Con el título del artículo no quiero decirte que no reces. Sin oración, no sé cómo hubiese sobrellevado lo difícil que es tener comprometida la salud mental. Pero necesitaba poner los medios humanos para que los medios sobrenaturales pudiesen actuar como Dios lo esperaba.

Quiero aprovechar el tema y hablarte, a grandes rasgos, de la salud mental y algunos puntos que considero importantes. No soy experto en el tema, solo tengo una experiencia (la mía), y quisiera compartirte algunos aspectos que me ayudaron… o, mejor dicho, me ayudan, porque sigo batallando con algo que no termino de comprender.



1. Busca ayuda profesional

En mi caso todo empezó con un diagnóstico de TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada) y depresión. Que en realidad terminó siendo un trastorno bipolar. Dije «todo empezó», pero no es cierto, si lo pienso bien. Empezó con muchos malestares, con muchas lágrimas, con una nube negra encima de la cabeza y con un fuerte deseo de morirme, entre otras cosas.



Recé, recé… y recé, pero la nube no se iba. Cuando ya no podía ni levantarme de la cama y mi trabajo se hacía cada vez más imposible, fue cuando decidí buscar ayuda profesional.

Podemos rezar, para pedir fortaleza en la batalla que se libra cada día, pero la terapia y la medicación son muy necesarias, a pesar del estigma que tienen encima.

La terapia ayuda a manejar nuestros modos erróneos de pensar o de comportarnos y la medicación aplaca los síntomas de la enfermedad mental. Así como un diabético necesita de insulina para controlar sus niveles de azúcar, ¿qué tiene de raro tener que tomar algún ansiolítico para la ansiedad, un antidepresivo para la depresión, antipsicóticos o estabilizadores del ánimo…?

Así como un enfermo cardíaco, que también hace oración, no deja de tomar sus medicamentos, una persona con una enfermedad mental no debe dejar sus remedios confiando su remisión a la cantidad de rezos que pueda sumar en un día.

2. Pide ayuda y déjate ayudar

La familia, los amigos y la dirección espiritual, fueron muy importantes para mí, porque hay veces en las que uno necesita «descargarse» y sentirse acompañado. Pero es difícil: a veces es más fácil ayudar que dejarse ayudar.

Parece raro, debería ser al revés, lo cierto es que al pedir ayuda se tiende a pensar que uno puede convertirse en una carga. Hay que confiar en que de verdad nuestro círculo cercano se preocupa y está deseoso de hacer lo que esté en sus manos para aliviar un poco el malestar que conlleva una enfermedad mental. O cualquier tipo de enfermedad, en realidad. Porque, como dije, cuesta dejarse ayudar. Pero, ¡oye! Es una buena oportunidad para crecer en humildad y ayudar a los demás a crecer en generosidad.

3. Acéptalo: existe un estigma… pero déjalo ir

Tiene una connotación negativa ir al psicólogo y más aún, ir al psiquiatra. Pero no se trata solo de lo que los demás puedan pensar, aunque eso también afecta. Sí, afecta pensar en cómo te mirarán, si te verán bajo una etiqueta que automáticamente borrará todo lo demás que eres… Pero por sobre todo, cambia el modo en que nos vemos a nosotros mismos.

Hay días en los que no pienso en mi diagnóstico, pero la mayoría de las veces es inevitable, cuando hay «síntomas» incómodos. Por eso, hay que hacer las paces. Con uno mismo, en primer lugar. Aceptar que hay algo que cambió y que quizás no podemos manejar por nuestra cuenta.

4. Lo que la oración puede hacer

Lo que la oración hace por nosotros es ayudarnos a identificarnos con Cristo. Sabernos mirados y amados, pero por sobre todo, ayudarnos a sentirnos identificarnos con Él. En la angustia extrema de la depresión, podemos recordar el sudor de sangre de Jesús en Getsemaní. En la soledad asfixiante, podemos recordar esas palabras que calan hasta lo más profundo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Yo pensaba que Dios no podía comprender lo que era la enfermedad mental, hasta que lo vi en Getsemaní y durante su Pasión, viviendo exactamente lo que a mí me hacía sufrir. Y me sentí acompañado. Pero los síntomas no desaparecieron: era necesario que consultase con un doctor… y eso no me hizo ser menos católico, rezar menos, ni confiar menos en Dios.

5. La oración como algo imprescindible

La oración es importante, es imprescindible, porque en una situación como esta se necesita mucha fortaleza. Se necesita intentar comprender lo que Dios espera de uno en un momento así, pero, algo aún más importante, se necesita sentirse amado, comprendido… en una palabra, repito, necesita identificarse con Cristo y ver que Él se ha identificado con lo que nos duele.

También es muy importante buscar la ayuda profesional necesaria: Dios actúa, pero muchas veces –casi siempre- lo hace desde lo ordinario. ¿Y qué hay más ordinario que acudir al doctor y tomarse una medicina? Pienso que, si nos duele la cabeza y evitamos tomar una aspirina porque preferimos rezar para curarnos, estamos tentando a Dios, poniéndolo a prueba por rechazar lo que tenemos a mano, a la espera de una respuesta extraordinaria. Y lo mismo pasa con la salud mental.

Recuerda compartir este post con todas aquellas personas que puedan sentirse identificadas, que ya tengan un diagnóstico, sufran de depresión o sientan que están solas en el proceso. La carga se hace más ligera cuando estamos rodeados de las personas que nos quieren, cuando nos dejamos ayudar, y sobre todo, cuando permitimos que Dios haga su obra en nosotros.❤️