oración por los sacerdotes

¿Has notado que, para muchas personas, la existencia de los sacerdotes genera total desinterés, a menos que se trate de resaltar algún escándalo o noticia negativa sobre ellos? Incluso nosotros, católicos practicantes que tratamos con ellos con frecuencia, no nos damos cuenta del inmenso amor y misericordia que Nuestro Señor ha tenido al dejar a sus representantes en la tierra. Ante esta situación, el papa León XIV —a través de la Red Mundial de Oración del Papa— nos invita a incluir en nuestra oración a los sacerdotes en crisis.

Gracias a los canales de YouTube de El Video del Papa y Vatican News – Español, podemos ver y reflexionar sobre este mensaje.

¿Qué pasaría sin sacerdotes?

¿Has pensado en ello? Como decía San Juan María Vianney (patrono de los sacerdotes):

«Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote…»

En pocas palabras: sin sacerdotes, no hay confesión, ni Eucaristía. Sin ellos, no podemos vivir plenamente los sacramentos.

«Haced esto en memoria mía» (Lc 22, 19).

¿Por qué los sacerdotes tienen crisis?

Según el Estudio Nacional de Sacerdotes católicos del año 2025 en Estados Unidos, el mayor problema que presentan los presbíteros en ese país es el alto riesgo de burnout (agotamiento profesional y emocional).

En esta misma línea, el Santo Padre señala en la oración: «cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón y el cansancio parece más fuerte que la esperanza».

Así como tú y yo atravesamos momentos difíciles, nuestros pastores -aunque han sido llamados por Dios, han recibido una sólida formación, tienen a Cristo como refugio y confían en sus promesas- no son ángeles. Son seres humanos, con virtudes y defectos.

Como dice una canción: Ofreces toda tu vida como María al pie de la cruz.

Lo entregan todo, lo dejan todo…y, sin embargo, les exigimos una labor casi titánica: ser excelentes predicadores y los mejores párrocos, salir a las calles para atraer a todos, y permanecer siempre de buen ánimo. Esperamos que sean, al mismo tiempo, administradores perfectos, expertos psicólogos y modelos de santidad.

Por eso el Papa León señala «Hazles sentir que no son funcionarios ni héroes solitarios, sino hijos amado».

Hay presbíteros rodeados de fieles, que se sienten solos. Confiesan, celebran Misas, sonríen; pero están mal: cansados, enfermos, deprimidos, han perdido el amor del principio, y ni cuenta nos damos.

Hasta los grandes santos pasaron por pruebas difíciles: Un ejemplo de ello es San Juan de la Cruz, quien fue encarcelado por su propia orden religiosa, rechazado por sus hermanos carmelitas, y no sentía ni la presencia ni los consuelos de Dios. Vivió la «noche oscura del alma» y, aun así, perseveró, llegando a escribir hermosas obras espirituales.

Las crisis no se producen de un momento a otro, son consecuencia de un proceso. Las señales, muchas veces pasan desapercibidas: desgano, mal humor, celebración rutinaria de la Eucaristía, posibles abusos litúrgicos, menos tiempo de oración, aislamiento, etc.

Con frecuencia, nuestros padres espirituales reciben críticas en lugar de comprensión, porque esperamos que sean perfectos por estar consagrados a Dios.

«El camino del sacerdote está rodeado de peligros más grandes que el de los demás hombres» (San Juan Crisóstomo)

Importancia de nuestra oración por los sacerdotes

Lo dice el Sumo Pontífice: «Padre bueno, enséñanos como comunidad a cuidar de nuestros presbíteros, a escucharlos sin juzgar, a agradecer sin exigir perfección y acompañarlos con cercanía y oración sincera».

 Todos tenemos la misión de llevar el Evangelio y de buscar almas para Dios, no solo es tarea de quienes han recibido el Orden Sacerdotal.

Si vemos que hay sacerdotes que están en peligro, en riesgo de caer en pecado, hagamos oración por ellos. Y, si es posible, acerquémonos a conversar con humildad. Si la situación vuelve a repetirse, no temamos acudir a un sacerdote que lo conozca para expresar nuestra preocupación; pero no permanezcamos indiferentes.

Porque si una comunidad cuida al pastor, la Iglesia se fortalece. «Detrás de cada sacerdote hay un demonio que lucha por su caída; si tenemos lengua para criticarlos, debemos tener el doble para rezar por ellos»(Frase atribuida a Sta Teresa).

Necesitamos sacerdotes santos. Por eso, es fundamental orar mucho por nuestros padres espirituales y por el aumento de vocaciones fieles, agradecerles por su «sí» y a Dios por haberlos elegido.

«El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (Santo Cura de Ars). Madre Santísima, guarda en tu corazón a los sacerdotes.

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