«¡Tú dices hola y yo digo adiós!

Hola, hola, tú dices hola y yo digo adiós

Tu dices “alto” y yo digo “bajo”

tú dices “frena” y yo digo “avanza”»…

The Beatles “Hello-goodbye”

¿Nunca les pasó que discutiendo un tema con su pareja, les pareció que jamás se iban a poder poner de acuerdo? ¡No se preocupen! ¡Es normalísimo! Lo raro sería que estemos en todo de acuerdo. Muchas veces, cuando estamos transitando el período del enamoramiento, decimos cosas que más tarde negamos haber dicho, porque son diametralmente contrarias a lo que pensamos. Y es normal, durante el enamoramiento estamos tratando de agradar a la otra persona, y aceptamos cualquier cosa que nos proponga, con tal de «caerle bien».

Pero luego nos casamos y… ¡comienza la convivencia! Y todo eso que prometimos durante al enamoramiento ya no nos parece tan divertido. Comenzamos a discutir por muchas cosas, incluso por algunas que nunca hablamos: «cómo debemos poner el papel higiénico», «cómo se utiliza el tubo de dentífrico», «modo correcto de doblar las toallas», «el tiempo que pasamos con tu familia», y tantos otros temas se vuelven entonces un campo de batalla, en el que algunas veces debemos ceder en nuestras pretensiones y acceder a algunas cosas que no pensamos nunca que podríamos llegar a hacer.

¿Cómo manejar las finanzas familiares?

Pero hay un tema que en muchísimas parejas genera discusiones, de «tira y afloje» y de negociación durante una buena parte de los primeros años de vida en pareja. Ese tema es nada más y nada menos que: las finanzas familiares. Pasa que no es solo que vengamos de familias diferentes. Somos nosotros también muy diferentes y tenemos gustos y prioridades distintas.

Cuesta mucho ponernos de acuerdo en algo tan complejo como es el manejo del dinero y cuando estamos en nuestro período de enamorados, nos preocupa tocar el tema, porque nos da la impresión de que el otro va a malinterpretar nuestra intención. Generalmente llegamos al altar sin haber pensado ni un minuto en cómo vamos a manejar nuestros gastos comunes y las cuentas de la casa.

«El amor no busca su propio interés» (I Co. 1,7)

Cuando hace un tiempo di una charla en compañía de mi esposa Mariana sobre finanzas conyugales, nos basamos en este versículo del himno del «Amor de San Pablo», y un contador que estaba presente preguntó (no sé si en serio o en broma) si el interés que hablaba Pablo era interés simple o compuesto 😂 Más allá de la broma, nos pareció que la solución a los problemas de finanzas conyugales deben basarse en este versículo.

No vamos al matrimonio a «hacer negocios», ni a «mejorar nuestras finanzas personales», vamos a donarnos, a entregarnos generosamente y sin reparos, sin guardar nada para nosotros mismos. Pero es importantísimo hablar del tema, y no esquivar las responsabilidades inherentes a la administración financiera.

Veamos algunos consejos sencillos para abordar este tema con nuestro enamorado/a o cónyuge 😉

1. Aprovechen sus fortalezas

Como en casi todo, somos distintos, pero, por gracia de Dios, también somos complementarios. Hay que pensar en cómo somos con la administración de las cosas materiales, y ver qué podemos hacer para que las fortalezas de ambos se pongan en juego. Encontrar la forma de que las finanzas en el matrimonio no sean un tema de conflicto o discusión, sino un motivo para unirnos más en una entrega generosa.

No hay una solución única y milagrosa para la administración del dinero. Cada familia es un mundo, y las circunstancias de la vida muchas veces nos llevan a lugares que no pensábamos visitar. Pero si tuvimos en cuenta algunas pautas sencillas, el manejo del dinero puede convertirse también en un motivo de encuentro y disfrute del hermoso camino de santificación a través del matrimonio.

2. ¿Cuál es su comportamiento respecto al dinero?

Como primera medida tendremos que determinar qué tipo de comportamiento tenemos frente al uso del dinero y luego, actuar en consecuencia. Para ello tiene que haber un diálogo activo al respecto. No podemos esperar que quien sea descuidado con el dinero tome el control de las finanzas familiares y esperar que corran con toda la responsabilidad, sería irreal e injusto.

Por lo tanto, una vez que reconozcamos nuestras fortalezas y debilidades al respecto, tendremos que hacer un balance de nuestros activos emocionales, y ver qué aporte hará cada uno, basándose en su talento particular para las finanzas. Luego hay que hacer las cuentas.

3. Establecer reglas generales para estipular gastos corrientes

Partimos de un estereotipo: el del matrimonio en el que ambos contribuyen a la canasta familiar con un aporte, grande o pequeño de dinero, y donde los gastos corrientes de la familia son cubiertos por los ingresos de ambos cónyuges. Sabemos que hay muchas familias que están lejos de este ideal, pero es solo a modo de ejemplo para estipular reglas generales. Luego cada uno deberá adecuarlo a su modo de distribución del gasto y los ingresos.

El modelo que proponemos no es rígido y no es terminante, se puede adaptar al estilo de cada familia, y a cada situación particular. El modelo propuesto tiene la ventaja de que está probado para evitar dificultades y abusos por parte de ambos cónyuges.

Para estipular los gastos corrientes, debemos llevar una planilla de cálculo mensual (si tenemos esa habilidad), o un cuaderno normal, para asentar los gastos mensuales previstos, cuáles son los ingresos de la pareja y hacer un balance mensual para saber nuestra situación financiera en cada momento.

No se puede dejar esto librado al azar, tenemos que ser previsores y planificar adecuadamente los gastos extraordinarios. Es una buena práctica separar los gastos en aquellos que son impostergables, como alimento, vestimenta y educación de los niños, de aquellos que son secundarios, de forma tal de saber si hay que cortar y saber por dónde comenzar. Una vez hecho el balance mensual, si todavía queda algún dinero extra, podremos hacer una división del excedente.

4. Lo tuyo, lo mío y lo nuestro

El matrimonio es una alianza. ¿Lo hemos dicho alguna otra vez antes? Perfecto, cuando hablamos de alianza, tendremos que tener en cuenta esto: la alianza existe en función de una comunidad de intereses. Para saber cuáles son nuestros intereses, tendremos que ponerlos de manifiesto, teniendo en cuenta nuestros temperamentos y las fortalezas y debilidades inherentes.

Deberíamos poner, entonces, cuáles son las prioridades personales y las de la pareja, para luego ordenarlas en orden decreciente de importancia. Cuando lleguemos a un acuerdo, hay que ver cuáles son nuestros ingresos corrientes, y cuáles nuestros gastos corrientes, utilizando las planillas de gastos mensuales.

Esta revisión debería hacerse una vez al año, por lo menos, y fijar los objetivos y metas del siguiente año, o semestre, o cuatrimestre, de acuerdo a nuestras posibilidades.

Una vez decidido todo esto y estimado cuál es el gasto mensual, los ingresos de ambos cónyuges deben formarse en un fondo común para cubrir estos gastos. No importa cuánto aporta cada uno a ese fondo común: ambos tienen que aportar la totalidad de sus ingresos, y luego, sobre el saldo restante, dividir para gastos y gustos personales: es sano que dentro del matrimonio todavía tengamos «cuentas separadas», es decir un fondo de gastos propios.

5. No se trata de un fondo «socialista»

No es bueno hacer un solo fondo de tipo socialista porque va a generarnos dificultades en cuanto a lo que podremos comprar o no comprar, y tampoco podremos darle sorpresas o regalos a nuestro cónyuge. Libertad, la mayor posible, dentro de los términos de la responsabilidad.

Del posible saldo positivo de las cuentas podremos separar tres montos, supongamos un 50% del remanente que vaya a ahorros, y el restante 50% dividido en partes proporcionales a cada uno de los cónyuges. Digo proporcionales, y no iguales, porque tal vez uno tenga que hacer mayores gastos por su trabajo, o por alguna situación temporaria. Esto también se debe discutir para llegar a un acuerdo.

6. Compras inesperadas, sorpresas, regalos y gestión de la deuda

Las compras inesperadas, las sorpresas, los regalos al cónyuge o familiares y amigos deben ser consensuados. No podemos endeudar a la familia para quedar bien con una suegra, por más madre mía que sea. No es racional programar unas vacaciones en un spa cinco estrellas y que después las tenga que pagar el cónyuge sorprendido. Va a estar MUY sorprendido.

En un marco de igualdad y de confianza, debemos estipular un monto máximo de dinero por el que debamos notificar obligatoriamente a nuestro cónyuge. No importa qué románticos queramos ser, si el regalo nos va a llevar seis meses de ahorros, ¡debemos avisar! ¡Debemos pedir permiso! No demos por supuesto el permiso de nuestro cónyuge.

Cuando haya deuda acumulada de ambos cónyuges, o gastos imprevistos de la familia, lo lógico y normal es que se utilicen los ahorros de la familia para el pago de los mismos. Pero si a uno solo se le ocurrió comprar un nuevo juego de palos de golf, o unos vinos de guarda, o una cartera Versace, o un equipo de maquillaje profesional, lo lógico sería que el que incurrió en los gastos los salde de sus propios fondos. Y si no le alcanza, proponer en qué forma lo va a saldar.

7. Dialogar, dialogar, dialogar

La administración financiera de la familia debe ser un tema permanente de conversación y acuerdo en la pareja. Las decisiones unilaterales no son saludables, por pequeñas o triviales que puedan parecer a primera vista. Algunos consejos extras para lograr estos acuerdos son los siguientes:

Discutan los asuntos financieros de la pareja con respeto y atención por los puntos de vista del otro. No se pongan a la defensiva, ni menosprecien el aporte de su cónyuge. Se requiere mucho respeto y empatía para discutir estos temas.

Cuando escuchamos respetuosamente a nuestro cónyuge en materia financiera y contable, el tema del dinero puede ser un asunto de unión para la pareja, en lugar de un tema de división. Atenerse al presupuesto es fundamental. No se salgan de lo previsto, salvo emergencias, y aun en ese caso, tomen decisiones basadas en la información y el consenso.

Si tienen dificultades para la administración de los gastos en común, tomen juntos un curso de administración del hogar. Asesórense o busquen ayuda con algún pariente contable.

El Papa Francisco dijo en su catequesis del 15 de abril de 2015 mencionó algo muy importante:

«Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos recíprocamente. Podemos decir que sin el enriquecimiento mutuo en esta relación – en el pensamiento y la acción, en los afectos y el trabajo, también en la fe – los dos no pueden entender plenamente lo que significa ser un hombre y una mujer».

Ustedes, en su matrimonio, o con su enamorado/a ¿Ya han hablado de estos temas? ¿Lo tienen presente? ¡No dejen de hacerlo para enriquecerse mutuamente! 👫

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