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En esta ocasión quisiera compartir contigo un video espectacular de nuestros hermanos de Catholic Stuff. Han logrado, como siempre, hacer de una manera divertida toda una reflexión sobre un tema importante: la confianza en Dios.

Tienes que verlo completo, y ojo que no se te pierda el mensaje de los ositos de peluche, mientras tanto, busca tu «osito»… ya lo entenderás. 


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Si ya viste el video y tienes cerca tu «osito de peluche», emprendamos ahora un camino bastante interesante entorno a la confianza. 

¿Qué es confiar?

La confianza viene definida como: «la esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea».

Por lo que sería una especia de seguridad en que algo sea tal cual yo lo deseo… nos encontramos aquí con el primer problema.

¿Y por qué? porque el hombre de fe no busca coaccionar a Dios en su actuar, pero sí tiene la esperanza cierta en su bondad y misericordia.

Es particular que el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2797 relacione íntimamente la confianza con el Padre Nuestro:

«La confianza sencilla y fiel, la seguridad humilde y alegre son las disposiciones propias del que reza el Padre Nuestro».

Lo que nos ayuda a entender la grandeza del confiar, confiamos porque esperamos en Aquel que es Nuestro Padre. No hay mayor confianza que la de un hijo hacia sus padres, no hay mayor seguridad que la que se vive en la relación amorosa de la filiación, este es el confiar cristiano.

Confiar implica por tanto, no solo un amor incondicional, sino también una entrega total y radical. Entrega permeada por la valentía de la fe que nos hace caminar hacia adelante en el camino de la santidad.

Este primer paso estaría fundamentado en preguntas como estas: ¿En quién tengo puesta mi confianza?, ¿cómo voy en el proceso de abandonarme en el Señor?, ¿Dios es mi principal fuente de confianza?

¿En quién confío?

La acción del tentador en el paraíso no fue otra que la de sembrar la desconfianza entre el hombre y su Creador. Él logró convencerlos de que en Dios no había sinceridad, ¡que locura!

Convencer al hombre de que quien es la Verdad, no es sincero, esto que parece tan irrisorio es realmente lo que logró hacer el demonio en el corazón del hombre, y ya sabemos las consecuencias de esto. 

Desconfiar de Dios es creer en lo que ha propuesto la tentación. Ver a Dios como Aquel en quien no hay cercanía, Aquel que juega con nosotros y nos controla como si fuéramos una especie de marionetas. 

Y es en este paso en el que entra aquel «osito de peluche» que te he pedido tener cerca. Todos hemos tenido apegos, situaciones, personas, cosas, recuerdos… que se roban nuestro amor absoluto y que simplemente no nos dejan abandonarnos por completo. 

Esos apegos, son esos «ositos de peluche». Pueden ser cosas materiales o no, como también pueden ser personas, ya que en definitiva son aquellos elementos que me quitan un poco del amor que estoy llamado a destinar a Dios.

El peligro de los apegos

Si nos detenemos un momento y reflexionamos acerca de esos «ositos», podemos descubrir en ellos una especie de ídolos.

Y ahí precisamente está el peligro de estos apegos, en otras palabras, el peligro está en que nos alejan de Dios, no nos dejan abandonarnos y confiar totalmente en Él. En cierto modo, lo desplazan del centro de nuestro corazón.

De nuestro centro focal y vital, de todo lo que es verdaderamente esencial: su presencia en nuestras vidas. De ese Dios que nos ama, y que es fuente de vida.

Que si te acercas a Él con el corazón abierto te llena de gracia, de amor y de consuelo. Solo hay que confiar en Él y dárselo todo. 

Hay que tener absoluta confianza en Dios, Él tiene un plan para hacerte feliz. Permítete sorprender por Dios, y como último paso de este camino, suelta ese «osito de peluche» y toma la mano del Señor que se abre ante ti. 

Ánimo, lo mejor está por venir. ¡Nos vemos en la oración!

Confianza en Dios: ¿cómo aumentarla o adquirirla?