«Save the Children» es una organización internacional que promueve el bienestar de la niñez vulnerable. Aquí se encuentran las víctimas de conflicto y guerra. En esta ocasión nos presenta una campaña de sensibilización frente a la realidad de violencia en algunos países y nos evidencia cómo llega a ser el sufrimiento de quienes lo padecen. Y cómo llega a ser la indiferencia ante el sufrimiento.

El video recoge las expresiones de una niña a lo largo de varios días. Es evidente cómo de la alegría y la ilusión, de la inocencia propia de su edad, pasa a la angustia, el temor y el sufrimiento al encontrarse en medio de la guerra. Estas expresiones recogen también las esperanzas e ilusiones de todos los niños y de cómo una situación ante la cual son inocentes puede derrumbar sus sueños y perturbar su alegría.

La indiferencia ante el sufrimiento

Si revisamos las noticias podremos recoger una historia de drama y sufrimiento que se prolonga desde hace varias semanas y meses. Días de terror, de odio, de resentimiento y de conflicto, días de intolerancia y persecución de personas inocentes, niños y adultos, hombres y mujeres que no han cometido ningún mal.

El hecho de tener otras maneras de pensar, otras ideologías y creencias, en muchos lugares los vuelve víctimas de odio. Ante las guerras vigentes, los que nos encontramos a kilómetros de distancia, podríamos tener distintas actitudes.

En primer lugar, la indiferencia ante el sufrimiento, la costumbre y la «resignación». Actitudes soportadas por pensamientos como «guerras siempre ha habido», «es lo mismo de siempre», «¿qué de nuevo hay en ello?», «los noticieros muestran esto todos los días», «¿por qué alarmarse y preocuparse?».

«Eso a mí no me toca, que lo solucionen los gobiernos y las personas de estas regiones». La frase al final del video es muy diciente con respecto a esta actitud acostumbrada: «Solo porque no esté pasando aquí y ahora, no significa que no esté pasando en algún otro lugar».

Esta exhortación no pierde su vigencia en la actualidad. El hecho de que los conflictos y las guerras no sean una novedad, o que la guerra que viven ciertas regiones en este momento se esté prolongado, no debe ser motivo para no cuestionarnos o para verlo como algo «normal».

Otra actitud puede ser la de aquellos que, con una mayor sensibilidad y compasión, lleguen a lamentar estos hechos, a entristecerse: «¡pobres ellos, qué lástima!». El corazón de estas personas no es del todo indiferente ante el sufrimiento, pero todo se queda en el interior como un mero sentimiento. Que se va extinguiendo con los días.

La enfermedad de nuestros días

Uno se podrá preguntar: ¿qué pensamientos, sentimientos y actitudes debiéramos adoptar, entonces?, ¿cómo enfrentar esta realidad, a pesar de que no tenga que ver personalmente conmigo?, ¿cómo superar la indiferencia ante el sufrimiento?

La respuesta la encontramos iluminada por la fe, en las enseñanzas que el Señor Jesús nos da con su vida. La respuesta es que desde el lugar que yo ocupo estoy invitado a llenarme de los pensamientos, sentimientos y actitudes de Jesús. 

Llenarme de una mirada compasiva por los que sufren, reconociendo en ellos a mis hermanos en la fe. Llenarme de sentimientos de compasión activa, que se traduzcan en acciones concretas, como la oración y ofrecimientos por ellos.

Como bien nos viene insistiendo el Santo Padre, llenarnos de acciones de solidaridad, de compromiso y de empeño por construir paz y justicia en los ámbitos en los cuales me encuentro.

Cada uno está llamado a ser artífice de paz. Puede que veamos muy utópico cómo ello puede contribuir a un conflicto a miles de metros de distancia. Pero, pongámonos a pensar que – así no sea en iguales magnitudes -, nuestra ciudad o país también vive realidades de conflicto.

Además, recordemos la revolución que hicieron los primeros cristianos, siendo unos pocos en un comienzo, siendo frágiles y sencillos. Sin embargo, confiados en Dios, en Su acción providente y amorosa para construir la Iglesia.

Esta certeza alienta nuestra esperanza de poder hacer parte de un cambio, si empezamos por cambiar nuestro corazón.

¿Qué tan dispuesto me encuentro a defender mi fe?

En este sentido, me parece muy elocuente el mensaje del Santo Padre al concluir uno de sus viajes a Corea, un país que también ha estado marcado por conflicto:

La urgente invitación de Dios a la conversión pide también a los seguidores de Cristo que revisen cómo es su contribución a la construcción de una sociedad justa y humana. 

Pide a todos ustedes que se pregunten hasta qué punto, individual y comunitariamente, dan testimonio de un compromiso evangélico en favor de los más desfavorecidos, los marginados, cuantos carecen de trabajo o no participan de la prosperidad de la mayoría. 

Les pide, como cristianos rechazar con firmeza una mentalidad fundada en la sospecha, en la confrontación y la rivalidad, y promover, en cambio, una cultura modelada por las enseñanzas del Evangelio y los más nobles valores tradicionales.

Fe y valor en tiempos de persecución

Cuando pensamos en los mártires y los cristianos perseguidos, quizá nos remitamos a historias del pasado. A los primeros días de la Iglesia o quizá a acontecimientos que han quedado en la historia.

Sin embargo, analizando la realidad actual de los conflictos en muchos países, encontramos que hoy la persecución de cristianos es mayor que en otros tiempos. Este conflicto que viven muchos hermanos nuestros en la fe nos lleva también a una reflexión.

¿Qué tan dispuesto me encuentro, si tuviera que defender mi fe? Si mis creencias y opciones por seguir al Señor me llevarán a ser perseguido, o incluso a ser martirizado, ¿me sentiría capaz?, ¿me veo decidido si tuviera que afrontarlo?

Quizá para muchos de nosotros esta circunstancia puede estar lejana en estos términos tan extremos. Quizá todavía vivimos en países y culturas que son creyentes o que respetan de algún modo las diversas creencias.

Lo que sí podemos experimentar en muchas ocasiones son la incomprensión, las burlas o el rechazo por nuestra fe. No ser tenidos en cuenta, ser vistos como personajes extraños.

El camino que Él nos invita a recorrer

Si bien no es un extremo de persecución, es una evidencia de que hoy como ayer los cristianos estamos invitados por el Señor a ser signos de contradicción. A estar en el mundo sin ser del mundo. Es el momento de recordar y acoger las palabras del Señor que nos invitan a confiar y a no tener miedo. Pues Él estará siempre con nosotros.

Por eso, pensar en quienes están sufriendo estas persecuciones, pensar en su actitud valiente y arriesgada debe suscitar en nosotros la gratitud con cada uno de estos hermanos por su testimonio de fidelidad y por su perseverancia generosa y motivar un mayor compromiso solidario con ellos a través de nuestra oración y de nuestro esfuerzo por ser también fieles con nuestra fe.

 

¿Qué reflexiones has tenido en estos días al seguir las noticias de los distintos conflictos? Comparte con nosotros tu reflexión.