Desde la asunción al poder del inesperado Trump, con su vicepresidente Mike Pence, los activistas por la vida de América del Norte creyeron que terminaba la pesadilla abortista del país más poderoso del mundo. Estos dos políticos, abiertamente jugados por la vida, lograron que muchos de los «avances» contra la vida, propuestos generalmente por los demócratas quedaran en la nada.

El primer día del gobierno de Trump, por ejemplo, el gobierno federal dejó de financiar a la multinacional de la muerte, Planned Parenthood con fondos de los contribuyentes. Luego hizo efectivo el cumplimiento de la enmienda Kemp-Kasten de 1985 que prohíbe la financiación de aborto o esterilizaciones con dinero de los contribuyentes norteamericanos, y dejaron sin fondos al fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA).



Las buenas noticias no parecían tener fin: Mike Pence participando de la Marcha por la Vida como orador, luego los cientos de acciones del «dúo dinámico» Trump – Pence en favor de legislaciones cada vez más restrictivas del aborto y el respeto por la vida, parecían el sueño hecho realidad de todos los que luchamos alguna vez por la vida: los principales mandatarios del país más poderoso del mundo, unidos al pueblo llano en el reclamo más elemental: el derecho a la vida de todos.

1. Negros nubarrones para América Latina



Pero no todo eran buenas noticias: de pronto vimos un enorme incremento en los intentos por imponer el aborto y otras legislaciones antivida y antifamilia en América Latina, financiados abierta o solapadamente por Planned Parenthood. Es lógico: viendo el «negocio» disminuir en su tierra natal, ahora buscan exportar su negocio de muerte hacia otras latitudes.

En Argentina, mi país, intentaron mediante presiones de organismos internacionales, imponer una ley de aborto casi sin restricciones. Afortunadamente reaccionamos a tiempo y logramos posponer momentáneamente la aprobación de la ley, pero eso no quiere decir que el peligro haya sido conjurado para siempre: ya han propuesto que se trate nuevamente la ley este año, y al comienzo del período legislativo en marzo, hay dos proyectos de ley de aborto en danza.

El proyecto presentado por la Red Federal de Familias de protección integral de la mujer embarazada y el niño por nacer, que se intenta presentar hace más de 15 años para su aprobación, duerme el sueño de los justos: salvo muy honrosas excepciones, ningún legislador lo toma como propio.

2. El poder de los abortistas

Pero lo que nos demostró esta ofensiva abortista en América Latina fue el enorme poder que tienen los abortistas para imponer sus leyes contrarias a la vida: políticos que decían ser abiertamente provida, y que hicieron campaña prometiendo defenderla desde la concepción hasta la muerte natural, se «pasaron de bando», y abiertamente apoyaron y promovieron la discusión de estas leyes.

El lamentable papel del presidente Macri lo demostró: en el Congreso Eucarístico en Tucumán, hace poco, prometió defender la vida desde la concepción, y en marzo del año 2018 propuso él mismo el debate de una ley de aborto irrestricto, y no solo de despenalización, sino de «derecho» al aborto garantizado por el Estado y financiado por los contribuyentes. Otros legisladores del mismo espacio político se «dieron vuelta» y votaron a favor del aborto, demostrando su venalidad y su falta de escrúpulos a la hora de traicionar sus promesas electorales.

¿A qué se debe esta renuncia de principios? Según el Padre Pepe Paola, a presiones de los organismos internacionales. No es casualidad que Argentina haya recibido el año pasado, 50.000 millones de dólares en créditos del Fondo Monetario Internacional para que la economía no estallara por los aires. Tampoco es casualidad que Macri haya prometido ante la visita de sus «dueños» (los presidentes del Grupo de los 20) una política «de género» para todas las acciones de su gobierno. Como Groucho Marx, Macri nos hizo ver que «estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros», es decir, se vendió al mejor postor.

3. ¿Qué pasó en Nueva York?

A pesar de las buenas noticias provenientes de Estados Unidos, nos hemos visto sorprendidos la semana pasada, cuando el gobernador Andrew Cuomo («católico», supuestamente) firmó, a 46 años de la aprobación del aborto en USA, la ley más irrestricta del aborto de todos los Estados Unidos. La firma de la ley fue seguida de festejos y gritos como si se hubiese firmado una ley liberando a los esclavos.

La ley es espantosamente permisiva y terriblemente asesina: permite el aborto hasta el momento del parto, mediante la horripilante práctica del aborto por nacimiento parcial: se provoca el parto sacando el niño hasta el cuello mediante forceps, y luego se le inyecta una cánula para destruir el cerebro y sacarlo muerto. En un estado que prohibió la pe«na de muerte en 2007, se permite el asesinato intrauterino mediante tortura por solución salina.

En un estado que se jacta de ser el más «avanzado», se asesina a los más indefensos, y se protege a los médicos asesinos mediante las leyes: si una mujer muere durante la práctica del aborto, el médico no tiene responsabilidad penal, y si el niño a pesar de todo nace vivo, se prohíbe la asistencia médica al recién nacido.

Esta abominación de ley fue festejada por los demócratas, pero hay mucho más: no se permite la objeción de conciencia, es decir que esta ley será pagada con el dinero de los contribuyentes, tanto si están de acuerdo con la ley como si no. Las clínicas médicas cristianas no tienen permitida la objeción de conciencia institucional, es decir que si llega una mujer pidiendo un aborto a una clínica católica, y en esta clínica se le niega el supuesto «derecho», el médico y la clínica pueden sufrir sanciones económicas y hasta la cárcel para el médico objetor.

4. ¿Y eso en qué nos afecta?

En primer lugar, demuestra hasta dónde son capaces de llegar las asesinas leyes de aborto. De acuerdo a un estudio de 2011, el 28% de los embarazos en Nueva York, terminan en aborto, y Nueva York no tenía restricciones en cuanto a consentimiento informado, es decir que las leyes de esta ciudad ya eran suficientemente permisivas como para aprobar el genocidio de uno de cada tres niños en gestación.

¿Por qué este recrudecimiento de la furia homicida en una de las ciudades que aparentemente menos lo necesitaba? Porque el mayor porcentaje de abortos se da entre mujeres hispanas, negras y pobres, y por lo tanto resulta, como soñaba la fundadora de Planned Parenthood, una medida eugenésica, para evitar que esta «maleza humana» llegara a nacer (Margaret Sanger era racista y soñaba con unos Estados Unidos libres de negros y… ¡Católicos!)

Esta ley nos debe preocupar porque es el tipo de ley que los poderosos quieren exportar para mantener el control poblacional de los países «pobres». Es una historia vieja como el mundo: desde que el Faraón en Egipto mandó a matar a los judíos, o Herodes mandó a matar a los inocentes, los poderosos no quieren que nazcan más «pobres». Y nosotros somos pobres para los estándares de los poderosos.

En la ley propuesta en Argentina en 2018, podemos ver que era calcada de la que se aprobó en Nueva York: la edad gestacional mínima era de 12 semanas, pero de hecho la ley autorizaba abortos en cualquier edad gestacional por cualquier problema de salud de la madre, incluso salud «social» o «mental», de forma tal que si una mujer iba a pedir un aborto con ocho meses de gestación alegando una depresión, los médicos debían hacerlo sin demoras. Y no se permitía la objeción de conciencia personal o institucional.

5. La indiferencia de los «buenos»

Mucha, muchísima gente se opone al aborto. Especialmente cuando explicamos esto, todo el mundo se horroriza y dice que debería frenarse esta furia homicida. Pero cuando invitamos a marchas contra el aborto, muchos tienen que ir a ver su hacienda recién comprada, otros tienen que ir a probar cinco yuntas de bueyes que acaban de comprar y otros acaban de casarse y están muy felices como para participar de algo tan prosaico. (Lc 14, 18-20)

Las excusas se multiplican, y los malos avanzan, no porque sean muchos, sino porque los «buenos» no hacen nada por impedírselo. Platón decía que «el precio que los hombres buenos pagamos por la indiferencia a las cosas públicas es ser gobernados por los peores». Edmund Burke decía «todo lo que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada». Y Chesterton decía: «la imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia». En estos tiempos, no podemos «no hacer nada». Tenemos que estar activos, y tener en cuenta que Dios Nuestro Señor, nos pedirá cuentas por cada persona que haya muerto por estas leyes inicuas que nosotros no impedimos.

6. ¿Qué puedo hacer ya para detener esto?

En primer lugar, rezar y rezar «fuerte». San Juan Pablo II decía que una hora de Adoración al Santísimo hace más efecto que cualquier apostolado. Si todos los católicos del mundo nos uniéramos ante el Santísimo en oración por la vida, en pocos meses se acabaría el aborto. Y muchos otros problemas. Así que a «poner las barbas en remojo» y renovar la intención de rezar por la vida.

Luego, también, informarnos. Buscar información de los movimientos que participan activamente en la lucha por la vida e involucrarnos. La lucha por la vida no se reduce a marchas o participación ciudadana. Hay cientos de apostolados, como los que ayudan a personas que abortaron, tal como el Viñedo de Raquel, o aquellos que se dedican a la prevención del aborto, tales como Embarazo inesperado, o Grávida. En cada diócesis hay un apostolado específico, y te puedes acercar y colaborar. Si no puedes con tu tiempo, tal vez puedas con ayuda económica, o incluso con oraciones. El trabajo es mucho y las manos son pocas.

Por último, también un poco de «activismo» provida: cuando te inviten a una marcha, involúcrate, participa e invita a otros a participar. Los políticos solo tienen miedo de una cosa: perder las elecciones. Si ven que somos cientos de miles en cada marcha, van a dudar mucho en proponer legislaciones contrarias al matrimonio o a la familia.

Además no votar nunca, bajo ninguna circunstancia a un político que promueva leyes contrarias a la vida y la familia. El Papa Benedicto XVI dejó bien en claro cuáles son los principios no negociables para la política, así que deberíamos evaluar a todos los candidatos a la luz de los principios que siempre enseñó la Iglesia.

Hoy no podemos ser indiferentes ante esta tormenta de muerte y destrucción con la que nos amenazan los poderosos: o nos involucramos, o ganan ellos. Esto me hace recordar una frase que erróneamente es atribuida a Dante Alighieri: «Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral» y aunque pueda sonar aterrador y exagerado, que estas palabras nos sirvan para reflexionar y nos motiven a todos a actuar para evitar estas atrocidades.