oración de las madres

La guerra, el dolor, los crímenes y la maldad dan la impresión de que se apoderarán del mundo. Nos hacen creer que se llevan consigo «las pocas personas buenas», rompiendo a su paso el corazón y logrando enfriar las almas.

Nosotros, que en muchas ocasiones vemos la guerra acostados en casa a través de la pantalla del celular, las imágenes nos resultan atroces y desgarradoras.

Sin embargo, las sentimos totalmente lejanas, fuera de nuestro alcance, distantes de nuestra cultura y creencias. Sin darnos cuenta, nos volvemos insensibles, facilistas y hasta egoístas.

La oración de las madres y una súplica hecha canción

En medio del llanto lamentable de nuestros hermanos que ahora son víctimas, viendo sus pertenencias convertidas en cenizas que cubren sus cuerpos, surge el clamor de mujeres que, unidas, cobran fuerza y sentido de pertenencia, arraigo y valentía. Mujeres influyentes que proyectan vida, esperanza y luz.

Un clamor que se entona a través de la canción «Prayer of the Mothers» (Oración de las Madres). Compuesta por la cantante israelí Yael Deckelbaum, este himno que surgió como apoyo al poderoso movimiento femenino «Women Wage Peace» (Las Mujeres luchan por la Paz). Acompañó en el año 2017 la Marcha de la Esperanza que tuvo lugar en el valle del desierto cerca del río Jordán en Israel.

Una composición poética que vence el temor y abre las puertas a la fe y la ilusión. Nos muestra en cortas frases los arrullos que las madres le hacen a sus niños de cuna. Una melodía que hoy vuelve a ser viral y cobra relevancia.

¿Existe algo más poderoso que un movimiento femenino?

«Women Wage Peace» es un grupo fundado en 2014 y está compuesto por más de 45,000 mujeres, en su mayoría israelíes y palestinas. Buscan aportar una mirada más global acerca del problema y darle una solución definitiva al conflicto sin ninguna postura en particular, más que el hecho de vivir y ofrecer a sus hijos un futuro lleno de paz y prosperidad.

«Porque hay bajo el sol un momento para todo», dice El Señor: nacer, plantar, edificar, llorar, buscar y también para la paz (Eclesiastés, 3). Esta sensibilidad del movimiento femenino nos demuestra que el don de la maternidad nace en el corazón. Es una conexión única que nos proyecta hacia el futuro y que nos ensambla como una gran nación.

Ellas nos enseñan que es posible echar fuera las fronteras ideológicas que engañosamente nos separan. Y que, con dulzura y aun con heridas, nos invitan a quedarnos únicamente con lo que verdaderamente nos hace hermanos: el amor. El amor por nosotros mismos, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hermanos que se vuelven nuestros. El amor reflejado en una plegaria que no distingue entre razas ni creencias religiosas.

La oración de las madres estremece el corazón de nuestro Señor

Mujeres y madres de todas las religiones y etnias se han unido para demostrar que la paz, la armonía y la vida misma son valores fundamentales que compartimos sin distinción. Las lágrimas se juntan en una sola voz y se transforman en himnos y oraciones en labios femeninos.

Labios privilegiados que han besado por primera vez el rostro de sus hijos, labios que se abren para alentar, consolar y ahora, con toda la autoridad, también solicitan con urgencia que «desde el norte hacia el sur, desde el este hacia el oeste, escuchen sus plegarias y les traigan paz».

Es que las mujeres tenemos la energía y el carácter para insistir y conseguir lo que nos proponemos. Esto es todo lo que encierra esta canción.

Esta oración de las madres es un llamado a que «se derritan las paredes del miedo» porque como mujeres, esta súplica tiene todo el sentido del mundo. ¿Quién más que nosotras para entender la vida y la paz como dones que se gestan en los vientres?, ¿como valores que se construyen en el interior de nuestros hogares y familias?, ¿como un deseo que compartimos y anhelamos inculcar en nuestros niños, para que ellos lideren el mundo y el futuro con amor, responsabilidad y dignidad?

La música como herramienta de inspiración hacia la paz

La música es un lenguaje que trasciende y rompe las fronteras, es una herramienta que nos conecta, motiva y nos lleva a la acción. Tiene la facultad de conquistar corazones, influir en las emociones. De impulsarnos a «cambiar nuestra realidad, nuestra conciencia e inspirar revoluciones para la paz», como dijo la propia cantante Yael Deckelbaum en una entrevista en el año 2017, durante unos eventos en Berlín.

Las voces unidas en cánticos y en oraciones en distintos idiomas, sin importar hora ni lugar geográfico, salen de nuestros corazones. Se pasean por la tierra y suben al cielo para que por fin todos podamos vernos como lo que somos: una gran familia llena de hermanos.

Aunque creamos que la esperanza se diluye entre los dedos y conseguir la paz por momentos se sienta como una «utopía», nuestra misión es amar a tiempo y a destiempo.

Asumir nuestra misión como mujeres nos hace abrazar el puesto único que ocupamos en el mundo y en las familias. Somos las encargadas del inicio, del comienzo de las historias, del nacimiento, de la vida, de los sueños e ilusiones, de la fe y la confianza. Porque la paz inicia en cada uno de nuestros corazones, en el calor de nuestros hogares, en lo sencillo y cotidiano de la familia.