
Confianza, confianza, confianza. Sí, me imagino lo que estás pensando. ¿Por qué repite tanto esta palabra? Créeme, no es casualidad. Esta es la palabra que yo más veces me repito en los momentos en que siento que Dios ha cerrado todas las puertas de mi vida. Cuando me siento sola, abatida, sin esperanzas, cuando siento que el mundo está de cabeza. Es cuando más Dios me pide que tenga confianza, confianza en Él, en Sus planes y designios. Si las puertas se cierran es porque se están abriendo más oportunidades.
A principios de año, en oración, le dije a Dios: «Señor, si tengo que perderlo todo lo aceptaré, solo no dejes que pierda mi fe en ti».
Y Él me escuchó y me probó. A los pocos meses perdí mi empleo, me alejé de mi familia y amigos. Estaba deprimida y pensando en cómo poder pagar mis servicios.
¡Todo se sentía que estaba mal! Intentaba con todas mis fuerzas humanas (y sobre todo pidiendo muchísima ayuda de la Virgen María y del Espíritu Santo también) no alejarme de Dios. Seguir siendo fiel en la oración, en la misa diaria, no dejarme vencer por la desesperanza y confiar en la providencia de Dios y en las oportunidades que Él abriría.
En uno de esos momentos más duros, cuando la depresión y la ansiedad querían apoderarse de mi vida, me recomendaron una hermosa canción que cambió mi perspectiva.
Una canción para quienes sienten que perdieron oportunidades
La canción es de Jordana Bryant, titulada «When God closes doors». Te la comparto con todo el corazón, por si estás pasando por un momento de desesperanza (o si conoces a alguien que está en este proceso y necesite oírla).
Es más, te invito a que me acompañes a reflexionar en la letra. Tiene un profundo significado, que espero llene tu corazón de esperanza, fe y amor.
«No sirve de nada fingir que no tengo todas estas preguntas»
Podemos tener fe, la oración y el apoyo en comunidad. Pero somos humanos. Por eso, en el momento en que los planes que teníamos en mente cambian, cuando llegan los problemas familiares o económicos, solemos preguntarle a Dios: «¿Por qué tiene que ser así?».
No considero que exista persona que no haya tenido este tipo de preguntas, y claro, es normal. Solemos desconfiar de Sus planes porque no los conocemos, y ese miedo a la incertidumbre es muchas veces difícil de superar.
Sé que da miedo no tener una seguridad, pero entonces ¿qué tanto creemos, cuando decimos que nuestra fe y esperanza está fundamentada en Dios no en las cosas materiales o en el hombre?
Todos creemos que Dios no nos abandona, pero es hora de creerlo con el corazón. De saber que pueden cerrarse puertas, perder oportunidades, cambiar sueños o caminos, pero esto no es negativo.
Al contrario. Sí tenemos las oportunidades de crecer, de confiar, de tener esperanza. De encontrarnos con nosotros mismos y regresar a esos anhelos profundos del alma.
Incluso de darle una pausa a la vida tan corrida y enfocarnos no en lo superficial o efímero, sino en lo eterno y divino.
«Cuando Dios cierra las puertas, a veces una bendición aparece disfrazada»
Aunque todo parezca en escala de grises, debemos recordar que siempre aparece un pequeño rayo de luz que nos brinda luz, no todo es malo y tampoco no todo el tiempo estaremos en nuestro mejor momento.
Entender que quizás hay planes que soñamos, pero no nos convienen. Algunas veces las bendiciones vienen disfrazadas, se esconden detrás del caos, la confusión, la incertidumbre o la depresión. Pero siempre aparece ese pequeño rayito de esperanza donde Dios nos susurra al oído: «no tengas miedo, solo ten fe».
Detrás de todo ese caos, hay una bendición esperando a ser descubierta en el momento preciso, en el momento de Dios. Si nos adelantamos, pueda ser que nos equivoquemos y caigamos.
Debemos dejarnos guiar por la mano de Jesús y de la Virgen María. Dar ese salto sin paracaídas, pero con toda la fe de que nada pasará porque mi Dios me acompaña.
Créeme, todos los anhelos de tu corazón no han llegado por casualidad. Él los puso ahí y te guiará en el momento correcto para vivir esos propósitos. Solo ten fe.
«Nada salió como lo planeé, Él solo dice: llave correcta, portal equivocado»
A veces los planes no salen como uno quisiera. A veces, invertimos tiempo, dinero, interés en proyectos labores, oportunidades impresionantes, proyectos personales o incluso en sueños de infancia… pero no todos terminan de la mejor manera.
Y lo primero que hacemos es correr a Dios y preguntar el ¿Por qué? Oré tanto por ese trabajo, por esa persona, por ese proyecto y al final no fue lo que esperaba. Creo que si Dios nos pudiera contestar, diría: en otras palabras: «sueño correcto, lugar equivocado». Solemos orar tanto por algo en específico, pero no dejamos que Dios maneje esa oración. Pedimos ayuda, pero no nos dejamos guiar.
Hay que recordar que el camino de la fe, es un camino a ciegas que se basa en confiar, en creer, en soltar. Liberarnos de nuestro Yo para ser Uno en Cristo y con Cristo. Dejar que sea Él quien nos guíe por el camino correcto, que nos abra las puertas indicadas.
Solo así encontraremos el verdadero sentido de nuestra misión o vocación en esta tierra. Descubrir para lo que fuimos creados, para lo que estamos llamados a realizar en esta vida terrenal, esa debería ser nuestra principal motivación.
Cuando siento que Dios no me escucha, más está trabajando por mí
Benditos momentos de incertidumbre porque me acercan a Dios. La mayoría de nosotros le tenemos miedo a los silencios continuos de Dios en nuestras vidas.
Nuestra fe se ve tambaleada por los momentos de desconfianza y miedo, pero hay algo más grande en esos silencios que no dimensionamos. Es Su divina Providencia. Esa libertad de sabernos gobernados por un Dios Padre y Providente, y no por un destino ciego.
Cuando no escuchamos los pasos de Dios a nuestro lado es porque Él nos va cargando. Sabe que estamos cansados, agobiados y como todo buen Padre, nos carga, nos levanta, nos anima para seguir luchando.
No nos abandona. Más bien nos protege para que, si en algún momento perdimos el camino de vista, podamos otra vez volver a ver con claridad, nos guía hacia
Sus designios y nos anima a hacer realidad los anhelos de nuestro corazón. ¡Por eso no tengamos miedo a Su silencio! Tengamos fe en Su divina providencia, en Su voluntad. Sobre todo, tengamos fe en Su amor que nos ha acompañado desde siempre.
Hay que tener muy presente que nada en la vida es fácil. Habrá problemas, dificultades, tristezas e incluso decepciones, pero todo eso se pasa de una mejor manera cuando Dios nos acompaña.
No dejemos de invitarlo a nuestra vida, a nuestra cotidianidad. Hablémosle nuestros planes, nuestros sueños, las oportunidades que anhelamos… pero más que eso pidámosle que sea Él quien nos guíe hacia ellos, que sea Él quien haga Su voluntad en nuestras vidas.
Ahora, cuéntanos en los comentarios: ¿Alguna vez has sentido que Dios te ha cerrado puertas, pero te ha abierto destinos?
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Tan cierto, confianza en Dios y en su providencia, sigamos tomados de su mano porque su misericordia es infinita y sus tiempos perfectos. No dejemos de mirar al cielo y bendigamos esa situación difícil que nos hizo volver la mirada a El. Dios los bendiga.