encuentro alegria
Captura de video

[dropcap]M[/dropcap]uchas veces me he puesto a pensar sobre la contradicción que hay en el mundo de hoy. Por un lado vemos que las muestras de amor y el encuentro entre las personas están cada vez más llenas de emoción y detalles, de preparación.  Ahora, para ocasiones como el cumpleaños de un bebé de un año, se planifica toda una fiesta temática con millones de detalles que el niño nunca recordará (Siempre digo que en mi infancia las cosas no eran tan elaboradas).

Hoy en día todo es motivo de celebración, ¡y qué celebración! Hay una emoción por cada encuentro, por cada detalle, por cada vestido, por cada bocadito de comida.  Pero después de unos 20 minutos esta misma escena llena de compartir se convierte en un grupo de personas en el celular, enfrascadas en un imparable pasar y pasar de fotos o mensajes en Instagram, Facebook o Twitter. Eso sí: de vez en cuando comentando dos palabras acerca de lo que han visto o ha pasado con tal o cual.

Este video nos muestra, de forma muy natural y “a la antigua”, cómo el encuentro con las personas no necesariamente tiene que estar cargado de emoción. Vemos cómo en una situación que no parece increíble y “preparada”, si te abres un poquito, la apatía puede convertirse en un momento de alegría, de encuentro duradero y hermoso; lleno de simples y auténticos detalles como risas, pasar tiempo juntos, compartir tareas o hablar de cosas cotidianas. En el fondo esto es lo que llena el corazón.

Abramos un poco de espacio a estos momentos auténticos en nuestra vida y seamos cada vez más nosotros mismos los constructores de encuentro. La realidad tiene que ir primero siempre. Es en la vida real donde encontramos lo que necesitamos para ser felices.