, uno está determinado o afectado por las acciones equivocadas de sus antepasados, yo pagaré sus culpas, y este mal se introducirá en mí y me afectará.
1. ¿Falso o verdadero?

Frente a esta confusión, lo que tendría que decir es lo siguiente. Primero, lo que se transmite por generación es el pecado original, no el pecado personal de nuestros padres. Luego, en el Nuevo Testamento Jesús deja claro que no existe una relación entre el mal que sufro y el pecado de mis padres, o mis abuelos:
«Y le preguntaron sus discípulos: — Rabbí, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego? Respondió Jesús: — Ni pecó este ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Jn 9,2). Así que en Cristo, que es la plenitud de la revelación, se aclara esta idea equivocada de la retribución.
2. ¿Qué origen tiene este concepto?

Quienes plantean este asunto, se fundamentan en una cita del Antiguo Testamento: «No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen: Y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos» (Dt 5,9-10).
Este texto hay que entenderlo como parte de la revelación, que es progresiva. La idea principal es que, a diferencia de los paganos, Israel considera a su Dios como Señor de misericordia, pues esta dura por siempre (mil generaciones). Pero este texto no puede ser leído aislado de los demás textos, que van enriqueciendo la revelación que Dios hace de sí mismo a su pueblo.
3. «¿Por qué el hijo no carga con las culpas de su padre?»

En el profeta Ezequiel, leeremos: «¿Por qué el hijo no carga con las culpas de su padre? Porque el hijo practicó el derecho y la justicia, observó todos mis preceptos y los puso en práctica, por eso vivirá. La persona que peca, esa morirá; el hijo no cargará con las culpas del padre, ni el padre cargará con las culpas del hijo. Sobre el justo recaerá su justicia, y sobre el malvado, su maldad» (Ez 18, 19-20).
Vemos entonces cómo la Sagrada Escritura nos va aclarando que la retribución es individual. Por lo tanto, algo que ya se vislumbraba en el libro del Deuteronomio, se va aclarando posteriormente hasta llegar a la claridad total, con Jesús, ante la pregunta de sus discípulos.
Por último, en el desarrollo de la doctrina sobre el pecado personal y pecado social, no se menciona este asunto de la dimensión intergeneracional del pecado. No existe un mal particular (una cultura familiar pecaminosa) que se transmita de generación en generación al punto que deba ser sanada como una realidad existente.
4. Recordemos lo importante

Recordemos que el pecado, en sentido verdadero y propio, es siempre un acto de la persona, no de un grupo o «de mi árbol genealógico». Pueden haber factores externos que afecten a la persona, y estos pueden atenuar en mayor o menor medida su libertad y la culpabilidad, pero sabemos por fe y experiencia personal que somos libres.
Por lo tanto en cada hombre no existe nada tan personal e intransferible como el mérito de la virtud o la responsabilidad de la culpa. Si quieres profundizar sobre el tema te recomiendo la conferencia online «El Pecado: claves para enfrentarlo desde la gracia y el discernimiento». Queda claro entonces que este asunto de la sanación intergeneracional es incompatible con la fe católica que profesamos.

Buena aclaración muy agradecida
buenas tardes, mi duda es basada en la historia de Acán y la consecuencia para su familia
Y por que el pecado original si se pasa de generacion en generacion
El pecado original es de desobediencia, llamado así porque fue el primer pecado que se cometió en la Tierra, en los principios de la humanidad, y es origen de otros muchos. El pecado original es la raíz de los demás pecados de los hombres. La realidad del pecado original es dogma de fe.
Con este pecado de desobediencia nuestros primeros padres perdieron la gracia para ellos y para nosotros sus hijos.
El Concilio de Trento el más trascendental de toda la Historia de la Iglesia define como de fe que el pecado original se transmite de generación, por herencia.
Nosotros no somos responsables del pecado original porque no es pecado personal nuestro; pero lo heredamos al nacer.
Por eso el pecado original es llamado «pecado» de manera análoga: es un pecado «contraído», no «cometido»; es un estado, no un acto.
Esto no es cierto, parece que este canal no es Católico, claro que el pecado original se hereda, claro que nacio ciego no por pecado sino para probar el poder de Dios en su milagro que le permitió ver, claro que se heredan y vemos familias de gente corrupta, pero si los hijos piden perdón por sus propios pecados, Dios obra porque para eso vino Jesus para salvar a los que en El creen.
Con el Bautismo se nos borró el pecado original, pero cada vez que cometemos alguna falta en contra de Dios, perdemos nuestra vida de gracia y ofendemos a Dios. Lo único que nos puede alejar de Dios es el pecado, que es una ofensa al amor de Dios, una desobediencia a Él.
No comparto esa asimilación de pecado y trauma. Pecado es una falta contra el amor de Dios y el trauma es una vivencia que ha generado daño en la psicología/biología. Son realidades diferentes, aunque en ocasiones el pecado pueda causar traumas en los demás y en uno mismo. Y se conoce que el trauma modifica el cerebro y hoy en día se habla de la epigenética.
La Iglesia nos enseña que en el pecado hay dos dimensiones, que se suelen llamar la «culpa» y la «pena.» En términos sencillos, la culpa es el daño o desfiguración que uno causa al propio ser, la propia alma, porque al escoger el mal es como si abrazáramos algo apestoso y venenoso: no es posible elegir el pecado sin quedar impregnados de su hedor y de su fealdad. Esa es la culpa; algo que uno lleva como «adentro.»
La pena en cambio, se refiere al aspecto externo, o sea, a las consecuencias, más o menos visibles, que a corto o largo plazo trae el haber obrado mal.
La concupisencia es la tendencia al mal, y es la consecuencia del pecado original. De igual manera los hijos heredan la consecuencia del pecado de sus padres y ancestros.
Gracias por aclararme esa duda…