Hace unos días, conversando con una persona, me contó que había tenido la peor Cuaresma posible. Había fallado en todos sus compromisos, había estado de mal humor, hiriente, impaciente, y muchas otras cosas de las que se sentía muy dolido. Al escucharlo pensé completamente lo contrario: ¡En cierto sentido ha tenido la mejor Cuaresma posible! ¿Cómo así? Uno de los objetivos principales de la Cuaresma es experimentar la necesidad absoluta de Dios. Si fallaste porque no cumpliste todo lo que te comprometiste, si experimentaste la lejanía de Dios, incluso hasta tu pecado, quizás sea ocasión para recordar que las propias fuerzas de uno no bastan, y que estamos radicalmente necesitados de Dios.

Por tanto si sientes que en la Cuaresma te ha ido pésimo, que no cumpliste lo que te habías propuesto, que fallaste totalmente, quizás entonces podrías haber tenido la mejor Cuaresma posible. Podrás, entonces, identificarte con el publicano de la parábola que contó Jesús: «En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador! Les digo que este bajó a su casa justificado y aquél no» (Lc 18,13-14). De ese modo llegarás a la Semana Santa con la mejor disposición posible: con el corazón humilde y deseoso de Dios, que se transformará en un corazón alegre al experimentar la magnitud del amor de Dios por ti.



Una palabra clave para cada día del Triduo Pascual

El Triduo Pascual son los tres días (jueves, viernes y sábado) en los que la Iglesia conmemora el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Es, en un sentido, el corazón de toda la historia de la humanidad, porque ahí se da el triunfo definitivo del amor sobre la muerte. El Triduo Pascual es una historia de Pasión: pasión por la entrega total (y el sufrimiento que significa) y pasión por la intensidad del amor de Dios por toda la humanidad.

¿Será posible resumir con una palabra lo que sucede cada uno de esos días? Parece imposible, pero lo haremos de la mano del Papa Francisco. En su última exhortación apostólica, «Cristo vive» — dirigida en particular a los jóvenes — el Papa nos recuerda tres verdades que él quisiera que todos volvamos a considerar, así las hayamos escuchado una y otra vez (ver capítulo 4).



Curiosamente me parece que cada una de esas verdades se aplica a cada uno de los días del Triduo Pascual y precisamente en el orden que las plantea. Obviamente puede haber muchas otras palabras que ayudan a comprender este misterio (y ninguna lo agota) pero me pareció peculiar como estas verdades que señala el Papa Francisco se acomodan bien para guiarnos en esta Semana Santa.

1. Jueves Santo. Palabra clave: Amor (Dios te ama)

El amor supone entrega gratuita, y el Jueves Santo Dios nos regala tres dones maravillosos: la Eucaristía, el sacerdocio, y el mandamiento del amor: «amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12). ¿Cómo nos ama Jesús? Ese mismo Jueves Santo El nos lo dice: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Nos ama dándose completamente, hasta la última gota de su sangre.

¿Cómo le respondemos al amor de Dios? Con el servicio. El mismo nos mostró que el amor supone el servicio. «Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes» (Jn 13,14-15).

2. Viernes Santo. Palabra clave: Salvación (Dios te salva)

«Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada, la salvación del mundo. Venid a adorarlo». El Viernes Santo todo gira alrededor de la Cruz. La Cruz cuando cuelgan a Jesús es el símbolo de todo lo que ha hecho mal el hombre, de todo el mal uso de su libertad, del odio y la destrucción. Jesús transforma ese símbolo de todo lo malo en algo increíblemente bueno. La llena de amor. Destruye el odio llevando su amor hasta la raíz del mal. Muriendo ahí, en la Cruz, asume todo el mal, toda la violencia, todo el odio, para triunfar sobre todo eso y salvarnos.

Moisés había hecho, por orden del Señor, una serpiente de bronce que puso sobre un mástil, y todo el que la miraba quedaba sanado de la mordedura de serpiente (Núm 21,4-9). Fue prefiguración de la salvación que Cristo nos ofrece de un mal mucho mayor: el pecado. ¡Pero hay que levantar la mirada! El amor y la salvación de Dios no nos avasallan, pero están ahí para quien deja de mirarse a sí mismo y alza la mirada hacia la Cruz en la que fuimos salvados.

3. Sábado Santo y Domingo de Resurrección. Palabra Clave: Vida (Dios vive)

El sábado es un día de espera. Lo vivimos de la mano de Santa María, y esperamos con gozo la Resurrección de Cristo. Su triunfo sobre la muerte. En la Vigilia Pascual celebramos con inmenso gozo ese triunfo. «Contempla a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive» (Papa Francisco).

Si Cristo no resucitó, si no está vivo, nuestra fe es absolutamente vana. Cuánto insistían los primeros discípulos en esta verdad, de la que ellos mismos eran testigos: «A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hech 2,32). ¿Cómo puedo acoger la salvación que me ofrece Jesús? Con alegría… ¡y compartiéndola con los demás!